Etapas en el sentimiento espiritual


– La oración es distraída. No sintonizamos con la presencia del Señor. Es imposible centrar la atención en la presencia del Señor. Oramos desde la mente y los pensamientos nos distraen continuamente. No hay apenas conciencia de la presencia del Señor y aunque le hablemos apenas nos sentimos escuchados por El, pareciera que le estamos hablando al aire.

– Sintonizamos con la presencia del Señor. Nuestra atención queda sujeta sin esfuerzo, nos sentimos escuchados y eso nos permite hablar desde el corazón y no desde la mente produciéndose una descarga emocional con El Señor. Ya no sentimos que le estamos hablando al viento sino que, aunque no podemos percibir de manera clara la presencia del Señor, la conciencia de su presencia esta avivada; sentimos que está ahí y que nos está escuchando. Los pensamientos dejan de arrastrarnos sino que nuestra atención permanece fija en El Señor. Hemos sintonizado con la presencia si bien aun no la percibimos de manera clara y aun no se han despertado sentimientos hacia El Señor o son muy tenues. La oración comienza a ser agradable y no aburrida y se comienza a coger gusto por ella.

– Además de sintonizar con la presencia sentimientos de agradecimiento al Señor por existir comienzan a aparecer. Se incrementa la percepción y la conciencia de la presencia de Dios. Aparecen cada vez mas silencios plenos de comunión en el tiempo de oración.

– Nuestro corazón se dulcifica y llena de calidez. Reaparece el calor de vida característico de la niñez. Sentimientos de agradecimiento mas intensos, comienza la adoración en Espíritu, fuerte determinación de vivir en consagración al Señor y se comienza a vivir en la presencia incluso fuera de los tiempos exclusivos de oración caminando en oración a lo largo de toda la jornada. Nos volvemos mas sensibles, la dureza de corazón se disuelve y el corazón se torna notablemente mas misericordioso. Una serena alegría nos acompaña siempre.

– A partir de aquí la oración de Jesús toma la primacía en la práctica espiritual. Mediante la oración de Jesús: El calor de vida se intensifica. La permanencia en la presencia en silencio mental nos permite desidentificarnos de los pensamientos. Se da una mayor facilidad para entrar en la presencia. capacidad de permanecer en el presente, se accede al lugar del corazón y el cuerpo se unifica desde ahí. Desde el corazón se irriga todo el cuerpo con la Gracia. Aflojándose todas las tensiones y vibrando en la suave reverberación de la Gracia, el cuerpo se percibe placenteramente y podemos permanecer quietos en el presente sin ninguna inquietud de cuerpo o mente. Dones del Espíritu comienzan a aparecer. La realidad comienza a transfigurarse puntualmente quedándonos admirados de su belleza en momentos puntuales aunque no como en la etapa siguiente.

– Somos conducidos a la Paz profunda de Cristo. Océano de Paz. La realidad se transfigura tornándose majestuosa, admirable, hermosa. La percepción en la dimensión de las cosas cambia; miraremos maravillados y llenos de asombro la grandiosidad de los edificios o de las nubes. Todo se percibe con una nueva nitidez, las texturas, los colores.. parecido al efecto de determinados alucinógenos pero en un contexto de paz profundísima. La energía santa de la Gracia recorre nuestro cuerpo desde la base de la columna hasta la coronilla, arriba y abajo, espiritualizándolo, abriendo las puertas de la percepción y llenándolo cada vez mas de poder. Llega a percibirse la materia como algo eléctrico. Todo el cuerpo refulge en luz, la Gracia y su energía santa recorre todo el cuerpo ya unificado dirigiéndose allá donde llevamos la atención llenándolo de una poderosísima energía. El cuerpo apenas necesita dormir o comer y permanece limpio y en perfecta salud; cada glándula funciona a la perfección. Llueve sobre nosotros abundantemente. El agua viva nos conduce al océano de Paz y se nos concede participar de la gran dignidad de Cristo. El hombre se cristifica, se llena de poder Real. El hombre aquí se siente a sí mismo como un rey antiguo lleno de nobleza y dignidad Real pero consciente de que es la dignidad de Cristo de la cual se le permite participar. El hombre se ha transformado en otro Cristo y camina en la tierra como Cristo anduvo.

Estas etapas son orientativas. Cada persona es única y los dones de Dios infinitos habiendo multitud de caminos. Solo Dios nos permite pasar adelante en la oración cuando el lo estima oportuno en su sabiduría. Es un puro don que no esta en nuestra mano obtener.





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