Sed de Dios



Hay una sed profunda que todos tenemos pero que como siempre nos ha acompañado pasa desapercibida y no somos conscientes de ella. Cuando El Señor Jesucristo nos da de beber el agua de su Espíritu Santo vemos que siempre habíamos estado tan profundamente sedientos en lo mas hondo de nuestro ser y que sin El es imposible ser verdaderamente felices y plenos.

Esta sed es la que experimento nuestro Señor en la cruz: «Tengo sed.» Juan 19:28. La vida, la justicia y el agua saciante se hizo muerte, pecado y sed para saciarnos.

Todos tenemos esa sed profunda desde que nacemos. La sed física de agua material es la manifestación en el plano material de esta sed espiritual. Esta sed es muy profunda y muy aguda pero como siempre ha estado con nosotros no podemos identificarla y pasa desapercibida. Como nunca jamás hemos conocido la saciedad, no podemos identificar esta sed a pesar de que siempre nos acompaña. Cuando recibimos tan solo una gota de la presencia de Cristo entonces identificamos esta sed porque sentimos que su presencia nos ha saciado y entonces tomamos mas y mas conciencia de esa sed que siempre nos había acompañado y nos dirigimos hacia Cristo con la fuerza de esa sed para saciarnos de la fuente de aguas de vida. Entonces es cuando entendemos que solo Él puede saciar esa sed y que solo en Él podemos ser realmente felices.

Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. Juan 7:37

Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. Juan 4:10

Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente. Apocalipsis 22:17


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