De la oscuridad a la luz


A continuación hablaré de los cambios que he experimentado en mi vida tras, habiendo tenido un pasado ateo/agnóstico, haber tenido un encuentro personal con Jesucristo y haberle recibido en mi corazón. Imagino que los efectos que este hecho tubo en mi vida son similares en esencia a los de los demás creyentes que han pasado de la oscuridad a la luz.

En primer lugar mencionaré el alivio indescriptible que el hecho de que Dios exista supuso para mi. No podía imaginar que el hecho de que Dios existiese iba a producir un alivio tan profundo en mi interior. Mas tarde me he dado cuenta de las profundas implicaciones que esto supone para nuestra vida. Nacemos en este mundo sin saber por qué ni para qué y la muerte nos espera a todos inexorablemente. Esto genera una intensa angustia y vértigo interior que todos llevamos dentro y el único remedio 100% efectivo es el conocimiento experiencial, y no la creencia aunque esta sea el primer paso, de que Dios existe. Esto por un lado soluciona el problema de la muerte que antes ni nos atrevíamos a mirar por el temor de desaparecer y por otro lado le da sentido a la vida y a los acontecimientos que la providencia nos trae, también a los amargos. Estos ya no están regidos por un caos aleatorio sin sentido ni objetivo sino que pasan a saberse dirigidos por la providencial mano de Dios y se reciben con Paz y esperanza sabiendo que si Dios lo ha permitido sacará bien de todo ello y que todo acabará bien. Para mi, el encuentro con Cristo supuso el paso de una época muy muy oscura donde la angustia existencial y la ansiedad dominaban llevándome a tratar de aliviarlas sin éxito o solo temporalmente mediante grandes dosis de medicación psiquiátrica, alcohol y drogas, a una etapa de Paz en el corazón. Ya no tomo ni una sola pastilla, ni alcohol, ni drogas de ningún tipo y la ansiedad y la angustia vital han desaparecido completamente. Ya no ando deambulando perdido como una oveja sin pastor sino que se que hay un camino: Jesucristo y mi vida tiene por fin servirle y acercarme a Él lo mas posible.

En segundo lugar quiero referirme al tema de la soledad. Antes de recibir a Jesucristo, uno realmente siempre esta solo. Por mas que uno tenga buena compañía en el exterior siempre queda un fondo de soledad en el interior que lo acompaña siempre porque uno piensa que nadie conoce eso que sucede en el interior sino que es el único que tiene conciencia de ello. Los sentimientos de soledad, de amargura, todos los sufrimientos, las dudas y toda la amargura se viven en soledad y con la impresión de que nadie los va a tener en cuenta, como si a la vida no le importaran y no los fuese a tener para nada en cuenta y se fuesen a perder en el infinito. La soledad es incomprensión. Por mucha buena compañía que tengamos en el exterior esta compañía no es realmente efectiva porque es imposible sentirnos 100% comprendidos y acompañados en el interior, por eso siempre siempre hay un sentimiento interior de soledad y de desamparo que nos acompaña. Cuando uno conoce que Dios es, esa soledad desaparece. Cristo le dice a uno al corazón «Yo siempre he estado contigo»; «Yo siempre te he acompañado». Las lagrimas de alivio no tardan en brotar. Ya sabemos que nunca hemos estado solos en ningún lugar de nuestro interior y que siempre somos 100% comprendidos por nuestro Señor. Sabemos que ni una de nuestras lágrimas se va a perder y que todas son tenidas en cuenta por nuestro Señor. Desde entonces nunca estoy solo, pues siempre puedo elevar mi corazón a Dios y hablar con aquél que siempre me acompaña sabiendo que me comprende al 100% y que siempre me escucha.

En tercer lugar quiero referirme a la seguridad que el saber que Dios es aporta al alma. Antes la existencia misma era hostil y aterradora. Como si detrás de todo hubiese solamente un abismo infinito que no cesa nunca de caer. Todo caía hacia todos lados porque no había un centro en ningún lugar. Ahora, en el lugar donde antes estaba ese abismo infinito está Dios, mi roca firme y todo ha dejado de caer. Por mas que los acontecimientos exteriores se tambaleen, se que Dios está al final firme e inamovible desde la eternidad. Antes no había arriba ni abajo porque no había un centro donde estos pudieran fundamentarse. Ahora Él es el centro y todo esta firme aunque todo se tambalee.

En cuarto lugar quiero referirme al tema de la aceptación de uno mismo. Antes de conocer a Cristo era imposible para mi aceptarme a mi mismo. Siempre había una especie de sospecha de que había algo malo, digno de rechazo en mi interior. Cuando uno conoce a Cristo uno se acepta completamente a si mismo pues se siente amado por alguien que sabe que conoce hasta el último recoveco oscuro de su ser; su creador y el creador de todo. De este tema se trató en la entrada identidad, seguridades y aceptación de nosotros mismos.

En quinto lugar quiero mencionar como el encuentro con mi Señor Jesucristo le ha dado un propósito a mi vida. Antes no vivía para nada, no tenía ninguna causa a la que entregar mi vida. Era como una oveja sin pastor que erraba de aquí para allá sobreviviendo saciando sus instintos primarios. Ahora se que hay un camino, Jesucristo, y trato de vivir para ÉL. Enorme diferencia hay en vivir por vivir, sin objetivo ni meta a vivir para algo.

En sexto lugar quisiera referirme al alivio que se experimenta cuando se sabe que ciertamente habrá justicia. Las malas obras del mal y de los malvados serán retribuidas con total justicia por el Juez mas justo y bueno que pueda haber. Podrá desembocar en castigo, misericordia o lo que sea, eso se deja en manos del Señor, pero se sabe que absolutamente todo será juzgado de la forma mas recta y justa posible.

En séptimo lugar quisiera mencionar que tras recibir a Cristo y saber que Él está ahí, siempre, absolutamente siempre, por horribles y desesperantes que las circunstancias externas puedan ser, hay un fondo de esperanza imposible de perder.




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Identidad y misión


Una de las tentaciones con la que es habitual encontrarse en el camino espiritual es la de buscar nuestra felicidad en el rol que la misión nos confiere, en el éxito de la misión y en la misión misma.

Frente a la ausencia de ser inherente a nuestro estado terrenal buscamos afirmar nuestra identidad identificándonos con el Rol que desempeñamos en nuestra actividad espiritual en lugar de buscar nuestra identidad profunda en Cristo. Intentamos llenar la carencia de ser que solo la presencia de Cristo puede colmar encerrandonos en falsas identidades que nos proporcionan una autoimagen mas agradable a nuestros propios ojos y la seguridad que conlleva.

De lo anterior se suceden varias consecuencias:

Por una parte no podremos tener Paz en nuestra actividad porque nuestra autoimagen dependerá del resultado de la misma. En consecuencia nuestra actividad estará teñida de preocupación, afán y ansiedad. También los celos, la envidia y la competitividad harán aparición y no podremos alegrarnos con el éxito de alguien en el area de actividad o rol donde fundamentamos nuestra autoimagen, pues sentiremos que de alguna manera nos está «robando» la identidad. Esta es la raiz de los celos y solo puede sanar cuando nos encontramos a nosotros mismos en Cristo y dejamos de buscar nuestra identidad en aquel rol o actividad.

Por otra parte la actividad nacerá siempre desde un fondo de egoísmo porque en el fondo la estaremos realizando para afirmarnos a nosotros mismos. Cuando creamos que estamos dando, en realidad estaremos cogiendo. Esto implica el realizar la actividad en nuestras propias fuerzas y no desde Dios, lo que, afortunadamente para nosotros, suele terminar en fracaso y en la necesaria muerte de aquella falsa identidad con la que nos habíamos identificado.

Además, la oración pasará a un segundo plano en nuestras vidas y nos será difícil permanecer centrados en ella por tener nuestro tesoro y nuestro corazón en la actividad que desempeñamos y no en Dios o en su búsqueda sincera.

Debemos tener claro que ningún éxito exterior, ninguna actividad por buena y Santa que sea nos va a hacer felices. Nuestra felicidad es Cristo, solo en Él encontraremos nuestra verdadera identidad y colmaremos nuestro anhelo de ser. Un amigo me dijo que, en una determinada circunstancia, había recibido esta palabra del Señor: «desaféctate». Así debemos intentar desafectarnos de nuestra actividad y de sus resultados.

Otra manifestación de la misma tentación ocurre cuando utilizamos los medios que deberían servir como instrumentos para el camino espiritual (la oración, la lectura bíblica..) para mirarnos con autocomplacencia construyendo una de esas falsas identidades «espirituales» o cuando inconscientemente buscamos ser «Santos», «místicos» o «contemplativos» solo para sentirnos especiales y regocijarnos en nosotros mismos sin darnos cuenta de que estamos formándonos una idea de esos conceptos completamente errada y basada en nuestros prejuicios y de que estamos cayendo precisamente en la actitud mas contraria a la realidad de esos conceptos encerrandonos en nosotros mismos en lugar de abrirnos a Dios.

¿Significa esto que debemos abandonar aquellos medios (la oración, la lectura bíblica..) o nuestra actividad? No. Lo que debemos hacer es ser sinceros con nosotros mismos y mirar nuestras motivaciones ocultas. Solo el hecho de tomar conciencia de ellas es una luz que ilumina esas tinieblas. Nuestra mirada es una luz que las ilumina; allí donde se toma conciencia de algo se hace la luz necesariamente, pues para ver algo es necesario que haya luz.

Sucede que al principio de la vida espiritual las tentaciones son evidentes y el camino a seguir aparece claro. Normalmente tiene que ver con abandonar ciertos comportamientos exteriores que nos generan sufrimiento a nosotros mismos y a nuestro alrededor. Poco a poco, a medida que vamos creciendo, el camino pasa a ser interior. Quizás exteriormente estamos haciéndolo todo bien pero cuando nos ponemos ante Dios en la oración el sentimiento de nuestra indignidad o de nuestra gran insolencia nos embarga. Podemos tratar bien al prójimo pero aún estamos muy lejos de amarle. En lo exterior obramos bien pero en lo interior aún es precisa una gran transformación. Es en esta etapa mas interior cuando debemos confiar más y dejarnos hacer por Dios. Gran parte del camino en esta etapa es ese llevar luz a nuestras oscuridades tomando conciencia de ellas y poniéndolas ante Dios. No temamos: Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17.

Pidámosle a nuestro Señor Jesucristo la gracia de buscar nuestra felicidad solo en Él y no en el éxito de ninguna actividad por santa y buena que nos parezca, pues en la medida en que busquemos nuestra felicidad en ellas y no en Dios no podrán ser del todo santas ni del todo buenas y las estaremos convirtiendo en ídolos que nos estarán alejando de Él.

NUEVO LIBRO: CRISTIANISMO ESPIRITUAL JESUCRISTO EN EL CORAZÓN



Tradicionalismo, progresismo y espiritualidad


El tradicionalismo, anclado en el pasado, comete el mismo error que los fariseos: incapaz de vivenciar las realidades interiores a las que las tradiciones litúrgicas hacen referencia, se queda en una adoración rígida e infructuosa de esas tradiciones a las que convierte en ídolos que mas dificultan que ayudan al camino espiritual. A estos, nuestro Señor les dice: Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro para que también lo de fuera sea limpio. MT 23:26.

El progresismo, anclado en el presente, cae en el error de pretender actualizar estas tradiciones litúrgicas sin haber establecido contacto con el Espíritu de Dios y, bajo el pretexto de la necesidad de llegar a todas las gentes, cae en el error de mundanizar la iglesia para hacerla mas atractiva a los ojos del mundo y ganar adeptos y, secularizándola y poniendo un velo de carne sobre la que debía ser la única alternativa a lo mundano, la convierte en mas mundo y oculta el camino de la verdad y de la vida.

Frente a estas dos actitudes está la que consideramos correcta, la espiritual, anclada en la eternidad: Acceder al Espíritu de la tradición y, desde ahí, en unión con la verdad interior que la tradición traduce en diferentes formas, en unión con Jesucristo nuestro Dios, actualizar la tradición viviéndola y vivificándola.

Envía tu Espíritu Señor y renueva la faz de la tierra.





Análisis del mundo moderno


Todas las civilizaciones precedentes han tenido un medio de relacionarse con el mas allá de la muerte. La realidad de la muerte ha estado presente en su cultura y han adoptado diferentes ritos o ceremonias que eran la manifestación exterior, a nivel social, de la dimensión espiritual en la concepción de la vida de sus habitantes y de su relación personal con el mas allá.

El hombre moderno, librado al ídolo de la razón y entregado a una concepción de la realidad materialista en la que solo es aceptado lo que puede ser constatado empíricamente, vive bajo el peso del sinsentido existencial en un mundo regido por el caos donde cualquier desgracia le puede suceder en cualquier momento y se ve avocado a llevar una vida que se convierte en una constante huida de la realidad de la muerte y de su angustia vital consecuencia de su interpretación materialista de la realidad. Una concepción de la realidad tal, en la que todo se termina con la muerte, es la causa directa del sistema de valores que prima en la sociedad capitalista y de la falsa interpretación de la realidad en la que se equipara la felicidad con el placer y con una vida tibia, fácil, con el menor sufrimiento posible en la que prime la sobresatisfacción de las necesidades naturales pero carente de un objetivo y un sentido profundo en contraposición a una vida sacrificada a una causa superior en la que el sufrimiento adquiere un sentido y se acepta y ofrece a la causa en cuestión. Esta es la gran desgracia del hombre moderno: No encontrar una causa a la que entregar su vida. «El hombre es capaz de soportar todo el dolor y el sufrimiento pero lo que no puede soportar es una vida carente de sentido». Pienso que esta ausencia de una causa a la que entregar la vida, que dote a la vida de sentido, es la principal causa de la epidemia de suicidios que asola los países mas desarrollados. 

Paralelamente, la angustia existencial, el profundo vértigo que mora en el centro del corazón humano consecuencia de esta interpretación materialista de la realidad que deja al hombre sin ningún apoyo ni referencia, sin arriba y sin abajo, sin bien y sin mal, cayendo siempre hacia todos lados, a merced del caos, la desgracia y la muerte, impele al hombre a vivir en una huida constante, volcado hacia el exterior, huyendo constantemente de si mismo y del horror que lo acompaña. Acuciado por el capitalismo y el consumismo que este promueve, el hombre vive en una especie de letargo, anestesiado por las comodidades que el sistema le ofrece, siempre buscando su felicidad y realización en lo exterior. Esta huida de nosotros mismos y este tedio existencial consecuencia de la ausencia de un sentido profundo es causa directa del desenfrenado desarrollo tecnológico en nuestra civilización, apoyada y sustentada en lo superfluo. Buscando nuestra realización y saciar nuestro anhelo eterno en lo exterior, la humanidad sigue a la tecnología ciegamente como a un Dios sin saber hacia donde le lleva ni para qué. Recoge las migajas que va dejando caer de sus manos, las traga y, tan hambrienta como antes, sigue en pos de su rastro en busca de nuevas experiencias, nuevas necesidades, nuevas formas de alienarse y de huir de su angustiosa condición. La actual crisis ecológica, es en realidad la manifestación en el plano material de la crisis espiritual que vive el mundo moderno. Toda la contaminación, la basura, la muerte y la devastación no son sino la manifestación de nuestro estado interior en el plano material. Le es preciso al Hombre cambiar el enfoque; afrontar la realidad de su condición y enfocar su vida en la búsqueda sincera de la respuesta a las preguntas esenciales: ¿quien soy?, ¿por que estoy aquí?, ¿para qué estoy aquí?, ¿cual es el sentido de la vida?; cambiar el enfoque y buscar su realización en lo interior y no en lo exterior. Le es preciso al hombre encontrarse a si mismo en Dios para destruir el imperio de satanás cuyos cimientos son la ignorancia de Dios.

¿Que ha llevado a la humanidad a perder la dimensión espiritual en su interpretación de la realidad? La iglesia católica, como portadora del mensaje de Cristo y religión mayoritaria en occidente, ha asumido la misión de guiar a la humanidad hacia la divinidad y dotar a la humanidad de los instrumentos necesarios para relacionarse con el mas allá de la muerte, por todo ello, ha de tener una responsabilidad especial en el asunto en cuestión. Por todos son conocidos los abusos que hombres codiciosos han perpetrado aprovechando su posición privilegiada en puestos de mando de nuestra amada Iglesia y, a primera vista, podría señalarse esta como una posible causa de la incredulidad imperante, sin embargo, pienso que el pueblo medio era mas religioso en épocas pasadas en las que la corrupción del clero era mayor o al menos mas evidente y, a pesar de la corrupción eclesial, verdaderas manifestaciones espirituales de Cristianismo florecían por doquier. Quizás las difíciles condiciones de aquellos tiempos, en los que la esperanza de vida era muy baja, tenían el efecto de hacer mas presente a la muerte y la realidad de la transitoriedad de la vida estimulando a la gente a buscar el auxilio de la divinidad y a poner su esperanza en la eternidad.. En lugar de todo ello, pienso que ha tenido mas responsabilidad la malinterpretación del mensaje cristiano: Fomentando exageradamente la dimensión moral de su mensaje, dibujando un Dios lejano y riguroso al que era preciso aplacar mediante una virtud nacida de nosotros mismos que solo puede llevar al orgullo, valorando una falsa pureza sobre la misericordia y la bondad, convirtiendo la vida espiritual que Cristo nos ha regalado con el don de Su Santo Espíritu en el mero cumplimiento de una serie de preceptos y leyes externas y convirtiéndolo en una pesada carga, la humanidad, incapaz de trascender la letra para alcanzar el Espíritu, lo exterior para alcanzar lo interior, El símbolo y el rito para alcanzar la realidad interior que simboliza, ha concebido un Dios que nos quita la libertad y, en busca de esta libertad, ha decidido matar a Dios y prescindir de Él. Es el momento de la noche oscura. Es el momento de que la humanidad compruebe que la libertad no tiene nada que ver con el libre albedrío, ni con obedecer a nuestras apetencias, ni con satisfacer todos nuestros deseos; Es el momento de que la humanidad compruebe que solo Dios puede colmar nuestro anhelo eterno; Es el momento de que la humanidad compruebe que Dios es nuestra libertad. Miro esta oscura etapa con optimismo. Así como Dios permite crisis de Fe y noches oscuras en la vida de los Cristianos para purificarlos, pienso que esta noche oscura a nivel global es una etapa necesaria para destruir todos los falsos conceptos que nos habíamos formado alrededor del concepto «Dios» y redescubrir a Dios en el verdadero amanecer.

La iglesia católica, consciente de la perdida de adeptos y acuciada por la amenaza del crecimiento de las comunidades evangélicas, ha adoptado la estrategia de enfatizar el aspecto moral y social del Cristianismo en detrimento del aspecto Espiritual, que constituye el verdadero núcleo del mensaje Cristiano, y, en lugar de fomentar los tesoros de mística y espiritualidad que la Iglesia católica alberga, ha optado por fomentar la secularización de sus formas con el objetivo de hacerse mas comprensible y cercana a la gente de a pie. Estoy en contra de la rigidez litúrgica y pienso que una verdad espiritual puede traducirse en muchas manifestaciones distintas, el problema viene cuando la liturgia deja de ser la traducción de una verdad espiritual y pasa a ser una mera manifestación terrena que no apunta a ninguna realidad interior desalándose la sal y perdiendo su función de acercar al hombre a esas realidades interiores que deberán experimentarse vivencialmente (ver entrada Del símbolo y la importancia de lo exterior). Se fomenta el uso de música moderna y se acompañan los tiempos de adoración con músicas con letras sentimentaloides que rompen el silencio; he visto frailes pisoteando la dignidad de su vocación bailoteando coreografías ridículas; se promueven dibujos de Cristo como un apuesto jovencito sonriente que atentan contra la hondura insondable, la solemnidad y el misterio que destilan sus Santas Palabras y la iglesia habla de todo y se olvida de la que debería de ser su única misión: acercar a las almas a Cristo. En definitiva, se sigue la errada estrategia de captar a las gentes mediante cebos de carne poniendo un velo terrenal sobre la iglesia cuya llamada es ser casa de oración y alternativa a lo terrenal y, cerrando así la única alternativa a lo terrenal, se le ofrece una imagen de Cristo y de su Iglesia al mundo completamente carnal y completamente alejada de los frutos del Espíritu. La iglesia debe reflejar el contacto con lo divino, todo lo terrenal debe callar en ella afín de que lo divino se manifieste. debe ser casa de oración y no guarida de manifestaciones mundanas. Además se vende toda esa parafernalia como si fuera espiritual confundiendo los frutos del espíritu con los frutos de la carne llamando al bien mal y al mal bien, a lo dulce amargo y a lo amargo dulce, arriba con abajo y abajo con arriba y poniendo un velo carnal y oscureciendo la luz del espíritu con luces de carne, se impide la manifestación de lo divino en la iglesia impidiendo que la gente, que tanto necesita a Dios, vea en ella una alternativa y una esperanza a la vanidad de este mundo.

Occidente necesita desesperadamente recuperar una dimensión espiritual en su concepción de la vida y la iglesia, portadora del mensaje de Jesucristo, que es la plena revelación de Dios y la respuesta de Dios a todas las necesidades existenciales de la humanidad, con grandes tesoros de Mística y Espiritualidad en sus arcas, cuenta con los medios para cumplir su misión y, con la mirada fijada en el cielo, dar a conocer a Jesucristo y llevar a las gentes a una relación personal con Él y servir de apoyo y ayuda en el camino de unión de las almas con Dios. En lugar de ello, posando su mirada en las cosas de la tierra, olvidando la que debería ser su única misión, se contenta con dar un mensaje social y moral que jamás podrá satisfacer los anhelos de eternidad del alma humana. Debemos dar media vuelta y fomentar la dimensión espiritual y mística del cristianismo y no su secularización. Cristo vino para Deificar la naturaleza Humana y llevarnos a la unión con Dios, no a crear una ONG ni a decirnos que tenemos que ser buenos en una dimensión moral. El Cristiano no es bueno, Dios mismo es la bondad del Cristiano. El Cristiano está llamado a desaparecer y encontrarse en la inmensurable bondad, la luz, el ser de Dios.



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