La Ley, la Gracia y el Espíritu Santo.

El hombre, desde que cayó en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismo por el pecado original, está bajo la maldición de la ley. Es imposible para el hombre cumplir la ley mediante sus fuerzas naturales y en consecuencia vive en el pecado arrastrándose por la tierra y tragando el polvo de las miserias del exilio. La ley debe ser cumplida espiritualmente; solo el Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo es capaz de cumplir la Ley y, libre de todo egoísmo, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo; mandamientos que Nuestro Señor destacó como los fundamentales indicando que todos los demás dependían de ellos.

Es por esto que Cristo indicó que el no vino a abolir la Ley y los profetas sino a darles cumplimiento. Cristo, El Hombre Nuevo, paradigma del Hombre regenerado, sin pecado, cumplía naturalmente la Ley y, por el regalo de Su Santo Espíritu, nos capacita para cumplirla a nosotros los cristianos transformando nuestra naturaleza caída, regenerándonos y haciéndonos Hombres Nuevos sin pecado a su imagen y semejanza. Entonces es Cristo mismo el que cumple la Ley en nosotros, pues entonces Él es en nosotros y nosotros somos en Él (Juan 14:20 y 17:21-23). Cristo mismo es la Ley y solo transformándonos en Él y participando de su Ser, de su Vida es posible cumplir la Ley. Este es el Paraíso, la tierra prometida y la tierra de los vivientes; Cristo.

Hasta aquí hemos visto como la manera de cumplir la Ley es haciéndonos uno con Cristo y cómo esto solo es posible mediante la obra transformativa del Espíritu Santo en nosotros y no mediante nuestros esfuerzos. Ahora bien, ¿Son necesarios nuestros esfuerzos y nuestras obras para que el Espíritu Santo pueda realizar esta obra Santa en nosotros? ¿Cual es el papel que jugamos nosotros en nuestra Salvación?

Las palabras de Cristo en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8) son claves para traer luz a esta cuestión. En este pasaje Cristo nos indica que es posible que la palabra caiga en mala tierra o que sea ahogada por los cardos y los espinos, los afanes de este mundo, y no fructifique. La tierra alude a nuestro ser en este mundo y a nuestra relación con este siglo y todo lo que conlleva. La semilla alude a la palabra de Dios: tanto a la buena nueva del evangelio, como a Cristo, Palabra de Dios, en nuestro corazón como Espíritu Santo y a la Fe (sal 126:6, Mateo 17:20) y los frutos aluden a la Vida eterna, la vida nueva en el Espíritu, la comunión con Dios a la que hacíamos referencia que es el fin de la vida Cristiana.

Es en la tierra, en su relación con las cosas transitorias de este siglo, donde el hombre puede actuar. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la Gracia. No podemos sustituir la obra transformativa del Espíritu Santo con nuestros esfuerzos pero si que es nuestra responsabilidad cuidar nuestra tierra enfocando nuestra vida en Cristo y evitando diluirnos en los asuntos de este mundo a fin de que el Espíritu Santo pueda hallar en nosotros una tierra fértil donde la semilla de la Fe pueda germinar, crecer y producir los frutos del reino. Mediante la oración, el agua y la luz de Dios necesarias caerán del cielo y la semilla de la fe se convertirá en el gran árbol del reino (Mateo 13, 31-35).

Lo que esta en nuestra mano es desenvolvernos en este mundo lo mas fielmente posible a las instrucciones de Cristo, siempre confiando en su misericordia ante nuestras inevitables caídas (MT 18:7), y buscar recibir todo lo demás en la oración. Los pies bien asentados en la tierra (buena conciencia) mirando al sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros o mejor dicho cuando aún no hemos sintonizado con el amor que Dios nos tiene, pues amar a Dios es dejarse amar por Él. Aquí el hombre se conduce intentando agradar a Dios interpretando cual será su voluntad mediante el concepto que se ha formado de Dios por la lectura de la Biblia y la educación que ha recibido pero no tiene una experiencia real ni una guía directa de Dios.

Llega un momento, cuando el sentimiento de la presencia de Dios se ha hecho fuerte en nosotros y ha pasado a ser sensible, cuando el árbol se ha hecho grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas (Lc 13:32), en que resulta mucho mas sencillo pararse a discernir y hacer las cosas siguiendo la voluntad de Dios. En estas etapas de comunión esa luz de la presencia de Dios en nosotros nos indica el camino a seguir y en caso de duda, cuando tenemos dudas sobre como debemos actuar no estando seguros de si una acción en particular va a ser o no conforme a la voluntad de Dios, es util seguir un consejo que leí en el blog elsantonombre: proyectarnos en el futuro e imaginarnos habiendo realizado la acción acerca de la cual tenemos dudas; entonces la gracia nos mostrará si ese es o no el camino que debemos tomar viéndose o no fortificado el sentimiento de amor, paz y comunión con Dios. Aquí el hombre ya no se conduce movido por su interpretación de cual será la voluntad de Dios sino que Dios mismo le guía y le mueve de manera directa.

Este estado de comunión es a lo que se refieren los orientales cuando hablan de hacer descender el intelecto al corazón, lo que, si no me equivoco, es equiparable al estado de Gracia o a caminar en el Espíritu. Antes de llegar aquí es necesario gran esfuerzo y lucha para dominarnos y hacer la voluntad de Dios, pero aquí ya contamos con una ayuda sensible del Espíritu Santo y la paz supramundana y el amor a Dios se convierten en un refugio contra los zarandeos de los deseos de la carne y un punto de apoyo que nos permite vivir haciendo la voluntad de Dios de manera natural.

El amor a Dios es la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo. En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Entonces vivimos la vida del Espíritu y de manera natural cumplimos la ley, pues en esos momentos, el Hombre Nuevo, que no puede pecar porque es Hijo de Dios nacido de Dios (1 Juan 3:9) domina en nosotros en lugar del hombre viejo carnal esclavo del pecado.

Ahora bien, los autores con experiencia en esto siempre dejan bien claro que este estado de gracia o unión del intelecto y el corazón, no es algo que se pueda obtener por los propios esfuerzos sino que es puro Don de Dios que nos será otorgado cuando El considere oportuno. Hasta entonces debemos luchar lo mejor que sepamos y podamos y esforzarnos en enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y guardarnos de los afanes de este siglo a fin de que la buena semilla se desarrolle y fructifique. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones. En estos momentos en que nuestra debilidad e impotencia se hacen patentes debemos confiar ciegamente en Cristo apoyándonos en su omnipotencia, su misericordia y su amor por nosotros perseverando hasta el fin. El que persevere hasta el fin, éste será salvo. MT 24:13.


                       

Citas:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. génesis 3:17-18

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 5:20

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. juan 5:39-40

Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. juan 9:41

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. Juan 14:20

para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.Juan 17:21-23

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). galatas 3:13

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. romanos 3:20

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. romanos 7:14

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 1 Juan 3:9

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1 corintios 3:13-15

el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:28-29


             



Enlace recomendado sobre la misma temática : EL ESPÍRITU SANTO, LEY NUEVA DEL CRISTIANO. Raniero Cantalamessa

De los nombres de Dios – versión resumida


1- EL LOGOS. EL NOMBRE DE DIOS


Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer. Jn 1:18 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Colosenses 1:15-18

El que me ha visto a mi ha visto al Padre. Jn 14:9 

Dios está más allá de todo nombre y da nombre a todo lo demás. Puesto que el nombre es lo que define a lo que nombra, para que algo tenga nombre ha de ser perceptible. Dios está más allá de todo y no hay ningún nombre que le pueda contener.

Dios, a fin de manifestarse y comunicarse, se autolimita, se nombra a Si mismo, toma Nombre en su Logos (palabra o verbo). El Logos es el Nombre de Dios; es la manifestación de Dios; es Dios mismo manifestándose. Dios, exceptuándose a sí mismo que se conoce en su propia plenitud, no puede ser percibido si no es a través de su Logos. EL Logos es la palabra limitada que surge del ilimitado silencio, Dios pronunciándose a Sí mismo. Todo lo que existe subsiste en el Logos de Dios, Él es la esencia de todas las esencias, el fundamento de todo lo que es; todas las cosas reciben su nombre, su ser, del Logos de Dios; del Nombre de Dios. Es por esto que está escrito: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan1:4.  El es nuestra vida porque El es la fuente de nuestro Ser, donde recibimos nuestro ser, donde recibimos nuestro Nombre. Este Nombre que recibimos de Él, está contenido en El Nombre de Dios y no es sino un reflejo limitado del Nombre de Dios; una manifestación parcial de su ilimitada gloria. Todas las cosas toman su ser del Nombre de Dios; todos los nombres están contenidos en el Nombre de Dios.


2- NUESTROS NOMBRES



El Logos de Dios nos ha creado y nos ha dado un ser; una capacidad de percibirlo y de recibirlo y manifestarlo. A cada uno de nosotros, nos ha concedido ser y manifestar un aspecto de Sí mismo. Esta capacidad de percibirlo, recibirlo y manifestarlo es diferente en cada uno de nosotros. No hay nadie que pueda percibirlo y recibirlo por entero, pues esto equivaldría a conocer Su Nombre, el Nombre sobre todo Nombre que solo Él conoce y equivaldría a ser igual a Él. Él es el único que puede conocer su propia plenitud: “Y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Apocalipsis 19:12”. Sin embargo, cada uno de nosotros percibe, recibe y manifiesta, cada uno de nosotros Es, un aspecto distinto del Logos de Dios, un aspecto distinto de su Nombre. Ese aspecto del Logos de Dios que percibimos, recibimos y manifestamos es el Nombre que le damos al Logos de Dios, y al darle ese Nombre recibimos ese mismo nombre que le damos. Ese Nombre que le damos al Logos de Dios y que al dárselo recibimos de Él es nuestro verdadero Nombre; ese Nombre es nuestro verdadero ser, nuestro verdadero yo, nosotros mismos. La santidad no es otra cosa sino el descubrimiento de este Nombre, de nosotros mismos, de Dios. Nosotros somos los Nombres de Dios, particulares y limitados reflejos de su ilimitada Gloria. Por esto cuando conocemos al Logos de Dios somos conocidos por Él, por eso conocer al Logos de Dios es conocerse a uno mismo. Aquí toman sentido las palabras de San Pablo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”. 1 Corintios 13:12.


3- LA CAÍDA


Tras el pecado original, el hombre está separado del Logos de Dios, que es su vida y la fuente de su ser. En consecuencia, ha perdido su verdadero Nombre, su verdadero Yo. El hombre no se conoce a si mismo porque no conoce a Dios; está espiritualmente muerto porque está separado de Dios, que es la fuente de su ser. Así como si separas un rayo de sol del Sol, fuente de todos los rayos, este rayo desconectado de su fuente está automáticamente separado de los demás rayos que proceden del sol, nosotros estamos separados de Dios y de todos y de todo lo demás.

Tras el pecado original, el hombre está separado del Logos de Dios, que es su vida y la fuente de su ser. En consecuencia, ha perdido su verdadero Nombre, su verdadero Yo. El hombre no se conoce a si mismo porque no conoce a Dios; está espiritualmente muerto porque está separado de Dios, que es la fuente de su ser. Así como si separas un rayo de sol del Sol, fuente de todos los rayos, este rayo desconectado de su fuente está automáticamente separado de los demás rayos que proceden del sol, nosotros estamos separados de Dios y de todos y de todo lo demás.


4- NUESTRA REDENCIÓN



El Logos de Dios, Dios, se hizo hombre en Jesucristo y murió en la cruz para volvernos a unir a Sí.  No es casualidad que la cruz sea como es +. El palo vertical símbolo de lo celestial, de Dios y el horizontal símbolo de lo terrenal, del hombre. Ambos encontrándose en la humanidad de Dios en Jesucristo. El cielo y la tierra, Dios y la humanidad reconciliándose en la muerte de Cristo, en la cruz, en la unidad del punto donde se cruzan ambos palos +. Cuando la obra redentora de Jesucristo nos haya devuelto la unión con Él estaremos de nuevo unidos a nuestra fuente y al estar todos unidos a la fuente, estaremos unidos los unos a los otros y la plegaria de Jesucristo en Juan 17 se habrá cumplido. Todos seremos uno. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:21-23

Como consecuencia de la caída, de nuestro estado de separación de Dios, tenemos un nombre falso del que proceden nuestros nombres falsos. Esta es la imagen de la serpiente en nosotros, la imagen de la bestia, el hombre viejo, nuestro falso nombre del que proceden nuestros falsos nombres.  Nuestro verdadero Yo, nuestro verdadero Nombre, solo puede hacer el bien; solo puede engendrar buenos hijos, buenos nombres, porque sus obras son hechas en Dios (Juan 3:21)  y lo que nace de Dios no puede pecar (1 Juan 3:9). Sin embargo, de nuestro falso nombre solo pueden salir falsos nombres, malas obras, malos hijos de la mentira que no tienen su raíz en Dios.

Solo Cristo puede liberarnos de nuestros falsos nombres cuando nace en nuestros corazones y aplasta la cabeza de la serpiente en nosotros concediéndonos recuperar la imagen de Dios; nuestro nombre verdadero que procede de Dios. Entonces nuestro falso nombre deja de ser y recuperamos nuestro verdadero nombre que procede de Dios, del que proceden nuestros nombres verdaderos, nuestros buenos hijos que tienen su raíz en Dios. Entonces nos conocemos a nosotros mismos, nuestro verdadero nombre, nuestro verdadero yo que Dios creó. 

El que tiene oído para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. Apocalipsis 2:17



5- LA REDENCIÓN DEL COSMOS. EN LA CARNE DE CRISTO GLORIFICADA LA MATERIA DEL MUNDO FUE DEIFICADA.


La creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo.

Romanos 8:21-23



Nuestros nombres falsos y nuestro estado de separación de Dios son la causa del cosmos en el que vivimos. Así, como en el Reino de Dios el “cosmos espiritual” es imagen de nuestros cuerpos espirituales, que son la manifestación exterior de nuestros nombres que a su vez manifiestan un aspecto del Nombre de Dios, aquí, el cosmos material es imagen de nuestros cuerpos carnales, que son una manifestación del error, de nuestros nombres falsos y de nuestro estado de separación de Dios.

Cuando, por el fuego de Dios, que es el mismo al que Cristo se refirió cuando dijo “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?” Lucas 12:49, seamos limpiados de todos nuestros falsos nombres, cuando conozcamos nuestro verdadero nombre, cuando el anticristo “que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios. 2 Tesalonicenses 2:4” haya sido destronado, la muerte haya sido muerta en nuestros corazones y Jesucristo sea Rey en su trono en nuestros corazones y sea Rey en toda la tierra de nuestro ser; cuando hayamos vencido a la imagen de la Bestia (Apocalipsis 15:2), entonces se cumplirá lo que dijo San Pablo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” 1 corintios 13:12.  Entonces conoceremos a Dios en la plenitud que el Él nos ha concedido a cada uno y le daremos el Nombre que Él nos ha concedido a cada uno; recibiendo ese mismo Nombre habremos llegado a la medida de Cristo y habremos dado a luz a Cristo (Juan 16:21, Gálatas 4:19, Apocalipsis 12:5, Efesios 4:13). Se habrá cumplido lo que dice San Pablo: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”  Efesios 4:13. Su obra redentora habrá llegado a su plenitud en nosotros.

Entonces se cumplirá lo que dice San Pablo: “la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora” Romanos 8:21-22. Pues esos dolores de parto visibles en la creación, en lo exterior, no son sino el reflejo del estado caído de nuestro propio corazón hasta que hayamos dado a luz a Cristo (Juan 16:21, Gálatas 4:19, Apocalipsis 12:5, Efesios 4:13). Entonces la creación pasará de ser imagen de nuestro estado caído, imagen de la serpiente, de nuestros falsos nombres,  a ser imagen de nuestra plenitud, de la unión con Dios, de nuestros nombres verdaderos, imagen de Dios, “y Dios será todo en todo” 1 corintios 15:28. La redención del cosmos no es sino el reflejo exterior de la redención interior de los Cristianos. La muerte de la Bestia y la muerte de la muerte en el exterior no es sino la manifestación exterior de la muerte de la Bestia y de la muerte de la muerte en el corazón de los Cristianos. La nueva Jerusalén exterior no es sino manifestación y reflejo exterior de los Nombres de los Cristianos que son manifestaciones del Nombre de Dios, manifestaciones de Dios.

Entonces, la pureza de lo “material espiritual” de la Nueva Jerusalén será la manifestación de la pureza de Dios porque será imagen de nuestros cuerpos espirituales, nuestros cuerpos serán la manifestación de nuestros nombres (de nosotros mismos) y nuestros nombres serán la manifestación del Nombre de Dios. Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: “sorbida es la muerte en victoria” 1 corintios 15:54 “y Dios será todo en todo” 1corintios 15:28. 

Entonces viviremos en la ciudad que descendió de Dios (Apocalipsis 3:12 y 21:2) igual que nuestros nombres descendieron de Él y, como Adán en el paraíso, le pondremos a las cosas sus verdaderos nombres (Génesis 2:19), que tendrán su raíz en Dios y “Dios será todo en todo” 1corintios 15:28.

Entonces, el nombre de Dios habrá sido glorificado en nosotros y todo lo que sea será una manifestación de Dios.

Este Nuevo mundo y nuestros Nombres Nuevos yacen escondidos en el viejo mundo y en nuestros nombres viejos como el árbol yace escondido en la semilla. De esto trataremos más adelante en la entrada “La Gran Señal en el Cielo.”

 


Nota: En la versión larga de «De los Nombres de Dios» escribo tres «estados» de Dios: Dios mas allá de todo, Dios todo 0 y Dios Logos 1. Sin embargo en la versión corta solo distingo dos: Dios y El Logos de Dios. 

También escribo en la versión corta que en Nombre de Dios es el Logos de Dios y en la versión larga que Dios se Nombra a Si mismo en Dios Todo 0 y que Dios Logos comparte ese Nombre.

Ambas perspectivas son compatibles: Desde nuestro punto de vista Dios no tiene otro Nombre sino su Logos. Puesto que la esencia eterna de Dios Todo 0 está mas allá de toda posible percepción, es incognoscible. Sin embargo, Dios Todo 0 si se percibe a Sí mismo en su plenitud, es decir, conoce su Nombre y, para El mismo, tiene un Nombre. El Logos comparte ese Nombre porque, aun siendo perceptible y cognoscible, se conoce a si mismo en su plenitud, se conoce a Si mismo como Dios 0 Todo, es decir, a un siendo el Logos de Dios, limitado y cognoscible, no deja de ser Dios Todo 0 , ilimitado e incognoscible salvo por Si mismo. De esta manera, vemos que Dios solo tiene un Nombre que abarca toda su eternidad y que nosotros solo podemos conocer parcialmente en su Logos. «y tiene un Nombre escrito que nadie conoce sino El mismo» AP 19:12. 

Cuando hablo de Dios Todo 0 hago referencia  Dios manifestándose, conociéndose a si mismo y cuando hablo de Dios Logos  hago referencia a Dios manifestándose, dándose a conocer al exterior.

Podriamos resumir todo esto en la idea de que el Dios Incognoscible se autolimita haciendose cognoscible en su Logos.