La Consagración

Nada de lo que tenemos es nuestro, es de Dios y debemos administrarlo según su voluntad. y no solo las riquezas materiales, también el tiempo, nuestra voz, nuestras manos… Eso es consagrarse a Dios. Cada una de esas áreas (el tiempo, nuestras palabras, nuestras obras, nuestras posesiones y en definitiva todo lo que somos y todo lo que tenemos) son campos de batalla de donde debemos echar al mal (a nuestro falso yo, al hombre viejo, al pecado) para que Dios tome posesión de ello porque es suyo. No nos pertenecemos. Somos de Dios, y todo lo que tenemos también es de Dios. Todas estas áreas son ciudades en donde tenemos que vencer, como David, a los enemigos de Israel y no dejar a ninguno con vida sino matar a sus reyes o cabezas o nos serán por tormento y molestia en el futuro.

La manera de llevar esto a la práctica es utilizarlo todo como Dios quiere que lo utilicemos. Administrar todo lo que tenemos y todo lo que somos como Dios quiere que lo hagamos. Decir lo que Dios quiere que digamos, utilizar las posesiones materiales como Dios quiere que las utilicemos; hacer en todo lo que Dios quiere que hagamos y no hacer lo que no quiere que hagamos… Esta es la manera de cumplir el mandamiento de Cristo “quien no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo”. No se trata de venderlo todo e irnos a un monte o al desierto (a no ser que ese sea nuestro llamado particular) sino de no poseer nada de lo que tenemos ni de lo que somos sino administrarlo para Dios porque somos y es de Dios. No nos pertenecemos. 1Cor 6:19

Esto es consagrarse a Diosy negarse a uno mismo, ofrecerse con Cristo en holocausto en el altar,  y es necesario para llegar a la unión mística que según los místicos se efectúa en el plano de la voluntad cuando hemos aniquilado la voluntad mala, carnal, demoniaca, serpentesca, del viejo y falso Yo (que es lo que nos separa de Dios); cuando hemos destruido toda autoposesión y le hemos entregado a Dios lo que es suyo (todo lo que somos y todo lo que tenemos; todo.). Cuando le hayamos entregado todo a Dios, Dios reinará sobre todo en nosotros y nos lo habrá entregado todo porque al ser poseídos por Dios “poseeremos” a Dios y con Él a todo lo demás. Entonces, habremos derrotado al anticristo en nosotros (aquel que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios) y, compartiendo una misma voluntad con Él, reinaremos con Cristo sobre el todo (nos sentaremos en el trono con Él (ap 3:21)) y tendremos la paz de Salomón.

Para nosotros esto es imposible MT 19:26; nosotros, dejados a nuestras fuerzas, somos como alguien con las manos y todo el cuerpo completamente sucios intentando limpiarse a si mismo o como alguien intentando crecer tirando de sus propios cabellos.. Necesitamos algo exterior a nosotros que nos limpie. Es el Espíritu Santo el que debe hacer esta buena obra en nosotros. Ahora bien, nosotros debemos trabajar nuestra tierra y enfocar nuestra vida completamente en Cristo velando en oración y no permitir que los espinos ahoguen la buena semilla diluyendonos en el mundo. Lucas 8:14.

Pidamos a Nuestro Señor Jesucristo que nos ayude a consagrarle todo lo que tenemos y todo lo que somos. Que ninguna posesión material ni lazo carnal nos impida hacer su voluntad sino que le consagremos perfectamente todo nuestro ser y, con el, todo lo que tenemos que no es nuestro, sino suyo.

 

Un comentario sobre “La Consagración

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s