Lista de todas las publicaciones:

1- Exposición de la Fe Cristiana

2- De la era actual, el nihilismo y Jesucristo

3- De los Nombres De Dios

4- De los Nombres De Dios. Versión resumida

5- Del símbolo y de la importancia de lo exterior.

6- Del Cuerpo Místico De Cristo

7- El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo

8- Arquetipo e imagen

9- El pecado

10- El Sufrimiento

11- La Consagración

12- La Gran Señal en el Cielo

13- Análisis del mundo moderno

14- El Principio. Génesis 1:1-5 y Juan 1:1-5.

15- Identidad, seguridades y aceptación de nosotros mismos

16- La Canción de las canciones

17- La Ley, La Gracia y El Espíritu Santo

18- El árbol de la vida

19- La Guerra Santa

20- El Amor de Dios

21- El espejo del alma

El espejo del alma

Podemos comparar el alma del hombre con un espejo. En su estado natural, ese espejo esta ennegrecido y no puede captar ni reflejar a Dios. En este estado, el pensamiento conceptual y su manera de etiquetar la realidad mediante el lenguaje, forman un falso suelo sobre el que nos apoyamos que nos impide percibir la presencia de Dios, distorsiona la realidad que advertimos a través de los sentidos y nos hace percibirnos como entes separados de todo lo demás. Dividimos la realidad en conceptos y nos identificamos con el permanente discurso mental que forma una especie de nube que impide que la presencia de Dios nos ilumine. El amor de Dios es inmutable, y su presencia aquí y ahora mas real que cualquiera de los fenómenos que percibimos a través de los sentidos, pero no podemos percibirlo. teniendo ojos no vemos y teniendo oídos no oímos. Marcos 8:18. Nuestro espejo está manchado por la caída, no puede reflejar a Dios, e incapaces de vivenciarnos como esa nada capaz de recibir y reflejar al todo, nos identificamos con la suciedad que recubre nuestro espejo.

Es el Espíritu Santo el que debe limpiar la suciedad de nuestra alma. A medida que se va efectuando la purificación vamos siendo cada vez mas capaces de percibir la presencia de Dios. Frases Verdaderas como “Dios es bueno” que antes nos sonaban a clichés vacíos adquieren una nueva dimensión porque vivenciamos experiencialmente su verdad y una profunda y serena alegría inunda nuestro interior y nos colma de paz. Nos maravillamos y alegramos profundamente de que Dios sea y por primera vez nos alegramos de existir y captamos un atisbo de la verdadera felicidad. El mundo va perdiendo su carácter hostil y amenazante y comenzamos a experimentar la realidad exterior como amiga en un comienzo de transfiguración. AL sentir el amor de Dios nos sentimos reconciliados con nosotros mismos, con todos y con todo lo demás. “Si Dios es con nosotros, quien contra nosotros?” Romanos 8:31. El simple recuerdo de que Cristo es, que antes no nos decía nada, despierta una profunda alegría y elevamos a Él nuestro corazón como un niño que se abandona en las manos de su Padre. Los mecanismos de defensa que nuestra personalidad había desarrollado ante el sufrimiento y la hostilidad se van deshaciendo, nos hacemos mas sencillos y empezamos a vivenciar el verdadero significado de la infancia espiritual. La profunda Paz de Cristo reverbera en nuestro cuerpo disolviendo los bloqueos y purificando las puertas de la percepción haciendo que la realidad se transfigure introduciéndonos en el paraíso perdido por la caída y la realidad exterior se muestra con una nueva nitidez, grandeza, hermosura y majestuosidad y la contemplamos maravillados y llenos de asombro.

Que el espíritu de Cristo reine en nuestros corazones y nos guie a la Paz profunda de su santa presencia; lo único que es.

El Amor de Dios

Hay dos tipos de amor; el amor natural y el amor espiritual.

El amor natural procede de nuestra naturaleza terrenal y, como tal, está influido por el temor, el apego y el egoísmo. Es un amor interesado que se fundamenta en la felicidad o bienestar que obtenemos de lo que se ama. Puede ser seguridad, una imagen mas atractiva de nosotros mismos fundamentada en los valores del mundo o alguna otra causa lo que lo motive. Es un amor posesivo, que implica el deseo de poseer aquello a lo que se dirige y el temor de perderlo. Cierto es que este amor natural puede adoptar formas mas puras, desinteresadas y libres de egoísmo por ejemplo en el amor de los padres a sus hijos o en el fenómeno del enamoramiento en el cual el objeto de nuestro amor se convierte en una reminiscencia de nuestra morada eterna, Dios.

El amor entre el hombre y la mujer es la imagen terrenal del amor espiritual entre Cristo Dios y el alma; y las distintas realidades que forman parte de una relación conyugal son imágenes terrenales de realidades espirituales análogas. Así, el beso es la expresión exterior de la unión de los corazones por el amor que se profesan que es imagen terrenal de la unión entre Cristo Dios y el alma en la eternidad por el amor Espiritual del Espíritu Santo del que hablaremos a continuación y los hijos son la imagen terrenal de nuestra naturaleza celestial, del Hijo de Dios que somos que estamos llamados a descubrir en la unión con Cristo y del mismo Cristo que es uno con él (ver entrada la gran señal en el cielo). Aquí se deja ver el fundamento teológico de la familia.

El amor espiritual es de otra naturaleza. Es el amor que procede del Espíritu Santo de Cristo en nosotros y que nos permite amar a Cristo Jesús nuestro Dios como Jesús en su humanidad amó a Dios, su Padre y amar al prójimo con amor divino y desinteresado que nace de Dios. Esta llama de amor, el Espíritu Santo, es lo que simbolizaba el fuego del altar que siempre debía estar encendido y que tenía que consumir los sacrificios en el antiguo pacto. Es esta llama Santa la que deberá ir creciendo en nosotros, consumiendo todo lo contrario a su naturaleza, y procurándonos la unión con Cristo nuestro Dios. Llegará el momento en que tomaremos conciencia de que este amor que sentíamos por Dios y el Dios a quien se dirigía ese amor son una misma cosa y esa llama nos habrá consumido de tal forma que seamos una sola cosa con ella. Habremos desaparecido en el amor, el ser de Dios y habremos encontrado la perla preciosa, nuestro Nuevo Nombre y nuestra verdadera identidad de Hijos de Dios de la que los hijos terrenales son imagen. A propósito de esto podemos leer un hermoso texto de Bernardino de Laredo en las notas abajo.

Este amor espiritual es un amor a nivel ontológico distinto de lo sentimental o lo emocional. Se trata del mismo ser de Dios, la Paz que reposa en si misma eternamente. Al principio del camino, el Espíritu Santo suele despertar emociones y sentimientos piadosos hacia Cristo Dios que en si son buenos porque nos ayudan a desapegarnos de lo terrenal y encaminarnos hacia Él pero esos buenos sentimientos no son el fin de la vida Cristiana. llega el momento en que Cristo nos vacía de esos sentimientos y hace que nuestra relación con el pase al plano del Ser. A propósito de esto Franz Jalics indica en uno de los útiles diálogos que nos ofrece en su libro ejercicios de contemplación: “Quieres alcanzar a Dios. El anhelo de Dios es otra cosa. Se puede sentir de vez en cuando, pero es muy quieto y distendido. Generalmente no se siente, sino que se reconoce por sus efectos. Por ejemplo, si tienes dificultades con la meditación y, pese a ello, puedes seguir practicándola, sabes que te impulsa el anhelo de Dios. El ansia de Dios no es un sentimiento, y con frecuencia debe pasar por un periodo en que no se reconoce. Es preciso que pasemos del plano en que nos apoyemos en los sentimientos al plano del ser. Esto solo puede darse si nos son quitados los sentimientos y, no obstante, seguimos actuando por la fuerza de dicho anhelo.”

Un error en el que ha caído el catolicismo moderno (con excepciones) y otros movimientos cristianos consiste en identificar lo espiritual con el plano terrenal de los sentimientos en lugar de con el plano ontológico. Así podemos ver un cristianismo que busca despertar sentimientos piadosos mediante músicas sentimentales o palabras sentidas en lugar de fomentar un clima de silencio que favorezca la oración de recogimiento confundiendo el amor a Dios Espiritual fruto del Espíritu Santo con determinados sentimientos y emociones terrenales en el alma. El amor con el que los Cristianos estamos llamados a amar a Dios y al prójimo no es el amor terreno sentimental sino el mismo Dios amando en nosotros o reflejando en nosotros, como en un espejo, el amor que el mismo nos tiene a nosotros y a nuestros prójimos. En la medida en que nos acerquemos a Él seremos capaces de amarle y de amar al prójimo pues Él es el mismo amor y alejados de Él no podemos amar con el verdadero amor al que somos llamados los Cristianos, esto es, con Dios mismo.

Notas:

Bernardino de Laredo – Subida del Monte Sion “Entiendo que el amor suyo en su Dios es como una gota de agua infundida en un desmedido mar. Item, cresciendo más este amor por la mayor desnudez de todo cuanto no es Dios y por más disposición del ánima enamorada, la dignación divina recibe este amor, que en nuestras ánimas cría y ayunta nuestro amor criado en su amor infinito, llámase amor unitivo, porque ya está unido a Dios por la divina clemencia.

Es de notar que cada vez que nombramos este nombre, amor, mostramos virtud unitiva, que hace juntamiento del que ama y del que es amado y hace uno de los dos con verdadero atamiento de gracia ; mas entended que esta unión o este atamiento, tanto es más propio y más verdadero cuanto el amor se ha acrescentado en el ánima según las cuatro diferencias que de amar quedan mostradas. Donde es de notar que el ánima que desea infundirse y transformarse en el abismo y infinito amor increado es menester ser trasmudada en amor y que este amor vaya al centro donde salió, es a saber, a su Dios; por manera que sea la ánima como una piedra preciosa tan redonda, que no tenga entrada ni salida, la cual sea puesta en un relicario no menos ancho que altísimo, como otra vez se apuntó, donde la piedra se queda en relicario, sin que se pueda hacer caso de su cantidad. La piedra es nuestro amor criado. El relicario es el amor infinito. Ahora, aquesta pedrecita no se pierde de su ser, pero, por comparación del relicario en el cual está infundida, no queda que pensar de ella, sino en sólo el relicario que la rescibió y la tiene. Y puesto que son impropias aquestas comparaciones, nos abren algo los ojos para poder entender los menos ejercitados lo que tienen entendido los que se dan a quieta contemplación.

Mas aun para declarar este infundirse el ánima en el amor, podráse sentir así como se apuntó en el amor esencial. El amor que tiene esa ánima es una gota pequeña rescebida del abismo de las aguas de nuestro infinito amor.

De manera que está la facilidad de la contemplación quieta en amar sin condición y en infundirse nuestro amor en el infinito ; quiere decir, que el amado así se pierde de sí, que no queda nada de él por la infinidad del amor en quien hace su infusión. Y por esto dice el Herp «que el espíritu en este espacio cesa de vivir a sí mismo, porque todo vive a Dios». Hase, empero, de notar que aun nos pueden algún tanto aclarar más este venirnos al amor de nuestro Dios si vemos algún ejemplo que nos muestre la manera de transformarnos en él, así como hemos tomado la manera de infundirnos. Y así, podemos decir que el amor de nuestro Dios infunde en sí nuestras ánimas como el sol en el cristal, que lo esclaresce y penetra y se muestra dentro en él ; y nos transforma en su amor, como muda el hierro en fuego. Y se muestra su grandeza sobre nuestra poquedad como un espejo muy grande ante otro espejo chequito. Y si tomáis un espejo tan pequeño que no sea mayor que un real y lo metéis en una vasija de agua y lo ponéis hacia el sol, veréis en aquella partecica del espejo encerrada y recogida toda la rueda del sol, mayor que toda la tierra. Entenderéis por aquí que el sol vivo de Justicia, que es Cristo nuestro Señor con su infinita grandeza o en su esencia divina, se recoge y se encierra en lo interior del espejo de vuestra ánima aun estando sumergido en las aguas de esta nuestra honduosa vida.”

Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará. Levítico 6:12-13

El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

La Guerra Santa

El fundamento del cristianismo es la Metanoia (conversión del corazón o arrepentimiento) mediante el Espíritu Santo de Cristo. Cualquier cristianismo que no este fundamentado en esta metanoia no es verdadero cristianismo.

A lo largo de la historia poderes políticos han adoptado el cristianismo como religión oficial uniendo el poder político al poder religioso. Tal es el caso de el emperador Constantino o mas recientemente del Franquismo en España. También se ha dado el caso contrario en el que poderes religiosos han ascendido a posiciones de poder político (Edad media, Savonarola en Florencia, Calvino en Suiza) instaurando régimenes teocráticos.

Una manifestación mas leve de la misma realidad se da cuando en régimenes democráticos partidos políticos ofrecen ventajas a la institución religiosa dominante. Estos regalos envenenados serán la causa de que la institución eclesial adopte un posicionamiento político determinado por miedo a perder esas ventajas.

En ambos casos las fronteras entre el poder político y el religioso se han difuminado y a consecuencia de esto se ha politizado el mensaje de Cristo y las personas con opiniones políticas antigubernamentales se han visto excluidas del mensaje evangélico, lo han asociado al poder gubernamental y han tenido lugar reacciones anticlericales que en las guerras y revoluciones se han desatado en forma de quema de conventos y asesinatos de hermanos religiosos.

En parte en consecuencia de esta disolución entre las fronteras del poder político y lo religioso se produjo un proceso de cristianización cultural que, si bien es inegable que esta influido por el mensaje evangélico, se queda en su aspecto mas exterior. Podríamos decir que es es una mezcla entre la manifestación a nivel sociocultural de la fe individual de los miembros de la sociedad y la manifestación a nivel sociocultural del poder politico-religioso dominante. Es lo que se denomina Cristiandad o civilizaciónes cristianas, que no es lo mismo que el verdadero Cristianismo aunque está ligada a Él historicamente.

El verdadero Cristianismo nace desde el interior y su fundamento es la conversión por el Espíritu de Cristo. Una civilización cristiana puede favorecer esta conversión individual del corazón pero no podemos identificar ambos fenómenos. Una civilización será mas o menos cristiana en función de la importancia que cobre el papel de la religión en ella y será un reflejo mas o menos fiel del verdadero cristianismo en función de si los fenómenos Cristianos en ella presentes están mas o menos conectados con la experiencia interior de conversión individual.

Cuando el poder político se une al poder religioso suele acontecer que los símbolos y las manifestaciones religiosas exteriores pierden su conexión con la experiencia interior de los fieles y en lugar de nacer desde el corazón convertido por el Espíritu de Cristo nacen desde esas estructuras de poder completamente desconectadas de Dios o del corazón no convertido de falsos cristianos. Un ejemplo donde esto se hace evidente lo encontramos en el franquismo o la legión Española, lleno de símbología religiosa pero también en cualquier reforma liturgica nacida de una estructura eclesial empoderada y alejada del Espíritu de Cristo como podemos ver en algunas celebraciones modernas o en el fenómeno moderno de infantilización de la Fe (caricaturas infantiles de Jesús..).

Sin embargo en una iglesia perseguida por los poderes gubernamentales las manifestaciónes exteriores serán mas fieles al Espíritu cristiano, pues la propia persecución efectuará una purificación en los miembros de la iglesia y no se dará esa mezcla de fuentes en discordancia. Las manifestaciones exteriores serán mas fieles reflejos del Espíritu de Cristo porque el caracter adverso de la persecución habrá purificado la iglesia de falsos cristianos y por ende del espíritu del mundo que la impregnaba y que se manifestaba en sus formas externas.

Por haber identificado el reino de Cristo con este mundo y en concreto con la cristiandad, la historia ha sido testigo de “guerras santas” en nombre de la religión y del reino de Cristo en las que se ha buscado expandir o defender la cristiandad no buscando la conversión individual del corazón de los individuos por el encuentro personal con Cristo mediante la evangelización a través de la palabra sino mediante las armas. Tal es el caso de las cruzadas. La historia también ha sido testigo de terribles régimenes totalitarios en los que se ha intentado implantar el “reino de Dios” mediante la fuerza obligando al cumplimiento de leyes externas basadas en una estricta moralidad supuestamente “cristiana” dando como resultado reinos del anticristo, que siempre busca falsear lo espiritual y verdadero reproduciendo una mala copia mundana. Un ejemplo es el régimen Calvinista en Ginebra.

El reino de Cristo no es de este mundo. La única manera de implantar el Reino de Cristo es desde el interior hacia el exterior mediante la conversión de los corazones fruto del Espíritu Santo por el encuentro personal con El Señor Jesucristo. En el corazón convertido por el Espíritu de Cristo, Cristo ha destronado al egoismo y es Rey; y ese reinado suyo en el corazón se manifiesta en el exterior en forma de obras libres que nacen de Dios. No existe niguna dicotomía entre ser libre y hacer la voluntad de Dios. El Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo comparte una misma voluntad con Dios. Esta es la verdadera libertad. El Hombre regenerado es el que ha llegado a conocerse a si mismo y a ser quien realmente es y sus obras no son sino la manifestación exterior de este ser que es uno con Cristo. Sus obras son divinas porque nacen de su verdadero ser cuya fuente es Dios.

No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Mateo 7:17-20. Para que una manifestación exterior sea cristiana debe nacer de Dios desde un corazón convertido por el Espíritu Santo. Lo demás no serán sino malos frutos nacidos de un mal árbol, ya sea una acción de un hombre al que se han impuesto una serie de leyes morales desde el exterior o las manifestaciones religiosas de una civilización que se hace llamar cristiana. Un ejemplo lo tenemos en los fariseos que se creían justos por cumplir una serie de ritos externos y codigos morales cuando el mal aún anidaba en sus corazones. Nuestro Señor les dijo “¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio.” Mateo 23:26.

La única y verdadera Guerra Santa es la que tiene lugar en el interior del corazón humano entre Cristo y los poderes de las tinieblas.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. Mateo 23:25-28

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Efesios 6:11-17

Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. Mateo 26:52

Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. Lucas 20:5

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Juan 18:36


El árbol de la vida

Como se indicó en la entrada Arquetipo e imagen, la realidad terrenal está llena de reminiscencias o imágenes de realidades espirituales de donde toman su realidad y donde se fundamentan.

Una de estas imágenes es el árbol. El árbol es imagen del reino de los cielos, de Cristo. ¿En que consiste este reino de los cielos? El reino de los cielos es Cristo. Vivir en Cristo es ser con su ser y vivir con su vida. Solo hay una vida, la suya. Solo Él es. Cuando nos unimos a Él, fuente y fundamento de todo, somos uno con todo, todo es uno y todo es Él. Esta es la muerte de la muerte, que Cristo sea todo en todo y esto es sentarnos en su Santo trono, Ser en su Ser y vivir en su vida; que nuestro ser sea el suyo y nuestra vida sea la suya.

Así vemos que el reino de los cielos, el mundo nuevo en donde todo es Cristo y Cristo es todo, es semejante a un gran árbol o a una vid donde todo está interconectado y unido. Las ramas unidas al tronco y el tronco hundido en el mas allá de todo. Así como los sarmientos de la vid son miniaturas de la vid total en una relación fractal en los que el tallo central del sarmiento es análogo al tronco, nosotros somos pequeñas manifestaciones de la vid, Cristo, y estamos contenidos en Él. El que le ve a Él ve todo. Llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo Ef 4:13 significa que la semilla, nuestra condición terrena, ha muerto, germinado y dado a luz el árbol verde, nuestra naturaleza eterna de Hijos de Dios.

Este árbol verde es una rama del gran árbol, Cristo, que unde sus raices en el Padre invisible, ilimitado, mas allá de todo Nombre y manifestación. La rama es una miniatura fractal del gran árbol, es parte del gran árbol y como tal, es el gran árbol. Unida a Él se nutre de su sabia, de su sangre, de su vida.

Pidamosle a Nuestro Señor Jesucristo que nos conceda vivir en su vida y ser en su ser.


Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4:13

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 1 corintios 12:12-14

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él. 1 corintios 12:27

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Apocalipsis 22:2


La Ley, la Gracia y el Espíritu Santo.

El hombre, desde que cayó en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismo por el pecado original, está bajo la maldición de la ley. Es imposible para el hombre cumplir la ley mediante sus fuerzas naturales y en consecuencia vive en el pecado arrastrándose por la tierra y tragando el polvo de las miserias del exilio. La ley debe ser cumplida espiritualmente; solo el Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo es capaz de cumplir la Ley y, libre de todo egoísmo, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo; mandamientos que Nuestro Señor destacó como los fundamentales indicando que todos los demás dependían de ellos.

Es por esto que Cristo indicó que el no vino a abolir la Ley y los profetas sino a darles cumplimiento. Cristo, El Hombre Nuevo, paradigma del Hombre regenerado, sin pecado, cumplía naturalmente la Ley y, por el regalo de Su Santo Espíritu, nos capacita para cumplirla a nosotros los cristianos transformando nuestra naturaleza caída, regenerándonos y haciéndonos Hombres Nuevos sin pecado a su imagen y semejanza. Entonces es Cristo mismo el que cumple la Ley en nosotros, pues entonces Él es en nosotros y nosotros somos en Él (Juan 14:20 y 17:21-23). Cristo mismo es la Ley y solo transformándonos en Él y participando de su Ser, de su Vida es posible cumplir la Ley. Este es el Paraíso, la tierra prometida y la tierra de los vivientes; Cristo.

Hasta aquí hemos visto como la manera de cumplir la Ley es haciéndonos uno con Cristo y cómo esto solo es posible mediante la obra transformativa del Espíritu Santo en nosotros y no mediante nuestros esfuerzos. Ahora bien, ¿Son necesarios nuestros esfuerzos y nuestras obras para que el Espíritu Santo pueda realizar esta obra Santa en nosotros? ¿Cual es el papel que jugamos nosotros en nuestra Salvación?

Las palabras de Cristo en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8) son claves para traer luz a esta cuestión. En este pasaje Cristo nos indica que es posible que la palabra caiga en mala tierra o que sea ahogada por los cardos y los espinos, los afanes de este mundo, y no fructifique. La tierra alude a nuestro ser en este mundo y a nuestra relación con este siglo y todo lo que conlleva. La semilla alude a la palabra de Dios: tanto a la buena nueva del evangelio, como a Cristo, Palabra de Dios, en nuestro corazón como Espíritu Santo y a la Fe (sal 126:6, Mateo 17:20) y los frutos aluden a la Vida eterna, la vida nueva en el Espíritu, la comunión con Dios a la que hacíamos referencia que es el fin de la vida Cristiana.

Es en la tierra, en su relación con las cosas transitorias de este siglo, donde el hombre puede actuar. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la Gracia. No podemos sustituir la obra transformativa del Espíritu Santo con nuestros esfuerzos pero si que es nuestra responsabilidad cuidar nuestra tierra enfocando nuestra vida en Cristo y evitando diluirnos en los asuntos de este mundo a fin de que el Espíritu Santo pueda hallar en nosotros una tierra fértil donde la semilla de la Fe pueda germinar, crecer y producir los frutos del reino. Mediante la oración, el agua y la luz de Dios necesarias caerán del cielo y la semilla de la fe se convertirá en el gran árbol del reino (Mateo 13, 31-35).

Lo que esta en nuestra mano es desenvolvernos en este mundo lo mas fielmente posible a las instrucciones de Cristo, siempre confiando en su misericordia ante nuestras inevitables caídas (MT 18:7), y buscar recibir todo lo demás en la oración. Los pies bien asentados en la tierra (buena conciencia) mirando al sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros o mejor dicho cuando aún no hemos sintonizado con el amor que Dios nos tiene, pues amar a Dios es dejarse amar por Él. Aquí el hombre se conduce intentando agradar a Dios interpretando cual será su voluntad mediante el concepto que se ha formado de Dios por la lectura de la Biblia y la educación que ha recibido pero no tiene una experiencia real ni una guía directa de Dios.

Llega un momento, cuando el sentimiento de la presencia de Dios se ha hecho fuerte en nosotros y ha pasado a ser sensible, cuando el árbol se ha hecho grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas (Lc 13:32), en que resulta mucho mas sencillo pararse a discernir y hacer las cosas siguiendo la voluntad de Dios. En estas etapas de comunión esa luz de la presencia de Dios en nosotros nos indica el camino a seguir y en caso de duda, cuando tenemos dudas sobre como debemos actuar no estando seguros de si una acción en particular va a ser o no conforme a la voluntad de Dios, es util seguir un consejo que leí en el blog elsantonombre: proyectarnos en el futuro e imaginarnos habiendo realizado la acción acerca de la cual tenemos dudas; entonces la gracia nos mostrará si ese es o no el camino que debemos tomar viéndose o no fortificado el sentimiento de amor, paz y comunión con Dios. Aquí el hombre ya no se conduce movido por su interpretación de cual será la voluntad de Dios sino que Dios mismo le guía y le mueve de manera directa.

Este estado de comunión es a lo que se refieren los orientales cuando hablan de hacer descender el intelecto al corazón, lo que, si no me equivoco, es equiparable al estado de Gracia o a caminar en el Espíritu. Antes de llegar aquí es necesario gran esfuerzo y lucha para dominarnos y hacer la voluntad de Dios, pero aquí ya contamos con una ayuda sensible del Espíritu Santo y la paz supramundana y el amor a Dios se convierten en un refugio contra los zarandeos de los deseos de la carne y un punto de apoyo que nos permite vivir haciendo la voluntad de Dios de manera natural.

El amor a Dios es la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo. En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Entonces vivimos la vida del Espíritu y de manera natural cumplimos la ley, pues en esos momentos, el Hombre Nuevo, que no puede pecar porque es Hijo de Dios nacido de Dios (1 Juan 3:9) domina en nosotros en lugar del hombre viejo carnal esclavo del pecado.

Ahora bien, los autores con experiencia en esto siempre dejan bien claro que este estado de gracia o unión del intelecto y el corazón, no es algo que se pueda obtener por los propios esfuerzos sino que es puro Don de Dios que nos será otorgado cuando El considere oportuno. Hasta entonces debemos luchar lo mejor que sepamos y podamos y esforzarnos en enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y guardarnos de los afanes de este siglo a fin de que la buena semilla se desarrolle y fructifique. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones. En estos momentos en que nuestra debilidad e impotencia se hacen patentes debemos confiar ciegamente en Cristo apoyándonos en su omnipotencia, su misericordia y su amor por nosotros perseverando hasta el fin. El que persevere hasta el fin, éste será salvo. MT 24:13.


                       

Citas:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. génesis 3:17-18

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 5:20

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. juan 5:39-40

Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. juan 9:41

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. Juan 14:20

para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.Juan 17:21-23

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). galatas 3:13

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. romanos 3:20

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. romanos 7:14

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 1 Juan 3:9

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1 corintios 3:13-15

el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:28-29


             



Enlace recomendado sobre la misma temática : EL ESPÍRITU SANTO, LEY NUEVA DEL CRISTIANO. Raniero Cantalamessa

La Canción de las canciones

Así como una onda sube y baja en igual medida hasta que cesa la vibración, a cada alegría terrena le sigue una tristeza directamente proporcional. La ausencia de lo que causaba la alegría llega, pues en esta vida todo es impermanente, y tiene lugar una pequeña muerte que nos anticipa nuestro irremediable final donde todo apego y toda cadena que nos une a este mundo serán disueltos.

Es ahí, donde ya no hay mas vibración, donde esta el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de Dios. Ahí esta el silencio que sostiene todos los ruidos; el vacío lleno que sostiene todas las ondas; la esencia que sostiene todos los fenómenos; el lugar donde no hay si-no sino solamente el gran SI, lo que Es.

Pongamos nuestra esperanza y busquemos nuestra alegría en el inmutable, busquemos alcanzar ese gran silencio de la muerte mística donde el aspirar – espirar de la respiración cesa, el péndulo se detiene, la serpiente alza el vuelo, la canción de nuestra vida se silencia y deja lugar a la canción de las canciones y ya no hay perturbaciones temporales sino solo la presencia de El Que Es; El Gran Rey Cristo Jesús; nuestro Señor y Salvador.

Identidad, seguridades y aceptación de nosotros mismos

Como una reacción al dolor y a la carencia que experimentamos al nacer en este mundo, cada uno de nosotros ha desarrollado una personalidad (etimológicamente del griego máscara) que le sirve como refugio para afrontar el día a día con todo lo que conlleva. Esta personalidad, que confundimos con nuestra verdadera identidad, esta fundamentada sobre ciertos pilares que son las cualidades en las que depositamos nuestra autoestima. Así, alguien dotado de excepcional belleza o inteligencia  fundamentará su autoestima  en esas cualidades y depositará en ellas su seguridad a la hora de relacionarse con el mundo exterior y todo lo que conlleva. Lo mismo ocurre cuando nos sobreidentificamos con un determinado rol que desempeñamos en un determinado momento de nuestra vida, ya sea una determinada profesión de la que nos sintamos orgullosos, alguna otra función que desempeñemos o algún determinado logro como por ejemplo ser campeón de algún deporte.

El problema (y la solución) radica en la fragilidad de esas columnas. Una parte fundamental en el camino de conocimiento de Dios y de nosotros mismos pasa por la demolición de estas frágiles columnas o fortalezas donde fundamentamos nuestra seguridad. La providencia divina nos regalará las vivencias necesarias para que se evidencie esta fragilidad. Estos son momentos de gran dolor y amargura que se viven como una autentica muerte ya que, realmente, aquella falsa identidad con la que nos identificábamos muere. Podemos encontrar un ejemplo común en mujeres hermosas que, como consecuencia de una sociedad donde en gran parte se ha valorado a las mujeres por su belleza, han depositado en su hermosura su seguridad y se han sobreidentificado con ella. Estas mujeres sufrirán una mala vejez y sentirán como una muerte la natural pérdida de la belleza que acompaña el envejecimiento; sufrirán lo que se llama un crisis de identidad. Muchas de ellas recurren a la cirugía estética para intentar remediar lo inevitable. Todos nosotros tenemos esas columnas, esas ciudades amuralladas. Podemos reconocerlas por la exagerada reacción de ira, amargura, tristeza que surge en nosotros cuando algún evento hace que se tambaleen. Así, alguien que haya fundamentado su autoestima sobre su inteligencia, sentirá terror a hacer el ridículo quedando como un tonto, un campeón de tenis que se haya sobreidentificado con ese logro vivirá como una muerte el momento en el que empiece a perder partidos y no podrá tener paz consigo mismo a menos que gane o el matón del instituto vivirá momentos tristes y amargos cuando el niño nuevo le de una paliza. Muchos de los autoreproches nacen de nuestra incapacidad de proteger esas frágiles columnas de las embestidas de la vida, nuestra incapacidad de proteger nuestra frágil identidad de su inevitable muerte.

Cuando el hombre experimenta el amor de Dios es cuando puede aceptarse plenamente a si mismo. Entonces se siente amado, deseado, protegido y en Paz con toda la creación. La anterior hostilidad del mundo exterior desaparece y el hombre transfiere los cimientos de su seguridad y de su identidad desde aquellas frágiles columnas al eterno y estable amor de Dios. El descanso y la paz que experimenta no se puede describir. Ya no tiene que mantener aquel agotador esfuerzo por proteger la imagen de si mismo que le permitía desenvolverse y relacionarse consigo mismo y con el exterior. Lo que es o lo que deja de ser ya no le preocupa; es amado por Dios y eso basta. Ha vislumbrado su verdadera naturaleza de Hijo de Dios y ha encontrado su verdadera identidad, su verdadero Nombre, en el Amor De Dios.

Este momento es el FIAT LUX que separa el día de la noche y a partir de aquí se iniciará una lucha entre la luz y las tinieblas en la tierra de nuestro ser. Las viejas tendencias del hombre aún no han sido purificadas y el deseo de ser por nosotros mismos al margen de Dios, nos impulsa a robarle lo que gratuitamente nos estaba regalando, edificarnos unas nuevas y frágiles columnas como las anteriores y, reproduciendo el pecado de Lucifer, pudrirnos con el recuerdo del ser que recibíamos de Dios en la oscuridad de nuestro orgullo. Nos volvemos a crear otra falsa identidad sobre las columnas del recuerdo de lo que gratuitamente recibíamos de Dios y nos alejamos de ÉL. El sentido de las noches oscuras y purificaciones es librarnos de esas tendencias, destruir esas columnas y humillar nuestro orgullo a fin de que reconozcamos que todo lo que somos es un puro Don de Dios y no busquemos nuestra seguridad en lo que nosotros somos sino en Dios.

En estas etapas en las que el hombre se siente abandonado e incluso rechazado por Dios también surgirán autoreproches y escrúpulos que mas nacerán de aquella incapacidad para mantener nuestra nueva falsa identidad que del verdadero arrepentimiento.

Al final del camino, ya libres de egoísmo, de pecado y de culpa, muerto el hombre viejo y purificados de sus tendencias, devolveremos a Dios toda la gloria, todo el ser, nuestro Nombre verdadero, nuestra verdadera identidad que recibimos de Él.

   

El que habla de si mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. Juan 7:18

Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. Lc 14:11

   
   

Entrada relacionada: El pecado.

El Principio. Génesis 1:1-5 y Juan 1:1-5.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. Génesis 1:1-5

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprehendieron. Juan 1:1-5

   

Podemos interpretar las palabras del Génesis de dos maneras distintas. Una es interpretando que se refieren a la creación del mundo o macrocosmos. La otra es interpretando que se refieren a la creación del hombre o microcosmos. La relación directa entre macro y microcosmos; entre el hombre y el universo, nos permite aceptar como válidas ambas interpretaciones, pues la una no es sino el reflejo exterior de la otra, siendo ambas la manifestación en distintos planos de una misma realidad. Así, la historia y los acontecimientos que atravesará la creación exterior son la manifestación exterior de la historia y los acontecimientos que han de atravesar las almas hasta dar a luz a Cristo y, análogamente, la Nueva Creación como expusimos en la entrada “la gran señal en el cielo”. Así, el fuego que habrá de abrasar la vieja creación que menciona San Pedro en 2 Pedro 3:7 y 3:10 es la manifestación exterior del fuego que ha de abrasar nuestra vieja naturaleza que no es otro sino el Espíritu de Dios, que es fuego consumidor para nuestra vieja naturaleza bajo la maldición de la ley pero luz, agua y Paz para el Hombre Nuevo creado a imagen del Señor. La relación directa entre el hombre y el universo es la causa de que nuestras obras y nuestro estado interior repercutan sobre todo el universo. Así, quien pronuncia el nombre de Jesucristo en su interior de alguna manera lo pronuncia sobre toda la creación y quien se acerca a Jesucristo y se une con Él acerca y une a Jesucristo a todos y a todo lo demás y, volviendo a reinar sobre ella, devuelve la creación al reposo del Sabbath.

Estas distintas formas de interpretación, interior y exterior, son aplicables no solo a este relato del Génesis sino a todas las escrituras, siendo la interpretación interior la que a lo largo de la historia se ha calificado como “El sentido espiritual de la escritura”. Así, las distintas historias que se narran en la Biblia, mas allá de la realidad histórica que puedan describir tienen un sentido alegórico que apunta a realidades interiores de las que todas las almas participan y cuyo mensaje, por lo tanto, nos incumbe directamente en nuestra travesía hacia la tierra de los vivientes. Así, por poner un ejemplo, desde los orígenes del Cristianismo, numerosos místicos han identificado los pueblos enemigos de Israel como la personificación alegórica de las distintas tendencias humanas que nos alejan de Dios y por tanto de la felicidad. En mi opinión, estos relatos son de una naturaleza paradigmática y su realidad histórica obedece, no solo a los acontecimientos históricos narrados en ellas sino también a toda manifestación en el plano físico de las realidades interiores de las que toda alma participa a las que hacen referencia estos relatos.

Volviendo a los textos que pretendemos comentar, en primer lugar llama la atención su paralelismo. Ambos relatos comienzan con “En el principio”, que es la traducción de la palabra hebrea Bereshit. Los manuscritos arameos del evangelio de Juan también comienzan con esa palabra Bereshit que en griego se traduce como Arché. De esta manera, parece que lo que el apóstol Juan nos quiere comunicar es que este principio en el que Dios creó los cielos y la tierra es el Verbo de Dios, que era con Dios y que era Dios. En colosenses 1:15-18 San Pablo describe también como todo fue creado en Él y en 1:18 lo llama explicitamente “Principio”. También en Apocalipsis vemos como nuestro Señor se autodenomina “principio de la creación de Dios” Apocalipsis 3:14 y Alfa y Omega, principio y fin. Este verbo de Dios, es la manifestación de Dios, la imagen de Dios 2 cor 4:4. Dios, silencio incognoscible e ilimitado, se pronuncia a si mismo en su Verbo haciéndose cognoscible. Es en este Verbo de Dios, primera determinación del Dios indeterminado, Ser puro, luz, verdad y vida en quien todo se sustenta colosenses 1:17 hebreos 1:2 y “donde” fue creado todo lo demás colosenses 1:16. Así pues, es en su Verbo donde nosotros somos y donde fueron creados y se sustentan nuestro cielo y nuestra tierra. 

El cielo es el espíritu, la parte mas sutil del Hombre que está en contacto con Dios y la tierra alude a la materia y a los instintos mas animales y primitivos que hay en nosotros. Así la serpiente fue condenada a arrastrarse sobre la tierra tras tentar a Eva, esto es, a no tener ninguna comunión con Dios y nosotros nos arrastramos con ella llevando su imagen y tragando el polvo de las miserias del exilio hasta que, por EL Espíritu de Cristo, nuestra tierra se sujeta a nuestro cielo, nuestra carne a nuestro Espíritu y se nos concede lo que pedimos en el Padre Nuestro: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo y, ya en comunión con Dios, gozamos de la verdadera vida comiendo el verdadero pan de cada dia, la carne de nuestro Señor Jesucristo, el maná escondido Ap 2:17 que da vida al mundo. Hasta entonces estamos en tinieblas y dormimos en la noche de la muerte. Vagamos errabundos por nuestra tierra desordenada y vacía hasta que Cristo, verdadero Sol, amanece despertándonos y se hace de día. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para que seamos iluminados con el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Cor 4:6

Mas adelante, en Génesis 1:26 se describe la creación del hombre. Esto parece anular la posibilidad de interpretar los versículos anteriores como aludiendo a la creación del hombre como hemos hecho. Sin embargo, debemos observar que El Hombre fue creado en el día sexto, el último de las criaturas, a imagen de Dios como corona y colofón de todas ellas, para regir y señorear sobre todo lo demás. Todo lo creado anteriormente, cielo, tierra, animales, plantas alude a realidades que forman parte de la naturaleza del Hombre, pues para regir sobre ellas tienen que formar parte de el. El Hombre es la perfecta síntesis de todo ello, el cúlmen y corona de la creación. Solo en el día sexto, cuando se dice que Dios creó al Hombre a su imagen, se da el título de Hombre a lo creado. Es en el Hombre donde la creación alcanza su reposo, el Sabbath. Tras el pecado original, hemos perdido la imagen de Dios y no somos dignos del título Hombre; hemos dejado de regir sobre todo lo demás y la tierra no tiene Rey; la discordia, nuestra discordia, reina en ella. En Jesucristo, El Hijo Del Hombre, nuestra naturaleza es elevada y restaurada de nuevo y, justificados por la Gracia, volvemos a ser Hombres verdaderos a imagen de Dios y a reinar con Cristo sobre el todo devolviendo la creación al perfecto reposo Sabbático.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. Génesis 1:1-5

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprehendieron. Juan 1:1-5

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.2 Cor 4:6

Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso. Deut 4:24Porque nuestro Dios es fuego consumidor. Hebreos 12:29

15 El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo  que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; Colosenses 1:15-18

1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, Hebreos 1:1-3




Análisis del mundo moderno

Todas las civilizaciones precedentes han tenido un medio de relacionarse con el mas allá de la muerte. La realidad de la muerte ha estado presente en su cultura y han adoptado diferentes ritos o ceremonias que eran la manifestación exterior, a nivel social, de la dimensión espiritual en la concepción de la vida de sus habitantes y de su relación personal con el mas allá.

El hombre moderno, librado al ídolo de la razón y entregado a una concepción de la realidad materialista en la que solo es aceptado lo que puede ser constatado empíricamente, vive bajo el peso del sinsentido existencial en un mundo regido por el caos donde cualquier desgracia le puede suceder en cualquier momento y se ve avocado a llevar una vida que se convierte en una constante huida de la realidad de la muerte y de su angustia vital consecuencia de su interpretación materialista de la realidad. Una concepción de la realidad tal, en la que todo se termina con la muerte, es la causa directa del sistema de valores que prima en la sociedad capitalista y de la falsa interpretación de la realidad en la que se equipara la felicidad con el placer y con una vida tibia, fácil, con el menor sufrimiento posible en la que prime la sobresatisfacción de las necesidades naturales pero carente de un objetivo y un sentido profundo en contraposición a una vida sacrificada a una causa superior en la que el sufrimiento adquiere un sentido y se acepta y ofrece a la causa en cuestión. Esta es la gran desgracia del hombre moderno: No encontrar una causa a la que entregar su vida. “El hombre es capaz de soportar todo el dolor y el sufrimiento pero lo que no puede soportar es una vida carente de sentido”. Pienso que esta ausencia de una causa a la que entregar la vida, que dote a la vida de sentido, es la principal causa de la epidemia de suicidios que asola los países mas desarrollados. 

Paralelamente, la angustia existencial, el profundo vértigo que mora en el centro del corazón humano consecuencia de esta interpretación materialista de la realidad que deja al hombre sin ningún apoyo ni referencia, sin arriba y sin abajo, sin bien y sin mal, cayendo siempre hacia todos lados, a merced del caos, la desgracia y la muerte, impele al hombre a vivir en una huida constante, volcado hacia el exterior, huyendo constantemente de si mismo y del horror que lo acompaña. Acuciado por el capitalismo y el consumismo que este promueve, el hombre vive en una especie de letargo, anestesiado por las comodidades que el sistema le ofrece, siempre buscando su felicidad y realización en lo exterior. Esta huida de nosotros mismos y este tedio existencial consecuencia de la ausencia de un sentido profundo es causa directa del desenfrenado desarrollo tecnológico en nuestra civilización, apoyada y sustentada en lo superfluo. Buscando nuestra realización y saciar nuestro anhelo eterno en lo exterior, la humanidad sigue a la tecnología ciegamente como a un Dios sin saber hacia donde le lleva ni para qué. Recoge las migajas que va dejando caer de sus manos, las traga y, tan hambrienta como antes, sigue en pos de su rastro en busca de nuevas experiencias, nuevas necesidades, nuevas formas de alienarse y de huir de su angustiosa condición. La actual crisis ecológica, es en realidad la manifestación en el plano material de la crisis espiritual que vive el mundo moderno. Toda la contaminación, la basura, la muerte y la devastación no son sino la manifestación de nuestro estado interior en el plano material. Le es preciso al Hombre cambiar el enfoque; afrontar la realidad de su condición y enfocar su vida en la búsqueda sincera de la respuesta a las preguntas esenciales: ¿quien soy?, ¿por que estoy aquí?, ¿para qué estoy aquí?, ¿cual es el sentido de la vida?; cambiar el enfoque y buscar su realización en lo interior y no en lo exterior. Le es preciso al hombre encontrarse a si mismo en Dios para destruir el imperio de satanás cuyos cimientos son la ignorancia de Dios.

¿Que ha llevado a la humanidad a perder la dimensión espiritual en su interpretación de la realidad? La iglesia católica, como portadora del mensaje de Cristo y religión mayoritaria en occidente, ha asumido la misión de guiar a la humanidad hacia la divinidad y dotar a la humanidad de los instrumentos necesarios para relacionarse con el mas allá de la muerte, por todo ello, ha de tener una responsabilidad especial en el asunto en cuestión. Por todos son conocidos los abusos que hombres codiciosos han perpetrado aprovechando su posición privilegiada en puestos de mando de nuestra amada Iglesia y, a primera vista, podría señalarse esta como una posible causa de la incredulidad imperante, sin embargo, pienso que el pueblo medio era mas religioso en épocas pasadas en las que la corrupción del clero era mayor o al menos mas evidente y, a pesar de la corrupción eclesial, verdaderas manifestaciones espirituales de Cristianismo florecían por doquier. Quizás las difíciles condiciones de aquellos tiempos, en los que la esperanza de vida era muy baja, tenían el efecto de hacer mas presente a la muerte y la realidad de la transitoriedad de la vida estimulando a la gente a buscar el auxilio de la divinidad y a poner su esperanza en la eternidad.. En lugar de todo ello, pienso que ha tenido mas responsabilidad la malinterpretación del mensaje cristiano: Fomentando exageradamente la dimensión moral de su mensaje, dibujando un Dios lejano y riguroso al que era preciso aplacar mediante una virtud nacida de nosotros mismos que solo puede llevar al orgullo, valorando una falsa pureza sobre la misericordia y la bondad, convirtiendo la vida espiritual que Cristo nos ha regalado con el don de Su Santo Espíritu en el mero cumplimiento de una serie de preceptos y leyes externas y convirtiéndolo en una pesada carga, la humanidad, incapaz de trascender la letra para alcanzar el Espíritu, lo exterior para alcanzar lo interior, El símbolo y el rito para alcanzar la realidad interior que simboliza, ha concebido un Dios que nos quita la libertad y, en busca de esta libertad, ha decidido matar a Dios y prescindir de Él. Es el momento de la noche oscura. Es el momento de que la humanidad compruebe que la libertad no tiene nada que ver con el libre albedrío, ni con obedecer a nuestras apetencias, ni con satisfacer todos nuestros deseos; Es el momento de que la humanidad compruebe que solo Dios puede colmar nuestro anhelo eterno; Es el momento de que la humanidad compruebe que Dios es nuestra libertad. Miro esta oscura etapa con optimismo. Así como Dios permite crisis de Fe y noches oscuras en la vida de los Cristianos para purificarlos, pienso que esta noche oscura a nivel global es una etapa necesaria para destruir todos los falsos conceptos que nos habíamos formado alrededor del concepto “Dios” y redescubrir a Dios en el verdadero amanecer.

La iglesia católica, consciente de la perdida de adeptos y acuciada por la amenaza del crecimiento de las comunidades evangélicas, ha adoptado la estrategia de enfatizar el aspecto moral y social del Cristianismo en detrimento del aspecto Espiritual, que constituye el verdadero núcleo del mensaje Cristiano, y, en lugar de fomentar los tesoros de mística y espiritualidad que la Iglesia católica alberga, ha optado por fomentar la secularización de sus formas con el objetivo de hacerse mas comprensible y cercana a la gente de a pie. Estoy en contra de la rigidez litúrgica y pienso que una verdad espiritual puede traducirse en muchas manifestaciones distintas, el problema viene cuando la liturgia deja de ser la traducción de una verdad espiritual y pasa a ser una mera manifestación terrena que no apunta a ninguna realidad interior desalándose la sal y perdiendo su función de acercar al hombre a esas realidades interiores que deberán experimentarse vivencialmente (ver entrada Del símbolo y la importancia de lo exterior). Se fomenta el uso de música moderna y se acompañan los tiempos de adoración con músicas con letras sentimentaloides que rompen el silencio; he visto frailes pisoteando la dignidad de su vocación bailoteando coreografías ridículas; se promueven dibujos de Cristo como un apuesto jovencito sonriente que atentan contra la hondura insondable, la solemnidad y el misterio que destilan sus Santas Palabras y la iglesia habla de todo y se olvida de la que debería de ser su única misión: acercar a las almas a Cristo. En definitiva, se sigue la errada estrategia de captar a las gentes mediante cebos de carne poniendo un velo terrenal sobre la iglesia cuya llamada es ser casa de oración y alternativa a lo terrenal y, cerrando así la única alternativa a lo terrenal, se le ofrece una imagen de Cristo y de su Iglesia al mundo completamente carnal y completamente alejada de los frutos del Espíritu. La iglesia debe reflejar el contacto con lo divino, todo lo terrenal debe callar en ella afín de que lo divino se manifieste. debe ser casa de oración y no guarida de manifestaciones mundanas. Además se vende toda esa parafernalia como si fuera espiritual confundiendo los frutos del espíritu con los frutos de la carne llamando al bien mal y al mal bien, a lo dulce amargo y a lo amargo dulce, arriba con abajo y abajo con arriba y poniendo un velo carnal y oscureciendo la luz del espíritu con luces de carne, se impide la manifestación de lo divino en la iglesia impidiendo que la gente, que tanto necesita a Dios, vea en ella una alternativa y una esperanza a la vanidad de este mundo.

Occidente necesita desesperadamente recuperar una dimensión espiritual en su concepción de la vida y la iglesia, portadora del mensaje de Jesucristo, que es la plena revelación de Dios y la respuesta de Dios a todas las necesidades existenciales de la humanidad, con grandes tesoros de Mística y Espiritualidad en sus arcas, cuenta con los medios para cumplir su misión y, con la mirada fijada en el cielo, dar a conocer a Jesucristo y llevar a las gentes a una relación personal con Él y servir de apoyo y ayuda en el camino de unión de las almas con Dios. En lugar de ello, posando su mirada en las cosas de la tierra, olvidando la que debería ser su única misión, se contenta con dar un mensaje social y moral que jamás podrá satisfacer los anhelos de eternidad del alma humana. Debemos dar media vuelta y fomentar la dimensión espiritual y mística del cristianismo y no su secularización. Cristo vino para Deificar la naturaleza Humana y llevarnos a la unión con Dios, no a crear una ONG ni a decirnos que tenemos que ser buenos en una dimensión moral. El Cristiano no es bueno, Dios mismo es la bondad del Cristiano. El Cristiano está llamado a desaparecer y encontrarse en la inmensurable bondad, la luz, el ser de Dios.

Entrada Relacionada: De la era actual, el nihilismo y Jesucristo.

La Gran Señal en el Cielo

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Apocalipsis 12:1 y Apocalipsis 12:5

Los dolores de parto y la semilla en la tierra son imágenes que ilustran nuestra condición terrenal (Juan 12:24, Juan 16:20-22). Esta condición terrenal es identificable con el anhelo de los bienes del cielo: la oscuridad que anhela la luz, la sed que anhela la saciedad, los dolores de parto. Este anhelo de los bienes eternos implica la ausencia de estos y es el “recipiente” necesario para que estos se manifiesten y lleguen a ser. Este anhelo: sufrimiento, sed, oscuridad es el necesario “NO” donde se ha de manifestar el “SI”: los frutos eternos, estables, en reposo Sabbatico: El Hijo, Cristo; Esta condición terrena es la necesaria matriz donde se ha de gestar y que ha de fijar y dar a luz los frutos eternos de la resurrección.

El actual estado de carencia de la creación es el reflejo del estado de carencia del hombre fruto de la ignorancia de Dios en su corazón. Esta es la labor del Hombre: subir la tierra al cielo y bajar el cielo a la tierra; dar a luz a Cristo para que, de manera análoga, la creación de a luz las maravillas de la resurrección (Ap 12:1, Ap 12:5, Juan 16:21, Ga 4:19, Ef 4:13). Esta Gran Obra es análoga a la gestación y nacimiento del Hombre Nuevo, de Cristo, que es del Cielo en el Hombre Viejo Adán, que es de la tierra. Así como la semilla muere en la tierra y da a luz a la planta, que ya no esta enterrada sino que surge de la tierra y da fruto, le es preciso al Hombre terreno renacer del agua y del espíritu, dar a luz al Hombre Nuevo del Cielo, dar a luz al Hijo, dar a luz a Cristo. Entonces la creación dejará de ser imagen de nuestra carencia espiritual y será el mismo Cristo. y Dios será todo en todo. 1 Cor 15:28. El gran anhelo de la creación es dar a Luz a Cristo.

El fundamento de está nuestra obra no es otro sino La Piedra Angular; Nuestro Señor Jesucristo. Era necesario que Dios se encarnase, muriese y resucitase para abrir el camino de la resurrección y nacer en el corazón de los Cristianos. Es solo por Jesucristo nacido de la Virgen María que la creación terrena, de manera análoga, da a luz el cielo nuevo y la tierra nueva. Es solo por Jesucristo nacido de la Virgen María que Adán, el hombre viejo, de la tierra, da a luz a Cristo, el Hombre Nuevo del Cielo.

La gran señal en el Cielo, en Apocalipsis 12:1-5 nos muestra esta realidad: La mujer es María, que dio a luz a Cristo; la Iglesia de Cristo que ha de dar a luz a Cristo y la vieja creación que ha de dar a luz a Cristo. El Hijo es el preciado fruto eterno, el Hombre Nuevo y la Nueva Creación; Cristo. 1 Cor 15:28, 1 cor 15:47.

Es nuestro anhelo profundo dar a luz a Cristo, al Hombre Nuevo que es Uno con el Señor y es El Señor (ver entrada Del cuerpo Místico de Cristo); conocer nuestro Nombre verdadero, el Nombre de Dios que Dios nos ha concedido ser y manifestar. Este anhelo profundo, que implica la carencia de lo que se anhela, ausencia de Ser, ausencia de Dios, infinita sed espiritual, se refleja en el plano material en la necesidad de alimentarnos y en la imperante insatisfacción a todos los niveles. Este nuestro anhelo profundo es análogamente el anhelo de toda la creación. Es nuestra misión dar a luz a Cristo, despojarnos del hombre viejo y transformarnos en Cristo; solo entonces lo viejo dará a luz a lo nuevo; solo entonces nuestra plenitud se reflejará en lo exterior y la creación dejará de ser imagen de la ignorancia, oscuridad y carencia, y será imagen de la plenitud y el reposo: Porque la tierra será llena de conocimiento de la gloria de YHWH, como las aguas cubren la mar. Habacuc 2:14. Entonces serán el Cielo Nuevo y la Tierra Nueva y Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Ap 21:4.

Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Romanos 8:19-23

Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento. Apocalipsis 12:1

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Apocalipsis 12:5

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. Juan 16:20-21

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24

Decía además: Así es el reino de Dios, como cuando un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga; y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado. Marcos 4:26-29

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros Galatas 4:19

Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; Efesios 4:13

Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano; pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial. Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. 1 Corintios 15:35-57