El camino

Jesús es la puerta, Él es el secreto de la vida. Quien lo ha conocido siente que ha estado perdido dando vueltas toda la vida y que de repente ha encontrado el camino. Ya sabe hacia donde tiene que ir; puede parar, dormirse, incluso extraviarse e ir hacia otra parte pero ya sabe hacia donde tiene que ir. Él es el camino.

Todo vértigo, ansiedad y angustia se disuelve porque Él es la piedra angular, la referencia de todo, el punto de apoyo que fundamenta el arriba y el abajo. Antes todo caía hacia todos lados, ahora todo se apoya en Él.


Extraido de una conversación con Mario de El Santo Nombre

Jesús, el paradigma.

Jesús es el paradigma de los cristianos. Él es lo que estamos llamados a ser. Estamos llamados a engendrarle en cuanto a Logos y también a reproducir su humanidad en cuanto a humano.

Él es el Hombre Nuevo. El primer vigilante. El primer resucitado que con su muerte y resurrección nos abrió el camino a todos los demás. El primogénito de los muertos: Apocalipsis 1:5 y colosenses 1:18.

La transformación que el Espíritu Santo opera en el cristiano, le llevará a experimentar y encarnar los sentimientos y las actitudes de Jesús en su humanidad. La profundidad, la misericordia, la gran dignidad, el amor de Dios y el celo por Dios de Jesús se encarnarán también en el cristiano por el Espíritu Santo que nos ha regalado; la relación que Jesús tenía con el Padre celestial es la que los Cristianos estamos llamados a tener con Jesucristo Dios y, como cristianos, estamos llamados a compartir su misión. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21.

Los cristianos estamos llamados a seguir sus pasos humanos. Así como Él se unió a su divinidad, al Logos de Dios que era Él mismo, hasta poder decir “Yo soy la verdad”, nosotros también lo debemos hacer. Para eso vino.

Cuando San Pablo dice en Filipenses que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;” nos indica que El logos, Dios mismo, la verdad, la vida, se despojó a si mismo de si mismo y compartió nuestra condición de ignorancia de nosotros mismos. Él, en cuanto a ser humano, aun siendo el mismo Logos, también tubo que hacer su camino de discernimiento y recibir El Espíritu Santo para volver a la verdad, a Si mismo, al Logos, a Dios; Para volver a conocer su verdadero Nombre que permanecía oculto como la perla preciosa de la que mas tarde habló. Cuando Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” no solo lo dice en cuanto a que es el Logos de Dios, que también lo es, si no en cuanto a ser humano que hizo su camino de conocimiento de Dios y de si mismo y se unió de tal manera a Dios que se hizo una sola cosa con Él. Ese camino que Él realizó es el que los cristianos estamos llamados a realizar. Él encontró la perla preciosa primero para que nosotros la podamos encontrar. Él nos abrió las puertas de la vida y de la unión con el Logos de Dios: la verdad y la vida; Dios. “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” Juan 19:19. Él, siendo el mismo Logos, vino de arriba y no tenía pecado. Por eso la muerte no pudo retenerlo; por eso pudo resucitar y enviarnos su Santo Espíritu para que, así como la planta surge de la tierra, nuestra condición celestial surgiera de la terrenal, el Hombre Nuevo del hombre viejo, Cristo de Adán. Él, que no era de este mundo, nos ha sacado de este mundo: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” Juan 8:23; “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:19; “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” Juan 17:16.

Así como Jesús, aun siendo el mismo Logos, en su humanidad realizó ese camino y se reunió de nuevo con su divinidad de la que se había despojado, con el Logos, nosotros estamos llamados a unirnos a Él y ser uno con Él. Así como el sarmiento puede decir “Yo soy la vid”, el cristiano esta llamado a poder decir con Jesús “Yo soy la verdad”. Jesús era la vid completa, Él es la plenitud y la totalidad y nosotros estamos contenidos en Él pero nosotros somos Él, somos parte de Él como Jesús indica en la parábola de la vid y San Pablo cuando habla de que somos su cuerpo. En el cristiano Dios dice “YO SOY” y así como podemos decir que el sarmiento es la vid, también podemos decir que el cristiano es Dios. Esto queda ilustrado en los siguientes versículos: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Apocalipsis 3:21 y “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.” Apocalipsis 12:5. El trono de Dios es el ser de Dios. Cuando hayamos entregado nuestro pequeño “yo soy”, el espíritu del anticristo que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios 2 tesalonicenses 2:4, la muerte habrá muerto en nosotros, ya no habrá “NO” en nosotros y Dios será en nosotros y nosotros seremos en Dios. Entonces, con Jesús, podremos decir “Yo soy” porque Dios será en nosotros y nosotros en Él como la vid es en el sarmiento y el sarmiento en la vid; seremos Cristo. Esta es la muerte mística de la que hablan los espirituales (ver entradas la canción de las canciones y ¿es este escrito el final de la duda?) y esto es a lo que se refieren las escrituras con dar a luz a Cristo que puede que por eso se autodenominase como “El Hijo del Hombre” (ver entrada la gran señal en el cielo). Entonces se habrá cumplido la plegaria de nuestro Señor: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17:21:23


El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, Filipenses 2:6-9

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Isaías 7:14-15

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Hebreos 2:14 y 17

Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. Apocalipsis 1:5-6

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia Colosenses 1:18

Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21.

Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Juan 15:19

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Juan 14:12

Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Juan 19:19

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Apocalipsis 12:5.

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 2 tesalonicenses 2:4

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17:21:23


¿Es este escrito el final de la duda?


Paradoja y contradicción

Miré y no había quien me ayudara, y me maravillé de que no hubiera quien me sostuviese. Entonces me salvó mi propio brazo y mi ira me sostuvo Isaías 63:5

Veo a la duda dudando y a la muerte agonizando; porque un fuego vivo y santo ha venido de lo alto


Paradoja y contradicción

Jesucristo es el absoluto hecho carne, es el Dios-hombre. Lo absoluto, que como tal está al margen del tiempo, nació, creció y devino en el tiempo. Jesucristo, a los ojos de la razón, es una contradicción. Aquél en quien el tiempo y el espacio son, apareció en el tiempo y en el espacio. El continente que todo lo contiene apareció en el contenido. El todo apareció en la parte.

Jesucristo es en si una paradoja. A los ojos de el pensamiento conceptual o de la razón es una contradicción puesto que lo infinito no puede estar contenido en lo finito. Al ser lo infinito encarnado, lo infinito en un cuerpo finito, es equivalente al contenedor cuyo contenido, al ser lo absoluto e infinito, contiene al contenedor cuyo contenido, contiene al contenedor y así indefinidamente. Aquí vemos como la paradoja genera el infinito a la manera de dos espejos enfrentados y el infinito está contenido en la propia paradoja.

No es casualidad que la cruz, símbolo del cristianismo, sea como es: una contradicción. El palo horizontal, el palo vertical y en el centro, en la intersección, la paradoja Crística y su obra redentora. La finitud, lo terreno y la carne de Jesús simbolizado por el palo horizontal y la divinidad por el palo vertical formando la cruz, símbolo de redención, el “si” y el “no” reconciliados. El si, simbolizado por el palo vertical y el no, simbolizado por el palo horizontal, y en el centro la Fe, la vida en Dios, la muerte de la muerte, del pensamiento conceptual y del desequilibrio equilibrado.

La vida en Dios implica trascender la contradicción traspasando así los límites que nos impone nuestro actual sistema de pensamiento conceptual, que está dividido en “si” y “no” y que, como veremos mas adelante, es fruto de nuestra naturaleza caída como consecuencia del pecado original.


La escisión

¿No creeís que yo soy en el padre y el padre en mi? Juan 14:10

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo Marcos 8:34

Prohibido prohibir. La libertad comenzó con una prohibición. Jim Morrisson

¿O lo que pienso hacer, lo pienso según la carne, para que haya en mí Sí y No? Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No. Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él; porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. Romanos 1:17-20


Según las escrituras, estamos separados de Dios desde que Adán y Éva comieron del fruto del árbol del bien y del mal. La serpiente les dijo que serían como Dios, conocedores del bien y del mal. Esto simboliza nuestra condición actual. Antes de la caída éramos como Jesucristo, todo nuestro ser era en Dios. Ahora estamos separados de Dios y nuestra “libertad” consiste en elegir, frente a una posibilidad, “si” o “no” todo esto por haber hecho caso a la serpiente y, al habernos afirmado a nosotros, haber negado a Dios.

El árbol del bien y del mal:

“Mal” es lo mismo que “no bien”. La característica del lenguaje conceptual es que no podemos crear un concepto sin que inmediatamente, en una especie de necesidad por mantener el equilibrio que se ve representado en el comportamiento de las ondas, aparezca la posibilidad de su contrario, que no es otra cosa que la posibilidad de su ausencia. El “mal” es la ausencia del “bien”. De esta manera vemos como todo concepto está dividido en “si” y “no”. “si bien” y “no bien”: bien y mal. Es el desequilibrio equilibrado, consecuencia de haber comido del fruto del árbol del “si bien” y del “no bien”, que simboliza nuestra afirmación frente a Dios y como consecuencia, la posibilidad de nuestra ausencia (nuestra muerte) y la negación de Dios. Decir “Yo soy” frente al único que es; en eso consistió nuestro pecado.

En consecuencia de haber dicho “yo soy” frente a Dios surgió la posibilidad del “yo no soy”, cuya manifestación exterior es nuestra muerte física. Ese acto dio lugar a que se descubriera la noche o la no luz, manifestando la ilusoriedad de nuestra condición. En el mundo nuevo no habrá noche. Apocalipsis 22:5. El “no bien”, “no luz”, “no ser”, la “no vida” entró en el mundo. La muerte entró en el mundo. El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte. Romanos 5:12. Por habernos afirmado ante Dios, el “NO” entró en el mundo.

Es el concepto de la negación el que se introdujo en el hombre mediante el pecado original mediante la afirmación de algo frente a Dios, es decir: al afirmarnos a nosotros frente a Dios, negamos a Dios porque Dios es la verdad, lo único que es, y como consecuencia aparece la posibilidad de la ausencia de lo que habíamos afirmado, la posibilidad de nuestra ausencia, nuestra muerte. A nuestros ojos, ciegos espiritualmente y separados de Dios, la negación es el “no” pero a la luz de la verdad, tomando a Dios como referencia, la negación es nuestro “si” y este “si” engendra el “no” que no es sino la posibilidad de su ausencia. EL “SI” carnal es el “NO” de Dios y viceversa. Aquí vemos como toda nuestra realidad está al revés a la luz de Dios. Nuestro actual estado, fruto del pecado original, es similar a un guante del revés. Fue necesario que el contenedor de todo, Dios, apareciese en el mundo para, desde dentro, dar de nuevo la vuelta al guante.

Todo “si” es Dios, Dios es lo único que es, al afirmar algo negamos el resto y aparece la posibilidad de la ausencia de lo que hemos afirmado.

Al afirmarnos frente a Dios, le negamos y quedamos, como decía nuestro salvador, ciegos. Imposibilitados de ver a Dios y volcados hacia afuera viviendo en la realidad sensible que no es sino un reflejo de nuestra interioridad, que es donde está nuestra verdadera “patria”, el reino de Dios.

El falso yo es NO a los ojos de Dios por haberse afirmado ante Dios sin tener raíz en Él. A sus propios ojos es SI pero el No que en realidad es se manifiesta en la posibilidad de su ausencia (su inevitable muerte por no tener raíz en Dios). Ese No que en realidad es y su propia finitud, se proyecta en toda su realidad que queda dividida en Si-No. Su reino es el reino del si-no porque proyecta el si-no que es en todo lo demás. Su reino es el si-no; un si falso que es no a los ojos de Dios y el inevitable no que es la posibilidad  de su ausencia. Este Si-No se manifiesta en el día y la noche, el calor y el frío, el placer y el dolor, el nacimiento y la muerte, la finitud de todo, la estructura que subyace en toda la realidad de este mundo en forma de ondas de distinta vibración en la que se sube lo que se baja como el reptar de la serpiente y en todo lo que pertenece a este siglo.

Cuando ese falso yo muera morirá el reino del si-no y solo quedara el verdadero si porque solo quedará nuestra verdadera identidad eterna que ha sido desde siempre en Dios y que es el mismo Dios. Y Dios será todo en todo 1 Corintios 15:28. Entonces ya no estaremos sujetos al reino del Si-No , al desequilibrio equilibrado, solo será Dios, el gran Si y viviremos en la ciudad de Dios donde no hay noche Ap 22:5 (si luz-no luz), ni frio ni calor Ap 7:16 (si calor – no calor o si frio – no frio), ni sufrimiento, ni No. El “NO”, la muerte, ha sido sorbido en victoria (1 corintios 15:54) y solo queda Dios. Y Dios será todo en todo 1 Corintios 15:28.

Mediante el actual sistema de pensamiento no podemos acercarnos a la verdad; solo trascendiendo la contradicción del “si” y del “no” y de esta manera traspasando los límites que nuestro sistema de pensamiento actual, consecuencia del pecado original, nos impone, podemos llegar a la verdad por participación en la obra redentora de nuestro salvador Jesucristo. Es preciso que ese “Yo soy” que afirmamos frente a Dios muera para volver a la vida en Dios. Nadie puede verme, y vivir Exodo 33:20.

El sentido de la vida es la participación en la obra redentora de Jesucristo mediante la fe en Él. De esta manera el Espíritu de Jesús aniquilará ese “Yo soy”, ese desequilibrio equilibrado, ese “si” y “no” interiores que se manifiestan en nuestra vida volcada hacia el exterior en la que nos conducimos tomando decisiones ante posibilidades, eligiendo “si” hacer esto o “no” hacerlo y en último término en nuestra muerte carnal, devolviéndonos la unidad en Dios. Es Jesucristo el que le da la vuelta al guante y nos devuelve nuestra naturaleza original en la que somos recipientes de la divinidad. El proceso de perfección Cristiana, que es la única perfección posible y que es el sentido de la vida, es que todo nuestro ser vuelva a ser en Dios. Este es el estado al que se aproximan los contemplativos, que ya están volcados hacia adentro y en comunión con Dios aunque no total.

Toda la realidad exterior nos recuerda nuestro actual estado caído, el desequilibrio equilibrado y como todo tiende a volver al origen. Para verlo no tenemos mas que pulsar la cuerda de una guitarra o fijarnos en el aspirar – espirar de la respiración .

De la muerte

La muerte carnal no es sino el reflejo en el exterior de la posibilidad de nuestra ausencia por habernos afirmado frente a Dios negándole en consecuencia. Es solo un reflejo de nuestro interior. Por esto Jesucristo dijo de Lázaro: no está muerto, sino que duerme.

Por esto Jesucristo insistió en que no temiésemos a los que nos pueden dar muerte carnal, sino al pecado, que es el que nos aleja de Dios, la vida y nos mata de verdad.

Se distinguen así dos tipos de muerte:

La carnal, que es el reflejo de la muerte, en nuestra interioridad, de aquel “yo” que afirmamos frente a Dios, negándole en consecuencia y que provocó nuestro actual estado de realidad dividida en “si” y “no” y nuestra ceguera espiritual.

La espiritual, que es la verdadera muerte y que se acrecienta mediante el uso “egoísta”, es decir, mediante el uso que ahonda en la actitud de afirmarnos frente a Dios, negándole en consecuencia, de los dones que Dios nos da (tiempo, palabra, acciones, pensamientos…todo absolutamente son dones de Dios) y que sana mediante la participación en la obra redentora de Jesucristo mediante la fe. Todos los pecados provienen del egocentrismo. De ese falso yo que afirmamos frente a Dios. Este es el núcleo del que procede todo lo demás y es esto lo que realmente nos aparta de Dios. No podemos liberarnos del egocentrismo por nosotros mismos. Solo a través de la obra redentora de Jesucristo podemos volver a entrar en comunión con Dios. Entonces Dios, mediante dolorosas purificaciones desarraigará en nosotros toda planta que no haya sido plantada por Él (el falso yo y sus consecuencias) y volveremos a ser en Dios.

Nuestro estado actual se asemeja a una cuerda vibrando donde esa cuerda quieta es la vida en Dios. La vibración hace que la cuerda suba lo mismo que baja (“si”, “no”) y esta perturbación nos impide contemplar a Dios y vivir en el.

Jesucristo mata la muerte. A ese “yo” que afirmamos frente a Dios, negándole y produciéndose la escisión de nuestra realidad y nuestro actual estado de conciencia hacia fuera y dividido en “si” y “no”.

la perfección cristiana es, a la luz de Jesucristo morir a nosotros mismos, esto es , a nuestro “ego” y vivir en Dios. Esto solo es posible mediante la acción de Dios. Por nuestras fuerzas es imposible porque tiene que haber algo más fuerte que me doblegue, porque yo no soy más fuerte que yo y vivo en ese yo y viviendo desde dentro de ese yo no puedo liberarme de ese yo. Ha de ser algo externo lo que me libere, y ese algo externo es Jesucristo, que refiriéndose a esto dijo: “Cuando sea levantado de la tierra los atraeré a todos hacia mí” Juan 12:32.

A la muerte ego se refiere Jesucristo en las siguientes parábolas: “Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino: una será tomada y la otra será dejada. (Mateo 24:40-41). Este ego es el hombre de perdición a que se refiere San Pablo en (2 tesalonicenses 2:3) independientemente de que también se refiera a un hijo de perdición en carne y hueso que, al igual que el que cada uno de nosotros llevamos dentro, se revela y opone y hasta se sienta en el trono de Dios (que somos nosotros) si fuese así pienso que sería el mal encarnado cuya influencia es la que se manifiesta en nosotros como el mencionado “ego” de manera análoga a como Jesucristo se hizo carne y es su influencia la que nos libra de ese “ego”. A este “ego” se refiere también Jesucristo cuando dice: “toda planta que no plantó mi padre celestial será desarraigada” (Mateo 15:13). También se refiere a ella en la parábola en la que dice que el enemigo vino por la noche y sembró cizalla.

De esta manera Jesucristo nos ponía de manifiesto como a través de su luz moriremos a nosotros mismos y , una vez vaciados de nosotros mismos seremos el trono de Dios. Es decir la máxima perfección Cristiana consiste en estar vacíos de nosotros mismos para que el padre , que es lo único bueno, sea en nosotros, nosotros seamos en el, y seamos uno.

Actualmente se confunde el cumplir la ley de Dios con ser bueno. Rotundamente no. somos malos porque el padre es el único que es bueno y nosotros hemos nacido y prosperado en pecado, es decir separados del padre. Podemos cumplir la ley a la perfección y debemos hacerlo porque es lo que Dios nos ha pedido pero eso no significa que seamos buenos. Debemos tener cuidado con esto porque muchas de las obras de caridad que se hacen están ensuciadas porque en realidad es nuestro “ego”, que es “orgullo”, que trata de no desaparecer, que es lo que debe pasar para acoger a Dios, tratando de mostrarse bueno a los ojos de Dios. Porque todo árbol malo da mal fruto y todo árbol bueno da buen fruto y Dios es lo único bueno, toda “buena” obra que hagamos no será buena porque procederá del “ego-orgullo” . Hasta que no seamos en Dios y Dios sea en nosotros no podremos hacer obras buenas, lo que haremos será tratar de quitar la paja del ojo ajeno teniendo la viga en el nuestro. Cuando muramos a nosotros mismos, al “ego”, habremos quitado la viga de nuestros ojos y Dios será en nosotros y nosotros en Dios y entonces Dios hará en nosotros las obras verdaderamente buenas porque los malos arboles no pueden dar buen fruto y solo Dios es bueno. Dios es absoluto , el Padre de las luces en quien no hay viento de mudanza ni sombra de variación. Como nosotros no estamos en comunión con Dios, nosotros somos infinitamente malos.

Solo cuando mediante la fe hallamos sido reconciliados con Dios por medio de Jesucristo y tras haber sufrido las numerosas purificaciones que no son otra cosa que la muerte de nosotros mismos, seamos semejantes a un recipiente completamente transparente alumbrado por el Padre, contendremos la luz del Padre y seremos , como era antes del pecado original, trono de Dios y participaremos de su gloria. No seremos buenos, porque no somos nada pero Dios, que es lo que es bueno, el que es, será en nosotros y nosotros seremos en el.

No debemos confundir lo que yo llamo la muerte de nosotros mismos y el estado de conciencia actual con los padecimientos psicóticos como la esquizofrenia. Pienso que, siguiendo con la analogía, en estos padecimientos lo que sucede es que el recipiente mismo se desintegra. Quizás no sea que el recipiente se rompa sino que esa es la sensación que tiene el enfermo. Pienso que en la perfección uno es perfectamente consciente de si mismo como recipiente contenedor de la luz divina y que el sentimiento que reina en el es el de unidad y no el de desintegración propio de este tipo de patologías. De todas maneras pienso que en los procesos de purificación a los que debe enfrentarse un alma si que pueden darse sensaciones similares a las que experimenta un psicótico y pienso que la terrible angustia que siente ese alma (con trastornos psicóticos) si que puede ser provechosa para dar el salto de fe necesario y pedirle al creador de los recipientes desde esa angustia. desde lo profundo de nuestro ser y no con vanas repeticiones y sin corazón. Porque el creador de todo tiene poder y misericordia (o mejor dicho, el es el poder y la misericordia) para rehacer los recipientes quebrados y estos recipientes habrán renacido de la sangre de Cristo y tendrán parte con el y en el en la verdad, que es el y tendrán potestad de disfrutrar de la unidad en el Padre al ser participes de la obra redentora de Jesucristo. Pedid y pedid y no os canséis de pedir porque sois escuchados y al que pide se le dará.

Lo que nos libera no es la ley ni su cumplimiento, es Jesucristo.

Es difícil mostrarnos a Dios tal y como somos y a menudo tratamos de forzarnos ocultándole y ocultándonos las tendencias de las que más nos avergonzamos y tratando de mostrarle nuestro “lado bueno”. Pues bien, este “lado bueno” es tan malo como el “lado malo” a los ojos de Dios porque ninguno de ellos son el y tanto el “lado malo” como el “lado bueno” deben desaparecer. De esta manera opino que muchos actos como la ascesis exagerada o algunas obras de caridad pueden ser en realidad actos de orgullo encubierto. Opino que debemos procurar la igualdad y que todos tengan lo básico para desarrollarse como individuos pero que siempre debemos estar alerta e impedir que el hecho de que hacer obras justas no nos haga mejores nos impida hacerlas e impedir también que el hecho de hacer obras justas nos haga pensar que esas obras nos hacen buenos.

¿No se parece acaso ese lado bueno del que se hace gala en la iglesia, ese “amor” humano que consideramos bueno al “amor” que llevó a Pedro a pedirle a Jesucristo que en ninguna manera muriese por la humanidad en la cruz y por el cual Jesucristo le contestó: apártate satanás, me eres tropiezo porque tienes la mira en las cosas mundanas y no en las celestiales Mateo 16:23? Muy distinto es el amor humano del amor divino. Jesucristo dijo antes de morir: un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. (Juan 13:34). ¿por qué dice nuevo? Porque este amor no es el mismo que el de la antigua ley en el que se dice que amemos al prójimo como a nosotros mismos. Dice que nos amemos como Él nos ha amado, es decir, con el amor de Dios. El amor de Dios no es el amor humano y mientras que no muramos a nosotros mismos Dios no morará en nosotros y no podremos cumplir este mandamiento. Creo que no debemos tratar de prosperar en el camino espiritual por nosotros mismos. Creo que debemos rezar y no cansarnos de pedir ayuda a nuestro rey y señor Jesucristo, porque solos no podemos nada puesto que nosotros no somos mas fuertes que nosotros mismos

Pidamos que toda la humanidad vuelva a ser en el Padre celestial por mediación de Jesucristo, porque este es el sentido de la vida y el fin de todo sufrimiento.




Este texto nació antes de mi conversión aunque en un lenguaje no religioso y en muy diferente forma. Fue reescrito al principio de mi conversión y, recientemente, sus reflexiones desembocaron en la entrada la canción de las canciones.

El espejo del alma

Podemos comparar el alma del hombre con un espejo. En su estado natural, ese espejo esta ennegrecido y no puede captar ni reflejar a Dios. En este estado, el pensamiento conceptual y su manera de etiquetar la realidad mediante el lenguaje, forman un falso suelo sobre el que nos apoyamos que nos impide percibir la presencia de Dios, distorsiona la realidad que advertimos a través de los sentidos y nos hace percibirnos como entes separados de todo lo demás. Dividimos la realidad en conceptos y nos identificamos con el permanente discurso mental que forma una especie de nube que impide que la presencia de Dios nos ilumine. El amor de Dios es inmutable, y su presencia aquí y ahora mas real que cualquiera de los fenómenos que percibimos a través de los sentidos, pero no podemos percibirlo. teniendo ojos no vemos y teniendo oídos no oímos. Marcos 8:18. Nuestro espejo está manchado por la caída, no puede reflejar a Dios, e incapaces de vivenciarnos como esa nada capaz de recibir y reflejar al todo, nos identificamos con la suciedad que recubre nuestro espejo.

Es el Espíritu Santo el que debe limpiar la suciedad de nuestra alma. A medida que se va efectuando la purificación vamos siendo cada vez mas capaces de percibir la presencia de Dios. Frases Verdaderas como “Dios es bueno” que antes nos sonaban a clichés vacíos adquieren una nueva dimensión porque vivenciamos experiencialmente su verdad y una profunda y serena alegría inunda nuestro interior y nos colma de paz. Nos maravillamos y alegramos profundamente de que Dios sea y por primera vez nos alegramos de existir y captamos un atisbo de la verdadera felicidad. El mundo va perdiendo su carácter hostil y amenazante y comenzamos a experimentar la realidad exterior como amiga en un comienzo de transfiguración. AL sentir el amor de Dios nos sentimos reconciliados con nosotros mismos, con todos y con todo lo demás. “Si Dios es con nosotros, quien contra nosotros?” Romanos 8:31. El simple recuerdo de que Cristo es, que antes no nos decía nada, despierta una profunda alegría y elevamos a Él nuestro corazón como un niño que se abandona en las manos de su Padre. Los mecanismos de defensa que nuestra personalidad había desarrollado ante el sufrimiento y la hostilidad se van deshaciendo, nos hacemos mas sencillos y empezamos a vivenciar el verdadero significado de la infancia espiritual. La profunda Paz de Cristo reverbera en nuestro cuerpo disolviendo los bloqueos y purificando las puertas de la percepción haciendo que la realidad se transfigure introduciéndonos en el paraíso perdido por la caída y la realidad exterior se muestra con una nueva nitidez, grandeza, hermosura y majestuosidad y la contemplamos maravillados y llenos de asombro.

Que el espíritu de Cristo reine en nuestros corazones y nos guie a la Paz profunda de su santa presencia; lo único que es.

El Amor de Dios

Hay dos tipos de amor; el amor natural y el amor espiritual.

El amor natural procede de nuestra naturaleza terrenal y, como tal, está influido por el temor, el apego y el egoísmo. Es un amor interesado que se fundamenta en la felicidad o bienestar que obtenemos de lo que se ama. Puede ser seguridad, una imagen mas atractiva de nosotros mismos fundamentada en los valores del mundo o alguna otra causa lo que lo motive. Es un amor posesivo, que implica el deseo de poseer aquello a lo que se dirige y el temor de perderlo. Cierto es que este amor natural puede adoptar formas mas puras, desinteresadas y libres de egoísmo por ejemplo en el amor de los padres a sus hijos o en el fenómeno del enamoramiento en el cual el objeto de nuestro amor se convierte en una reminiscencia de nuestra morada eterna, Dios.

El amor entre el hombre y la mujer es la imagen terrenal del amor espiritual entre Cristo Dios y el alma; y las distintas realidades que forman parte de una relación conyugal son imágenes terrenales de realidades espirituales análogas. Así, el beso es la expresión exterior de la unión de los corazones por el amor que se profesan que es imagen terrenal de la unión entre Cristo Dios y el alma en la eternidad por el amor Espiritual del Espíritu Santo del que hablaremos a continuación y los hijos son la imagen terrenal de nuestra naturaleza celestial, del Hijo de Dios que somos que estamos llamados a descubrir en la unión con Cristo y del mismo Cristo que es uno con él (ver entrada la gran señal en el cielo). Aquí se deja ver el fundamento teológico de la familia.

El amor espiritual es de otra naturaleza. Es el amor que procede del Espíritu Santo de Cristo en nosotros y que nos permite amar a Cristo Jesús nuestro Dios como Jesús en su humanidad amó a Dios, su Padre y amar al prójimo con amor divino y desinteresado que nace de Dios. Esta llama de amor, el Espíritu Santo, es lo que simbolizaba el fuego del altar que siempre debía estar encendido y que tenía que consumir los sacrificios en el antiguo pacto. Es esta llama Santa la que deberá ir creciendo en nosotros, consumiendo todo lo contrario a su naturaleza, y procurándonos la unión con Cristo nuestro Dios. Llegará el momento en que tomaremos conciencia de que este amor que sentíamos por Dios y el Dios a quien se dirigía ese amor son una misma cosa y esa llama nos habrá consumido de tal forma que seamos una sola cosa con ella. Habremos desaparecido en el amor, el ser de Dios y habremos encontrado la perla preciosa, nuestro Nuevo Nombre y nuestra verdadera identidad de Hijos de Dios de la que los hijos terrenales son imagen. A propósito de esto podemos leer un hermoso texto de Bernardino de Laredo en las notas abajo.

Este amor espiritual es un amor a nivel ontológico distinto de lo sentimental o lo emocional. Se trata del mismo ser de Dios, la Paz que reposa en si misma eternamente. Al principio del camino, el Espíritu Santo suele despertar emociones y sentimientos piadosos hacia Cristo Dios que en si son buenos porque nos ayudan a desapegarnos de lo terrenal y encaminarnos hacia Él pero esos buenos sentimientos no son el fin de la vida Cristiana. llega el momento en que Cristo nos vacía de esos sentimientos y hace que nuestra relación con el pase al plano del Ser. A propósito de esto Franz Jalics indica en uno de los útiles diálogos que nos ofrece en su libro ejercicios de contemplación: “Quieres alcanzar a Dios. El anhelo de Dios es otra cosa. Se puede sentir de vez en cuando, pero es muy quieto y distendido. Generalmente no se siente, sino que se reconoce por sus efectos. Por ejemplo, si tienes dificultades con la meditación y, pese a ello, puedes seguir practicándola, sabes que te impulsa el anhelo de Dios. El ansia de Dios no es un sentimiento, y con frecuencia debe pasar por un periodo en que no se reconoce. Es preciso que pasemos del plano en que nos apoyemos en los sentimientos al plano del ser. Esto solo puede darse si nos son quitados los sentimientos y, no obstante, seguimos actuando por la fuerza de dicho anhelo.”

Un error en el que ha caído el catolicismo moderno (con excepciones) y otros movimientos cristianos consiste en identificar lo espiritual con el plano terrenal de los sentimientos en lugar de con el plano ontológico. Así podemos ver un cristianismo que busca despertar sentimientos piadosos mediante músicas sentimentales o palabras sentidas en lugar de fomentar un clima de silencio que favorezca la oración de recogimiento confundiendo el amor a Dios Espiritual fruto del Espíritu Santo con determinados sentimientos y emociones terrenales en el alma. El amor con el que los Cristianos estamos llamados a amar a Dios y al prójimo no es el amor terreno sentimental sino el mismo Dios amando en nosotros o reflejando en nosotros, como en un espejo, el amor que el mismo nos tiene a nosotros y a nuestros prójimos. En la medida en que nos acerquemos a Él seremos capaces de amarle y de amar al prójimo pues Él es el mismo amor y alejados de Él no podemos amar con el verdadero amor al que somos llamados los Cristianos, esto es, con Dios mismo.

Notas:

Bernardino de Laredo – Subida del Monte Sion “Entiendo que el amor suyo en su Dios es como una gota de agua infundida en un desmedido mar. Item, cresciendo más este amor por la mayor desnudez de todo cuanto no es Dios y por más disposición del ánima enamorada, la dignación divina recibe este amor, que en nuestras ánimas cría y ayunta nuestro amor criado en su amor infinito, llámase amor unitivo, porque ya está unido a Dios por la divina clemencia.

Es de notar que cada vez que nombramos este nombre, amor, mostramos virtud unitiva, que hace juntamiento del que ama y del que es amado y hace uno de los dos con verdadero atamiento de gracia ; mas entended que esta unión o este atamiento, tanto es más propio y más verdadero cuanto el amor se ha acrescentado en el ánima según las cuatro diferencias que de amar quedan mostradas. Donde es de notar que el ánima que desea infundirse y transformarse en el abismo y infinito amor increado es menester ser trasmudada en amor y que este amor vaya al centro donde salió, es a saber, a su Dios; por manera que sea la ánima como una piedra preciosa tan redonda, que no tenga entrada ni salida, la cual sea puesta en un relicario no menos ancho que altísimo, como otra vez se apuntó, donde la piedra se queda en relicario, sin que se pueda hacer caso de su cantidad. La piedra es nuestro amor criado. El relicario es el amor infinito. Ahora, aquesta pedrecita no se pierde de su ser, pero, por comparación del relicario en el cual está infundida, no queda que pensar de ella, sino en sólo el relicario que la rescibió y la tiene. Y puesto que son impropias aquestas comparaciones, nos abren algo los ojos para poder entender los menos ejercitados lo que tienen entendido los que se dan a quieta contemplación.

Mas aun para declarar este infundirse el ánima en el amor, podráse sentir así como se apuntó en el amor esencial. El amor que tiene esa ánima es una gota pequeña rescebida del abismo de las aguas de nuestro infinito amor.

De manera que está la facilidad de la contemplación quieta en amar sin condición y en infundirse nuestro amor en el infinito ; quiere decir, que el amado así se pierde de sí, que no queda nada de él por la infinidad del amor en quien hace su infusión. Y por esto dice el Herp «que el espíritu en este espacio cesa de vivir a sí mismo, porque todo vive a Dios». Hase, empero, de notar que aun nos pueden algún tanto aclarar más este venirnos al amor de nuestro Dios si vemos algún ejemplo que nos muestre la manera de transformarnos en él, así como hemos tomado la manera de infundirnos. Y así, podemos decir que el amor de nuestro Dios infunde en sí nuestras ánimas como el sol en el cristal, que lo esclaresce y penetra y se muestra dentro en él ; y nos transforma en su amor, como muda el hierro en fuego. Y se muestra su grandeza sobre nuestra poquedad como un espejo muy grande ante otro espejo chequito. Y si tomáis un espejo tan pequeño que no sea mayor que un real y lo metéis en una vasija de agua y lo ponéis hacia el sol, veréis en aquella partecica del espejo encerrada y recogida toda la rueda del sol, mayor que toda la tierra. Entenderéis por aquí que el sol vivo de Justicia, que es Cristo nuestro Señor con su infinita grandeza o en su esencia divina, se recoge y se encierra en lo interior del espejo de vuestra ánima aun estando sumergido en las aguas de esta nuestra honduosa vida.”

Y el fuego encendido sobre el altar no se apagará, sino que el sacerdote pondrá en él leña cada mañana, y acomodará el holocausto sobre él, y quemará sobre él las grosuras de los sacrificios de paz. El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará. Levítico 6:12-13

El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. 1 Juan 4:8

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

La Guerra Santa

El fundamento del cristianismo es la Metanoia (conversión del corazón o arrepentimiento) mediante el Espíritu Santo de Cristo. Cualquier cristianismo que no este fundamentado en esta metanoia no es verdadero cristianismo.

A lo largo de la historia poderes políticos han adoptado el cristianismo como religión oficial uniendo el poder político al poder religioso. Tal es el caso de el emperador Constantino o mas recientemente del Franquismo en España. También se ha dado el caso contrario en el que poderes religiosos han ascendido a posiciones de poder político (Edad media, Savonarola en Florencia, Calvino en Suiza) instaurando régimenes teocráticos.

Una manifestación mas leve de la misma realidad se da cuando en régimenes democráticos partidos políticos ofrecen ventajas a la institución religiosa dominante. Estos regalos envenenados serán la causa de que la institución eclesial adopte un posicionamiento político determinado por miedo a perder esas ventajas.

En ambos casos las fronteras entre el poder político y el religioso se han difuminado y a consecuencia de esto se ha politizado el mensaje de Cristo y las personas con opiniones políticas antigubernamentales se han visto excluidas del mensaje evangélico, lo han asociado al poder gubernamental y han tenido lugar reacciones anticlericales que en las guerras y revoluciones se han desatado en forma de quema de conventos y asesinatos de hermanos religiosos.

En parte en consecuencia de esta disolución entre las fronteras del poder político y lo religioso se produjo un proceso de cristianización cultural que, si bien es inegable que esta influido por el mensaje evangélico, se queda en su aspecto mas exterior. Podríamos decir que es es una mezcla entre la manifestación a nivel sociocultural de la fe individual de los miembros de la sociedad y la manifestación a nivel sociocultural del poder politico-religioso dominante. Es lo que se denomina Cristiandad o civilizaciónes cristianas, que no es lo mismo que el verdadero Cristianismo aunque está ligada a Él historicamente.

El verdadero Cristianismo nace desde el interior y su fundamento es la conversión por el Espíritu de Cristo. Una civilización cristiana puede favorecer esta conversión individual del corazón pero no podemos identificar ambos fenómenos. Una civilización será mas o menos cristiana en función de la importancia que cobre el papel de la religión en ella y será un reflejo mas o menos fiel del verdadero cristianismo en función de si los fenómenos Cristianos en ella presentes están mas o menos conectados con la experiencia interior de conversión individual.

Cuando el poder político se une al poder religioso suele acontecer que los símbolos y las manifestaciones religiosas exteriores pierden su conexión con la experiencia interior de los fieles y en lugar de nacer desde el corazón convertido por el Espíritu de Cristo nacen desde esas estructuras de poder completamente desconectadas de Dios o del corazón no convertido de falsos cristianos. Un ejemplo donde esto se hace evidente lo encontramos en el franquismo o la legión Española, lleno de símbología religiosa pero también en cualquier reforma liturgica nacida de una estructura eclesial empoderada y alejada del Espíritu de Cristo como podemos ver en algunas celebraciones modernas o en el fenómeno moderno de infantilización de la Fe (caricaturas infantiles de Jesús..).

Sin embargo en una iglesia perseguida por los poderes gubernamentales las manifestaciónes exteriores serán mas fieles al Espíritu cristiano, pues la propia persecución efectuará una purificación en los miembros de la iglesia y no se dará esa mezcla de fuentes en discordancia. Las manifestaciones exteriores serán mas fieles reflejos del Espíritu de Cristo porque el caracter adverso de la persecución habrá purificado la iglesia de falsos cristianos y por ende del espíritu del mundo que la impregnaba y que se manifestaba en sus formas externas.

Por haber identificado el reino de Cristo con este mundo y en concreto con la cristiandad, la historia ha sido testigo de “guerras santas” en nombre de la religión y del reino de Cristo en las que se ha buscado expandir o defender la cristiandad no buscando la conversión individual del corazón de los individuos por el encuentro personal con Cristo mediante la evangelización a través de la palabra sino mediante las armas. Tal es el caso de las cruzadas. La historia también ha sido testigo de terribles régimenes totalitarios en los que se ha intentado implantar el “reino de Dios” mediante la fuerza obligando al cumplimiento de leyes externas basadas en una estricta moralidad supuestamente “cristiana” dando como resultado reinos del anticristo, que siempre busca falsear lo espiritual y verdadero reproduciendo una mala copia mundana. Un ejemplo es el régimen Calvinista en Ginebra.

El reino de Cristo no es de este mundo. La única manera de implantar el Reino de Cristo es desde el interior hacia el exterior mediante la conversión de los corazones fruto del Espíritu Santo por el encuentro personal con El Señor Jesucristo. En el corazón convertido por el Espíritu de Cristo, Cristo ha destronado al egoismo y es Rey; y ese reinado suyo en el corazón se manifiesta en el exterior en forma de obras libres que nacen de Dios. No existe niguna dicotomía entre ser libre y hacer la voluntad de Dios. El Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo comparte una misma voluntad con Dios. Esta es la verdadera libertad. El Hombre regenerado es el que ha llegado a conocerse a si mismo y a ser quien realmente es y sus obras no son sino la manifestación exterior de este ser que es uno con Cristo. Sus obras son divinas porque nacen de su verdadero ser cuya fuente es Dios.

No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Mateo 7:17-20. Para que una manifestación exterior sea cristiana debe nacer de Dios desde un corazón convertido por el Espíritu Santo. Lo demás no serán sino malos frutos nacidos de un mal árbol, ya sea una acción de un hombre al que se han impuesto una serie de leyes morales desde el exterior o las manifestaciones religiosas de una civilización que se hace llamar cristiana. Un ejemplo lo tenemos en los fariseos que se creían justos por cumplir una serie de ritos externos y codigos morales cuando el mal aún anidaba en sus corazones. Nuestro Señor les dijo “¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio.” Mateo 23:26.

La única y verdadera Guerra Santa es la que tiene lugar en el interior del corazón humano entre Cristo y los poderes de las tinieblas.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego!, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera quede limpio. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad. Mateo 23:25-28

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Efesios 6:11-17

Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. Mateo 26:52

Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. Lucas 20:5

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Juan 18:36


El árbol de la vida

Como se indicó en la entrada Arquetipo e imagen, la realidad terrenal está llena de reminiscencias o imágenes de realidades espirituales de donde toman su realidad y donde se fundamentan.

Una de estas imágenes es el árbol. El árbol es imagen del reino de los cielos, de Cristo. ¿En que consiste este reino de los cielos? El reino de los cielos es Cristo. Vivir en Cristo es ser con su ser y vivir con su vida. Solo hay una vida, la suya. Solo Él es. Cuando nos unimos a Él, fuente y fundamento de todo, somos uno con todo, todo es uno y todo es Él. Esta es la muerte de la muerte, que Cristo sea todo en todo y esto es sentarnos en su Santo trono, Ser en su Ser y vivir en su vida; que nuestro ser sea el suyo y nuestra vida sea la suya.

Así vemos que el reino de los cielos, el mundo nuevo en donde todo es Cristo y Cristo es todo, es semejante a un gran árbol o a una vid donde todo está interconectado y unido. Las ramas unidas al tronco y el tronco hundido en el mas allá de todo. Así como los sarmientos de la vid son miniaturas de la vid total en una relación fractal en los que el tallo central del sarmiento es análogo al tronco, nosotros somos pequeñas manifestaciones de la vid, Cristo, y estamos contenidos en Él. El que le ve a Él ve todo. Llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo Ef 4:13 significa que la semilla, nuestra condición terrena, ha muerto, germinado y dado a luz el árbol verde, nuestra naturaleza eterna de Hijos de Dios.

Este árbol verde es una rama del gran árbol, Cristo, que unde sus raices en el Padre invisible, ilimitado, mas allá de todo Nombre y manifestación. La rama es una miniatura fractal del gran árbol, es parte del gran árbol y como tal, es el gran árbol. Unida a Él se nutre de su sabia, de su sangre, de su vida.

Pidamosle a Nuestro Señor Jesucristo que nos conceda vivir en su vida y ser en su ser.


Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Efesios 4:13

Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: El cual á la verdad es la más pequeña de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. Juan 15:5

Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo, así también es Cristo. Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del mismo Espíritu. Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. 1 corintios 12:12-14

Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él. 1 corintios 12:27

En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones. Apocalipsis 22:2


La Ley, la Gracia y el Espíritu Santo.

El hombre, desde que cayó en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismo por el pecado original, está bajo la maldición de la ley. Es imposible para el hombre cumplir la ley mediante sus fuerzas naturales y en consecuencia vive en el pecado arrastrándose por la tierra y tragando el polvo de las miserias del exilio. La ley debe ser cumplida espiritualmente; solo el Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo es capaz de cumplir la Ley y, libre de todo egoísmo, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo; mandamientos que Nuestro Señor destacó como los fundamentales indicando que todos los demás dependían de ellos.

Es por esto que Cristo indicó que el no vino a abolir la Ley y los profetas sino a darles cumplimiento. Cristo, El Hombre Nuevo, paradigma del Hombre regenerado, sin pecado, cumplía naturalmente la Ley y, por el regalo de Su Santo Espíritu, nos capacita para cumplirla a nosotros los cristianos transformando nuestra naturaleza caída, regenerándonos y haciéndonos Hombres Nuevos sin pecado a su imagen y semejanza. Entonces es Cristo mismo el que cumple la Ley en nosotros, pues entonces Él es en nosotros y nosotros somos en Él (Juan 14:20 y 17:21-23). Cristo mismo es la Ley y solo transformándonos en Él y participando de su Ser, de su Vida es posible cumplir la Ley. Este es el Paraíso, la tierra prometida y la tierra de los vivientes; Cristo.

Hasta aquí hemos visto como la manera de cumplir la Ley es haciéndonos uno con Cristo y cómo esto solo es posible mediante la obra transformativa del Espíritu Santo en nosotros y no mediante nuestros esfuerzos. Ahora bien, ¿Son necesarios nuestros esfuerzos y nuestras obras para que el Espíritu Santo pueda realizar esta obra Santa en nosotros? ¿Cual es el papel que jugamos nosotros en nuestra Salvación?

Las palabras de Cristo en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8) son claves para traer luz a esta cuestión. En este pasaje Cristo nos indica que es posible que la palabra caiga en mala tierra o que sea ahogada por los cardos y los espinos, los afanes de este mundo, y no fructifique. La tierra alude a nuestro ser en este mundo y a nuestra relación con este siglo y todo lo que conlleva. La semilla alude a la palabra de Dios: tanto a la buena nueva del evangelio, como a Cristo, Palabra de Dios, en nuestro corazón como Espíritu Santo y a la Fe (sal 126:6, Mateo 17:20) y los frutos aluden a la Vida eterna, la vida nueva en el Espíritu, la comunión con Dios a la que hacíamos referencia que es el fin de la vida Cristiana.

Es en la tierra, en su relación con las cosas transitorias de este siglo, donde el hombre puede actuar. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la Gracia. No podemos sustituir la obra transformativa del Espíritu Santo con nuestros esfuerzos pero si que es nuestra responsabilidad cuidar nuestra tierra enfocando nuestra vida en Cristo y evitando diluirnos en los asuntos de este mundo a fin de que el Espíritu Santo pueda hallar en nosotros una tierra fértil donde la semilla de la Fe pueda germinar, crecer y producir los frutos del reino. Mediante la oración, el agua y la luz de Dios necesarias caerán del cielo y la semilla de la fe se convertirá en el gran árbol del reino (Mateo 13, 31-35).

Lo que esta en nuestra mano es desenvolvernos en este mundo lo mas fielmente posible a las instrucciones de Cristo, siempre confiando en su misericordia ante nuestras inevitables caídas (MT 18:7), y buscar recibir todo lo demás en la oración. Los pies bien asentados en la tierra (buena conciencia) mirando al sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros o mejor dicho cuando aún no hemos sintonizado con el amor que Dios nos tiene, pues amar a Dios es dejarse amar por Él. Aquí el hombre se conduce intentando agradar a Dios interpretando cual será su voluntad mediante el concepto que se ha formado de Dios por la lectura de la Biblia y la educación que ha recibido pero no tiene una experiencia real ni una guía directa de Dios.

Llega un momento, cuando el sentimiento de la presencia de Dios se ha hecho fuerte en nosotros y ha pasado a ser sensible, cuando el árbol se ha hecho grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas (Lc 13:32), en que resulta mucho mas sencillo pararse a discernir y hacer las cosas siguiendo la voluntad de Dios. En estas etapas de comunión esa luz de la presencia de Dios en nosotros nos indica el camino a seguir y en caso de duda, cuando tenemos dudas sobre como debemos actuar no estando seguros de si una acción en particular va a ser o no conforme a la voluntad de Dios, es util seguir un consejo que leí en el blog elsantonombre: proyectarnos en el futuro e imaginarnos habiendo realizado la acción acerca de la cual tenemos dudas; entonces la gracia nos mostrará si ese es o no el camino que debemos tomar viéndose o no fortificado el sentimiento de amor, paz y comunión con Dios. Aquí el hombre ya no se conduce movido por su interpretación de cual será la voluntad de Dios sino que Dios mismo le guía y le mueve de manera directa.

Este estado de comunión es a lo que se refieren los orientales cuando hablan de hacer descender el intelecto al corazón, lo que, si no me equivoco, es equiparable al estado de Gracia o a caminar en el Espíritu. Antes de llegar aquí es necesario gran esfuerzo y lucha para dominarnos y hacer la voluntad de Dios, pero aquí ya contamos con una ayuda sensible del Espíritu Santo y la paz supramundana y el amor a Dios se convierten en un refugio contra los zarandeos de los deseos de la carne y un punto de apoyo que nos permite vivir haciendo la voluntad de Dios de manera natural.

El amor a Dios es la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo. En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Entonces vivimos la vida del Espíritu y de manera natural cumplimos la ley, pues en esos momentos, el Hombre Nuevo, que no puede pecar porque es Hijo de Dios nacido de Dios (1 Juan 3:9) domina en nosotros en lugar del hombre viejo carnal esclavo del pecado.

Ahora bien, los autores con experiencia en esto siempre dejan bien claro que este estado de gracia o unión del intelecto y el corazón, no es algo que se pueda obtener por los propios esfuerzos sino que es puro Don de Dios que nos será otorgado cuando El considere oportuno. Hasta entonces debemos luchar lo mejor que sepamos y podamos y esforzarnos en enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y guardarnos de los afanes de este siglo a fin de que la buena semilla se desarrolle y fructifique. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones. En estos momentos en que nuestra debilidad e impotencia se hacen patentes debemos confiar ciegamente en Cristo apoyándonos en su omnipotencia, su misericordia y su amor por nosotros perseverando hasta el fin. El que persevere hasta el fin, éste será salvo. MT 24:13.


                       

Citas:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. génesis 3:17-18

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 5:20

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. juan 5:39-40

Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. juan 9:41

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. Juan 14:20

para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.Juan 17:21-23

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). galatas 3:13

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. romanos 3:20

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. romanos 7:14

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 1 Juan 3:9

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1 corintios 3:13-15

el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:28-29


             



Enlace recomendado sobre la misma temática : EL ESPÍRITU SANTO, LEY NUEVA DEL CRISTIANO. Raniero Cantalamessa

La Canción de las canciones

Así como una onda sube y baja en igual medida hasta que cesa la vibración, a cada alegría terrena le sigue una tristeza directamente proporcional. La ausencia de lo que causaba la alegría llega, pues en esta vida todo es impermanente, y tiene lugar una pequeña muerte que nos anticipa nuestro irremediable final donde todo apego y toda cadena que nos une a este mundo serán disueltos.

Es ahí, donde ya no hay mas vibración, donde esta el lugar de lo inmutable, de lo eterno, de Dios. Ahí esta el silencio que sostiene todos los ruidos; el vacío lleno que sostiene todas las ondas; la esencia que sostiene todos los fenómenos; el lugar donde no hay si-no sino solamente el gran SI, lo que Es.

Pongamos nuestra esperanza y busquemos nuestra alegría en el inmutable, busquemos alcanzar ese gran silencio de la muerte mística donde el aspirar – espirar de la respiración cesa, el péndulo se detiene, la serpiente alza el vuelo, la canción de nuestra vida se silencia y deja lugar a la canción de las canciones y ya no hay perturbaciones temporales sino solo la presencia de El Que Es; El Gran Rey Cristo Jesús; nuestro Señor y Salvador.

Identidad, seguridades y aceptación de nosotros mismos

Como una reacción al dolor y a la carencia que experimentamos al nacer en este mundo, cada uno de nosotros ha desarrollado una personalidad (etimológicamente del griego máscara) que le sirve como refugio para afrontar el día a día con todo lo que conlleva. Esta personalidad, que confundimos con nuestra verdadera identidad, esta fundamentada sobre ciertos pilares que son las cualidades en las que depositamos nuestra autoestima. Así, alguien dotado de excepcional belleza o inteligencia  fundamentará su autoestima  en esas cualidades y depositará en ellas su seguridad a la hora de relacionarse con el mundo exterior y todo lo que conlleva. Lo mismo ocurre cuando nos sobreidentificamos con un determinado rol que desempeñamos en un determinado momento de nuestra vida, ya sea una determinada profesión de la que nos sintamos orgullosos, alguna otra función que desempeñemos o algún determinado logro como por ejemplo ser campeón de algún deporte.

El problema (y la solución) radica en la fragilidad de esas columnas. Una parte fundamental en el camino de conocimiento de Dios y de nosotros mismos pasa por la demolición de estas frágiles columnas o fortalezas donde fundamentamos nuestra seguridad. La providencia divina nos regalará las vivencias necesarias para que se evidencie esta fragilidad. Estos son momentos de gran dolor y amargura que se viven como una autentica muerte ya que, realmente, aquella falsa identidad con la que nos identificábamos muere. Podemos encontrar un ejemplo común en mujeres hermosas que, como consecuencia de una sociedad donde en gran parte se ha valorado a las mujeres por su belleza, han depositado en su hermosura su seguridad y se han sobreidentificado con ella. Estas mujeres sufrirán una mala vejez y sentirán como una muerte la natural pérdida de la belleza que acompaña el envejecimiento; sufrirán lo que se llama un crisis de identidad. Muchas de ellas recurren a la cirugía estética para intentar remediar lo inevitable. Todos nosotros tenemos esas columnas, esas ciudades amuralladas. Podemos reconocerlas por la exagerada reacción de ira, amargura, tristeza que surge en nosotros cuando algún evento hace que se tambaleen. Así, alguien que haya fundamentado su autoestima sobre su inteligencia, sentirá terror a hacer el ridículo quedando como un tonto, un campeón de tenis que se haya sobreidentificado con ese logro vivirá como una muerte el momento en el que empiece a perder partidos y no podrá tener paz consigo mismo a menos que gane o el matón del instituto vivirá momentos tristes y amargos cuando el niño nuevo le de una paliza. Muchos de los autoreproches nacen de nuestra incapacidad de proteger esas frágiles columnas de las embestidas de la vida, nuestra incapacidad de proteger nuestra frágil identidad de su inevitable muerte.

Cuando el hombre experimenta el amor de Dios es cuando puede aceptarse plenamente a si mismo. Entonces se siente amado, deseado, protegido y en Paz con toda la creación. La anterior hostilidad del mundo exterior desaparece y el hombre transfiere los cimientos de su seguridad y de su identidad desde aquellas frágiles columnas al eterno y estable amor de Dios. El descanso y la paz que experimenta no se puede describir. Ya no tiene que mantener aquel agotador esfuerzo por proteger la imagen de si mismo que le permitía desenvolverse y relacionarse consigo mismo y con el exterior. Lo que es o lo que deja de ser ya no le preocupa; es amado por Dios y eso basta. Ha vislumbrado su verdadera naturaleza de Hijo de Dios y ha encontrado su verdadera identidad, su verdadero Nombre, en el Amor De Dios.

Este momento es el FIAT LUX que separa el día de la noche y a partir de aquí se iniciará una lucha entre la luz y las tinieblas en la tierra de nuestro ser. Las viejas tendencias del hombre aún no han sido purificadas y el deseo de ser por nosotros mismos al margen de Dios, nos impulsa a robarle lo que gratuitamente nos estaba regalando, edificarnos unas nuevas y frágiles columnas como las anteriores y, reproduciendo el pecado de Lucifer, pudrirnos con el recuerdo del ser que recibíamos de Dios en la oscuridad de nuestro orgullo. Nos volvemos a crear otra falsa identidad sobre las columnas del recuerdo de lo que gratuitamente recibíamos de Dios y nos alejamos de ÉL. El sentido de las noches oscuras y purificaciones es librarnos de esas tendencias, destruir esas columnas y humillar nuestro orgullo a fin de que reconozcamos que todo lo que somos es un puro Don de Dios y no busquemos nuestra seguridad en lo que nosotros somos sino en Dios.

En estas etapas en las que el hombre se siente abandonado e incluso rechazado por Dios también surgirán autoreproches y escrúpulos que mas nacerán de aquella incapacidad para mantener nuestra nueva falsa identidad que del verdadero arrepentimiento.

Al final del camino, ya libres de egoísmo, de pecado y de culpa, muerto el hombre viejo y purificados de sus tendencias, devolveremos a Dios toda la gloria, todo el ser, nuestro Nombre verdadero, nuestra verdadera identidad que recibimos de Él.

   

El que habla de si mismo, su propia gloria busca; mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. Juan 7:18

Porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. Lc 14:11

   
   

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