La oración de súplica


La oración de súplica es uno de los medios mas efectivos para acercarnos a Dios y sintonizar con su presencia. Nace de la conciencia de nuestra pobreza y total dependencia de Dios y al mismo tiempo potencia esta actitud de infancia espiritual.

¡Que liberador es entender que nosotros no podemos nada por nosotros mismos!; saberse inválido y conocer que Dios es la fuente de toda bendición; que TODO ESTÁ EN SU MANO y que lo único que nosotros podemos hacer es pedirle. Esta es la llave que abre todas las puertas: pedirle a Dios; es tan sencillo como eso. No puedo tener nada bueno si Él no me lo da. Todo bien está en su mano. Lo único que yo puedo hacer es pedírselo. Esta es la pobreza en espíritu de la que habla El Señor en los evangelios. Cuando entendemos esto con el corazón y no solo intelectualmente depositamos nuestras pesadas cargas sobre El Señor y el actúa en su omnipotencia. Este paso de la creencia intelectual a la verdadera creencia vivencial puede durar largo tiempo durante el cual nos afanamos preocupados como si la solución a los problemas que nos preocupan estuviera en nuestra mano. Ponemos la pesada carga del progreso espiritual sobre nuestros hombros como si la necesaria y milagrosa transformación que ha de darse en nosotros estuviera en nuestra mano en lugar de ser obra de Dios. Una manifestación de esto es la preocupación excesiva en la técnica de la oración, actuamos como si fuera el acto de la oración el que tiene capacidad transformante en lugar de Dios actuando en nosotros; como si fuera el acto de orar el que nos fuera a transformar y no El Señor que a su voluntad obra en nosotros. Esta actitud está relacionada con la desconfianza, el pecado y el deseo de hacer las cosas por nosotros mismos. Nos da vértigo admitir nuestra impotencia y depositar nuestras expectativas en El Señor en lugar de en nosotros mismos.

¿Significa esto que no debemos buscar? No; significa que debemos hacerlo sin preocupación y sin afán, sabiendo que solo Dios nos lo puede otorgar y que lo único que nosotros podemos hacer es pedirlo. Esa es la esencia de la búsqueda y la llave que abre la puerta: La súplica poniendo las expectativas en El Señor. Nuestro campo de acción es muy limitado. Podemos cambiar nuestra conducta mas exterior pero no el interior del que nacen las conductas e incluso la voluntad y la determinación de la que ha de nacer ese cambio de conducta exterior hemos de recibirla y no esta en nuestra mano el obtenerla «Dios pone el querer como el hacer» Filipenses 2:13. Solo la Gracia puede dulcificar nuestro corazón y transformar nuestras tendencias posesivas, egoístas y afanosas, raíz de nuestras malas conductas exteriores, en amor a Dios y al prójimo y Paz en el corazón. La verdadera transformación es obra de la Gracia, no está en nuestra mano el efectuarla, por eso sólo la súplica es la única llave que abre la puerta, mas allá de que nos dispongamos lo mejor posible para recibir la obra transformativa de la Gracia.

Este tipo de oración suele ser la mas efectiva para descender al corazón y despertar el Espíritu de oración en nosotros. Una vez la llama esta encendida y avivada, otros tipos de oración como la oración del corazón pueden pasar a ocupar la primacía en nuestra vida Espiritual. Aún así recomendamos nunca abandonar la oración de súplica y diálogo, pues sus beneficios son enormes. Ni siquiera Nuestro Señor abandonó este tipo de oración que, por otra parte, surge espontanea en nosotros cuando hemos adquirido cierta intimidad con EL Señor. Recordemos las numerosas exhortaciones que El Señor nos dirige para que le pidamos:

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7:7-8

Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea pleno. Juan 16:24

Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Marcos 11:24

Sin mi no podéis hacer nada. Juan 15:5

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Mateo 5:1-3




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De la oscuridad a la luz


A continuación hablaré de los cambios que he experimentado en mi vida tras, habiendo tenido un pasado ateo/agnóstico, haber tenido un encuentro personal con Jesucristo y haberle recibido en mi corazón. Imagino que los efectos que este hecho tubo en mi vida son similares en esencia a los de los demás creyentes que han pasado de la oscuridad a la luz.

En primer lugar mencionaré el alivio indescriptible que el hecho de que Dios exista supuso para mi. No podía imaginar que el hecho de que Dios existiese iba a producir un alivio tan profundo en mi interior. Mas tarde me he dado cuenta de las profundas implicaciones que esto supone para nuestra vida. Nacemos en este mundo sin saber por qué ni para qué y la muerte nos espera a todos inexorablemente. Esto genera una intensa angustia y vértigo interior que todos llevamos dentro y el único remedio 100% efectivo es el conocimiento experiencial, y no la creencia aunque esta sea el primer paso, de que Dios existe. Esto por un lado soluciona el problema de la muerte que antes ni nos atrevíamos a mirar por el temor de desaparecer y por otro lado le da sentido a la vida y a los acontecimientos que la providencia nos trae, también a los amargos. Estos ya no están regidos por un caos aleatorio sin sentido ni objetivo sino que pasan a saberse dirigidos por la providencial mano de Dios y se reciben con Paz y esperanza sabiendo que si Dios lo ha permitido sacará bien de todo ello y que todo acabará bien. Para mi, el encuentro con Cristo supuso el paso de una época muy muy oscura donde la angustia existencial y la ansiedad dominaban llevándome a tratar de aliviarlas sin éxito o solo temporalmente mediante grandes dosis de medicación psiquiátrica, alcohol y drogas, a una etapa de Paz en el corazón. Ya no tomo ni una sola pastilla, ni alcohol, ni drogas de ningún tipo y la ansiedad y la angustia vital han desaparecido completamente. Ya no ando deambulando perdido como una oveja sin pastor sino que se que hay un camino: Jesucristo y mi vida tiene por fin servirle y acercarme a Él lo mas posible.

En segundo lugar quiero referirme al tema de la soledad. Antes de recibir a Jesucristo, uno realmente siempre esta solo. Por mas que uno tenga buena compañía en el exterior siempre queda un fondo de soledad en el interior que lo acompaña siempre porque uno piensa que nadie conoce eso que sucede en el interior sino que es el único que tiene conciencia de ello. Los sentimientos de soledad, de amargura, todos los sufrimientos, las dudas y toda la amargura se viven en soledad y con la impresión de que nadie los va a tener en cuenta, como si a la vida no le importaran y no los fuese a tener para nada en cuenta y se fuesen a perder en el infinito. La soledad es incomprensión. Por mucha buena compañía que tengamos en el exterior esta compañía no es realmente efectiva porque es imposible sentirnos 100% comprendidos y acompañados en el interior, por eso siempre siempre hay un sentimiento interior de soledad y de desamparo que nos acompaña. Cuando uno conoce que Dios es, esa soledad desaparece. Cristo le dice a uno al corazón «Yo siempre he estado contigo»; «Yo siempre te he acompañado». Las lagrimas de alivio no tardan en brotar. Ya sabemos que nunca hemos estado solos en ningún lugar de nuestro interior y que siempre somos 100% comprendidos por nuestro Señor. Sabemos que ni una de nuestras lágrimas se va a perder y que todas son tenidas en cuenta por nuestro Señor. Desde entonces nunca estoy solo, pues siempre puedo elevar mi corazón a Dios y hablar con aquél que siempre me acompaña sabiendo que me comprende al 100% y que siempre me escucha.

En tercer lugar quiero referirme a la seguridad que el saber que Dios es aporta al alma. Antes la existencia misma era hostil y aterradora. Como si detrás de todo hubiese solamente un abismo infinito que no cesa nunca de caer. Todo caía hacia todos lados porque no había un centro en ningún lugar. Ahora, en el lugar donde antes estaba ese abismo infinito está Dios, mi roca firme y todo ha dejado de caer. Por mas que los acontecimientos exteriores se tambaleen, se que Dios está al final firme e inamovible desde la eternidad. Antes no había arriba ni abajo porque no había un centro donde estos pudieran fundamentarse. Ahora Él es el centro y todo esta firme aunque todo se tambalee.

En cuarto lugar quiero referirme al tema de la aceptación de uno mismo. Antes de conocer a Cristo era imposible para mi aceptarme a mi mismo. Siempre había una especie de sospecha de que había algo malo, digno de rechazo en mi interior. Cuando uno conoce a Cristo uno se acepta completamente a si mismo pues se siente amado por alguien que sabe que conoce hasta el último recoveco oscuro de su ser; su creador y el creador de todo. De este tema se trató en la entrada identidad, seguridades y aceptación de nosotros mismos.

En quinto lugar quiero mencionar como el encuentro con mi Señor Jesucristo le ha dado un propósito a mi vida. Antes no vivía para nada, no tenía ninguna causa a la que entregar mi vida. Era como una oveja sin pastor que erraba de aquí para allá sobreviviendo saciando sus instintos primarios. Ahora se que hay un camino, Jesucristo, y trato de vivir para ÉL. Enorme diferencia hay en vivir por vivir, sin objetivo ni meta a vivir para algo.

En sexto lugar quisiera referirme al alivio que se experimenta cuando se sabe que ciertamente habrá justicia. Las malas obras del mal y de los malvados serán retribuidas con total justicia por el Juez mas justo y bueno que pueda haber. Podrá desembocar en castigo, misericordia o lo que sea, eso se deja en manos del Señor, pero se sabe que absolutamente todo será juzgado de la forma mas recta y justa posible.

En séptimo lugar quisiera mencionar que tras recibir a Cristo y saber que Él está ahí, siempre, absolutamente siempre, por horribles y desesperantes que las circunstancias externas puedan ser, hay un fondo de esperanza imposible de perder.




La Ley, la Gracia y el Espíritu Santo.


El hombre, desde que cayó en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismo por el pecado original, está bajo la maldición de la ley. Es imposible para el hombre cumplir la ley mediante sus fuerzas naturales y en consecuencia vive en el pecado arrastrándose por la tierra y tragando el polvo de las miserias del exilio. La ley debe ser cumplida espiritualmente; solo el Hombre regenerado por el Espíritu de Cristo es capaz de cumplir la Ley y, libre de todo egoísmo, amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo; mandamientos que Nuestro Señor destacó como los fundamentales indicando que todos los demás dependían de ellos.

Es por esto que Cristo indicó que el no vino a abolir la Ley y los profetas sino a darles cumplimiento. Cristo, El Hombre Nuevo, paradigma del Hombre regenerado, sin pecado, cumplía naturalmente la Ley y, por el regalo de Su Santo Espíritu, nos capacita para cumplirla a nosotros los cristianos transformando nuestra naturaleza caída, regenerándonos y haciéndonos Hombres Nuevos sin pecado a su imagen y semejanza. Entonces es Cristo mismo el que cumple la Ley en nosotros, pues entonces Él es en nosotros y nosotros somos en Él (Juan 14:20 y 17:21-23). Cristo mismo es la Ley y solo transformándonos en Él y participando de su Ser, de su Vida es posible cumplir la Ley. Este es el Paraíso, la tierra prometida y la tierra de los vivientes; Cristo.

Hasta aquí hemos visto como la manera de cumplir la Ley es haciéndonos uno con Cristo y cómo esto solo es posible mediante la obra transformativa del Espíritu Santo en nosotros y no mediante nuestros esfuerzos. Ahora bien, ¿Son necesarios nuestros esfuerzos y nuestras obras para que el Espíritu Santo pueda realizar esta obra Santa en nosotros? ¿Cual es el papel que jugamos nosotros en nuestra Salvación?

Las palabras de Cristo en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-9, Marcos 4:1-9 y Lucas 8:4-8) son claves para traer luz a esta cuestión. En este pasaje Cristo nos indica que es posible que la palabra caiga en mala tierra o que sea ahogada por los cardos y los espinos, los afanes de este mundo, y no fructifique. La tierra alude a nuestro ser en este mundo y a nuestra relación con este siglo y todo lo que conlleva. La semilla alude a la palabra de Dios: tanto a la buena nueva del evangelio, como a Cristo, Palabra de Dios, en nuestro corazón como Espíritu Santo y a la Fe (sal 126:6, Mateo 17:20) y los frutos aluden a la Vida eterna, la vida nueva en el Espíritu, la comunión con Dios a la que hacíamos referencia que es el fin de la vida Cristiana.

Es en la tierra, en su relación con las cosas transitorias de este siglo, donde el hombre puede actuar. Lo demás, el crecimiento de la planta, es obra de la Gracia. No podemos sustituir la obra transformativa del Espíritu Santo con nuestros esfuerzos pero si que es nuestra responsabilidad cuidar nuestra tierra enfocando nuestra vida en Cristo y evitando diluirnos en los asuntos de este mundo a fin de que el Espíritu Santo pueda hallar en nosotros una tierra fértil donde la semilla de la Fe pueda germinar, crecer y producir los frutos del reino. Mediante la oración, el agua y la luz de Dios necesarias caerán del cielo y la semilla de la fe se convertirá en el gran árbol del reino (Mateo 13, 31-35).

Lo que esta en nuestra mano es desenvolvernos en este mundo lo mas fielmente posible a las instrucciones de Cristo, siempre confiando en su misericordia ante nuestras inevitables caídas (MT 18:7), y buscar recibir todo lo demás en la oración. Los pies bien asentados en la tierra (buena conciencia) mirando al sol (viviendo en oración).

En la experiencia dicen que el esfuerzo es mas necesario al principio, cuando las pasiones están mas vivas y el amor a Dios aún es débil en nosotros o mejor dicho cuando aún no hemos sintonizado con el amor que Dios nos tiene, pues amar a Dios es dejarse amar por Él. Aquí el hombre se conduce intentando agradar a Dios interpretando cual será su voluntad mediante el concepto que se ha formado de Dios por la lectura de la Biblia y la educación que ha recibido pero no tiene una experiencia real ni una guía directa de Dios.

Llega un momento, cuando el sentimiento de la presencia de Dios se ha hecho fuerte en nosotros y ha pasado a ser sensible, cuando el árbol se ha hecho grande y las aves de los cielos ¿quizás una alegoría de los pensamientos? hacen nidos en sus ramas (Lc 13:32), en que resulta mucho mas sencillo pararse a discernir y hacer las cosas siguiendo la voluntad de Dios. En estas etapas de comunión esa luz de la presencia de Dios en nosotros nos indica el camino a seguir y en caso de duda, cuando tenemos dudas sobre como debemos actuar no estando seguros de si una acción en particular va a ser o no conforme a la voluntad de Dios, es util seguir un consejo que leí en el blog elsantonombre: proyectarnos en el futuro e imaginarnos habiendo realizado la acción acerca de la cual tenemos dudas; entonces la gracia nos mostrará si ese es o no el camino que debemos tomar viéndose o no fortificado el sentimiento de amor, paz y comunión con Dios. Aquí el hombre ya no se conduce movido por su interpretación de cual será la voluntad de Dios sino que Dios mismo le guía y le mueve de manera directa.

Este estado de comunión es a lo que se refieren los orientales cuando hablan de hacer descender el intelecto al corazón, lo que, si no me equivoco, es equiparable al estado de Gracia o a caminar en el Espíritu. Antes de llegar aquí es necesario gran esfuerzo y lucha para dominarnos y hacer la voluntad de Dios, pero aquí ya contamos con una ayuda sensible del Espíritu Santo y la paz supramundana y el amor a Dios se convierten en un refugio contra los zarandeos de los deseos de la carne y un punto de apoyo que nos permite vivir haciendo la voluntad de Dios de manera natural.

El amor a Dios es la principal muralla que nos protege de las tentaciones y hace dulce el esfuerzo. En las etapas en las que ese amor es débil aparecen las tentaciones de buscar satisfacciones fuera de Dios pero cuando el fuego del amor a Dios arde con fuerza ni siquiera supone un esfuerzo abstenerse de los placeres del mundo porque lo único que se quiere es a Dios y todas nuestras pasiones están ordenadas correctamente hacia ÉL. Entonces vivimos la vida del Espíritu y de manera natural cumplimos la ley, pues en esos momentos, el Hombre Nuevo, que no puede pecar porque es Hijo de Dios nacido de Dios (1 Juan 3:9) domina en nosotros en lugar del hombre viejo carnal esclavo del pecado.

Ahora bien, los autores con experiencia en esto siempre dejan bien claro que este estado de gracia o unión del intelecto y el corazón, no es algo que se pueda obtener por los propios esfuerzos sino que es puro Don de Dios que nos será otorgado cuando El considere oportuno. Hasta entonces debemos luchar lo mejor que sepamos y podamos y esforzarnos en enfocar nuestra vida en la búsqueda de Dios y guardarnos de los afanes de este siglo a fin de que la buena semilla se desarrolle y fructifique. Los que tienen experiencia dicen que es necesario pasar por crisis de fe y amor en el camino de unión con Dios a fin de purificar nuestras intenciones. En estos momentos en que nuestra debilidad e impotencia se hacen patentes debemos confiar ciegamente en Cristo apoyándonos en su omnipotencia, su misericordia y su amor por nosotros perseverando hasta el fin. El que persevere hasta el fin, éste será salvo. MT 24:13.


                       

Citas:

Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo. génesis 3:17-18

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mateo 22:36-40

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Mateo 5:17

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. Mateo 5:20

Pues la ley por medio de Moisés fue dada, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida. juan 5:39-40

Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece. juan 9:41

En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. Juan 14:20

para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.Juan 17:21-23

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). galatas 3:13

ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. romanos 3:20

Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. romanos 7:14

Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; el cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. Mateo 13:31-32

Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. 1 Juan 3:9

la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego. 1 corintios 3:13-15

el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo; Filipenses 1:6.

y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Juan 10:28-29


             



Enlace recomendado sobre la misma temática : EL ESPÍRITU SANTO, LEY NUEVA DEL CRISTIANO. Raniero Cantalamessa


Exposición de la Fe Cristiana

PORQUE ESTAS CANSADO, ABURRIDO Y CABREADO.

PORQUE DE REPENTE TE HAS VISTO EN ESTE MUNDO Y NO LE VES UN SENTIDO.

PORQUE UNA VOZ TE DICE QUE LO ESENCIAL SE TE ESTA ESCAPANDO.

PORQUE TAMBIÉN TE DICE QUE LA VIDA NO PUEDE SER TAN CRUEL, QUE HAY UN SENTIDO.

PORQUE EL SEXO SE ACABA, NO TE LLENA Y LO VUELVES A DESEAR.

PORQUE CUANTO MAS LIBRE CREES QUE ERES MAS ESCLAVO TE SIENTES.

PORQUE CUANDO ESTAS ARRIBA BAJAS LO MISMO QUE HAS SUBIDO.

PORQUE VAS A MORIR.

PORQUE NO TIENES NADA QUE PERDER Y TODO QUE GANAR.

PIDÁMOSLE AYUDA A JESUCRISTO, PORQUE EL ES EL SENTIDO DE LA VIDA.

 

» yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida » juan 8:12

» yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al padre sino por mi » juan 14:6

» la verdad os hará libres » juan 8:32

 

1.Nuestro estado actual y el mal en el mundo y en nuestros corazones:

Es lógico pensar que no tiene sentido que el mundo sea imperfecto y que exista sufrimiento y mal en el mundo. ¿No tendría más sentido que todo fuera perfecto? Actualmente vivimos en un mundo caído. La causa es el pecado original; en la biblia está simbolizado por la desobediencia de Adán y Eva al comer del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal. No se sabe bien en qué consistió o que simboliza ese pasaje del Génesis, pero la consecuencia es el estado de separación del hombre con Dios que todos experimentamos.

Algunas consecuencias de este estado de separación del hombre con Dios son:

La infelicidad: Estamos diseñados para estar unidos a Él y solo en El podemos descansar y no descansaremos realmente hasta que volvamos a ser uno con EL. Tenemos una necesidad infinita que intentamos satisfacer de muchas maneras (mujeres, vino, comida, vicios, moralidad, intentar ser lo que no somos…) pero la única manera de satisfacerla es Dios.

El desconocimiento de nosotros mismos: Dios es la fuente de nuestro ser. Al estar separados de Dios estamos separados de nosotros mismos. Somos una sombra de lo que somos realmente, de nuestro verdadero «yo» que Dios creó. Estamos espiritualmente muertos. En esto consiste el pecado, cuando el hombre peca, se aleja de Dios la fuente de su ser, se aleja de su verdadero ser, muere espiritualmente, se demoniza.

El egoísmo en nuestros corazones: La voluntad propia contraria a la voluntad divina que nos separa de Dios y de la que solo Dios puede liberarnos. La imagen de la serpiente de la que solo Cristo puede liberarnos cuando nace en nuestros corazones y en nuestros corazones aplasta la cabeza de la serpiente (Génesis 3:15). Es entonces cuando conocemos nuestro nombre verdadero, el que Dios nos da, el que procede de Dios; es decir, cuando nos conocemos a nosotros mismos, a nuestro verdadero yo que Dios creó. Entonces recuperamos la imagen y la semejanza de Dios a que fuimos creados..

La muerte: del estado de separación del hombre con Dios deriva nuestra condición actual aquí en la tierra. De repente nos encontramos nacidos en este mundo y todos y cada uno de nosotros estamos condenados a morir. No sabemos por qué ni para qué estamos aquí pero sabemos que la guadaña de la muerte nos aguarda en cualquier momento y en cualquier lugar. Esta condición genera un profundo vértigo que todos llevamos dentro, lo que se suele llamar “angustia existencial”. Algunos son más conscientes de este vértigo y otros menos porque unos lo miran y otros lo evaden pero está en todos. Cuando el hombre conoce a Dios este abismo de vértigo se deshace como la oscuridad ante la luz. Ya sabe que todo tiene un sentido, que no somos el producto del caos ni de la casualidad, que todo tiene una razón de ser, que cada momento amargo de la vida tendrá una respuesta (Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos Apocalipsis 21:4) y que Dios Es y veremos su victoria eterna (en la cruz) sobre todo mal.

2.La salvación de Dios (Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se había perdido Mt 18:11):

Dios no nos abandonó y nos dejó en este deplorable estado sino que se hizo hombre, en Jesucristo, y vino a buscarnos para rescatarnos y devolvernos la unión con Él y, con ella, de todo el bien que habíamos perdido. Dios se unió a nuestra humanidad para que el hombre pueda unirse de nuevo a Él. Este estado de unión del alma con Dios es el paraíso. Si miramos la cruz + , el palo vertical simboliza la divinidad de Cristo, el horizontal simboliza la humanidad de Cristo y el centro simboliza la reconciliación de Dios y de la humanidad en el UNO, en el Corazón de Nuestro Señor Jesucristo en el punto donde ambos palos se cruzan. La humanidad y la divinidad reunida y reconciliada por la humanidad y divinidad de Cristo como El Señor oró a su Padre diciendo: “que todos sean uno” Juan 17:21.

Jesucristo murió en la cruz y al tercer día resucitó. La manera como Jesucristo nos salva es enviando su Espíritu Santo a nuestros corazones. El Espíritu Santo, es Dios, Cristo mismo que viene a habitar en el corazón del que se lo pide. Este Espíritu Santo (Hechos 16:6), Espíritu de Cristo (romanos 8:9), Espíritu de Jesús (Hechos 16:7), Espíritu de Dios (romanos 8:9), un único Espíritu (Efesios 4:4), es el que reproduce la sagrada imagen de Jesús en nosotros. Cuando recibimos el Espíritu Santo, el verdadero Sol, que es Jesucristo, así como nació en este mundo en Belén, nace en nuestro corazón; y de vivir en la noche pasamos a vivir en el día verdadero. Es El Espíritu de Cristo, cuando lo recibimos, el que nos va limpiando de nuestro falso yo, de nuestro egoísmo y nos va llevando al conocimiento de Jesucristo y en consecuencia al conocimiento de nuestro verdadero «yo» y a la unión con Dios (La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Juan 17:22).

Dios se hizo Hombre y murió en la cruz para enviarnos su Espíritu. Jesús es el primer Hombre, la raíz del nuevo pacto, la raíz de Jesé (Isaías 11:1), el primogénito de los muertos. Como está escrito en Juan él no era de este mundo: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” Juan 8:23. Ahora no somos más de este mundo porque Él, que nunca fue de este mundo, nos ha liberado de este mundo: “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:19. Por esto está escrito que Jesús no tenía pecado (2 corintios 5:21); Él no era un hombre normal como nosotros. La humanidad entera estaba sepultada en el pecado. Era necesario que Dios naciese como hombre y matara a la muerte y al pecado en nuestros corazones y después, como consecuencia, en el mundo exterior.

Jesús es el paradigma, el Hombre Nuevo, el primogénito, el primer renacido que nos ha abierto el camino a todos los demás. Cuando dice que El es el camino no se está refiriendo solo a su Santa presencia que nos guía en nuestros corazones, también se está refiriendo a su humanidad que debe ser reproducida en nosotros por Su Espíritu Santo. Nosotros los Cristianos estamos también llamados a seguirlo hasta la cruz y hasta el trono de Dios.

Los siguientes pasajes, entre otros, hablan del Espíritu Santo:

Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. Juan 4:13-14.

En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado. Juan 7:37-39.

Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. Juan 16:13-15.

Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Hechos 2:38.

3. conclusión:

Es probable que todo esto choque con nuestra racionalidad y nos cueste creer que es así. Además es posible que haya cometido algún que otro error en la exposición. En cualquier caso lo importante es que con sinceridad nos dirijamos a Jesucristo y le pidamos su ayuda. Él está ahí y ayuda a quien se lo pide. Dile lo que te salga del corazón, que quieres que te ayude pero que te cuesta creer y que te ayude a creer o que quieres conocerle o pídele ayuda y exponle tus preocupaciones… Lo que te salga del corazón. 

Todos hemos buscado la felicidad en donde no podíamos encontrarla y hemos cometido errores o pecados. También todos nos hemos dejado llevar por nuestro egoísmo y hemos hecho sufrir a gente, hemos hecho mal y nos hemos comportado indignamente. Todos necesitamos el perdón de Dios. Pidámosle a Jesucristo que nos perdone todo el mal que hayamos hecho y que nos ayude a cambiar. El no nos va a echar nada en cara. El desea más que nosotros que vayamos a Él para perdonarnos, limpiarnos y hacernos felices. «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. Juan 3:17».

Es de vital importancia recibir a Cristo. Antes de recibirlo estamos muertos, cuando lo recibimos volvemos a la verdadera vida, con Dios, como Jesucristo dijo:

De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas ha pasado de muerte a vida. Juan 5:24.

De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. Juan 5:25 .

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?. Juan 11:25-26.

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Juan 14:6 .