Identidad y misión

Una de las tentaciones con la que es habitual encontrarse en el camino espiritual es la de buscar nuestra felicidad en el rol que la misión nos confiere, en el éxito de la misión y en la misión misma.

Frente a la ausencia de ser inherente a nuestro estado terrenal buscamos afirmar nuestra identidad identificándonos con el Rol que desempeñamos en nuestra actividad espiritual en lugar de buscar nuestra identidad profunda en Cristo. Intentamos llenar la carencia de ser que solo la presencia de Cristo puede colmar encerrandonos en falsas identidades que nos proporcionan una autoimagen mas agradable a nuestros propios ojos y la seguridad que conlleva.

De lo anterior se suceden varias consecuencias:

Por una parte no podremos tener Paz en nuestra actividad porque nuestra autoimagen dependerá del resultado de la misma. En consecuencia nuestra actividad estará teñida de preocupación, afán y ansiedad. También los celos, la envidia y la competitividad harán aparición y no podremos alegrarnos con el éxito de alguien en el area de actividad o rol donde fundamentamos nuestra autoimagen, pues sentiremos que de alguna manera nos está «robando» la identidad. Esta es la raiz de los celos y solo puede sanar cuando nos encontramos a nosotros mismos en Cristo y dejamos de buscar nuestra identidad en aquel rol o actividad.

Por otra parte la actividad nacerá siempre desde un fondo de egoísmo porque en el fondo la estaremos realizando para afirmarnos a nosotros mismos. Cuando creamos que estamos dando, en realidad estaremos cogiendo. Esto implica el realizar la actividad en nuestras propias fuerzas y no desde Dios, lo que, afortunadamente para nosotros, suele terminar en fracaso y en la necesaria muerte de aquella falsa identidad con la que nos habíamos identificado.

Además, la oración pasará a un segundo plano en nuestras vidas y nos será difícil permanecer centrados en ella por tener nuestro tesoro y nuestro corazón en la actividad que desempeñamos y no en Dios o en su búsqueda sincera.

Debemos tener claro que ningún éxito exterior, ninguna actividad por buena y Santa que sea nos va a hacer felices. Nuestra felicidad es Cristo, solo en Él encontraremos nuestra verdadera identidad y colmaremos nuestro anhelo de ser. Un amigo me dijo que, en una determinada circunstancia, había recibido esta palabra del Señor: «desaféctate». Así debemos intentar desafectarnos de nuestra actividad y de sus resultados.

Otra manifestación de la misma tentación ocurre cuando utilizamos los medios que deberían servir como instrumentos para el camino espiritual (la oración, la lectura bíblica..) para mirarnos con autocomplacencia construyendo una de esas falsas identidades «espirituales» o cuando inconscientemente buscamos ser «Santos», «místicos» o «contemplativos» solo para sentirnos especiales y regocijarnos en nosotros mismos sin darnos cuenta de que estamos formándonos una idea de esos conceptos completamente errada y basada en nuestros prejuicios y de que estamos cayendo precisamente en la actitud mas contraria a la realidad de esos conceptos encerrandonos en nosotros mismos en lugar de abrirnos a Dios.

¿Significa esto que debemos abandonar aquellos medios (la oración, la lectura bíblica..) o nuestra actividad? No. Lo que debemos hacer es ser sinceros con nosotros mismos y mirar nuestras motivaciones ocultas. Solo el hecho de tomar conciencia de ellas es una luz que ilumina esas tinieblas. Nuestra mirada es una luz que las ilumina; allí donde se toma conciencia de algo se hace la luz necesariamente, pues para ver algo es necesario que haya luz.

Sucede que al principio de la vida espiritual las tentaciones son evidentes y el camino a seguir aparece claro. Normalmente tiene que ver con abandonar ciertos comportamientos exteriores que nos generan sufrimiento a nosotros mismos y a nuestro alrededor. Poco a poco, a medida que vamos creciendo, el camino pasa a ser interior. Quizás exteriormente estamos haciéndolo todo bien pero cuando nos ponemos ante Dios en la oración el sentimiento de nuestra indignidad o de nuestra gran insolencia nos embarga. Podemos tratar bien al prójimo pero aún estamos muy lejos de amarle. En lo exterior obramos bien pero en lo interior aún es precisa una gran transformación. Es en esta etapa mas interior cuando debemos confiar más y dejarnos hacer por Dios. Gran parte del camino en esta etapa es ese llevar luz a nuestras oscuridades tomando conciencia de ellas y poniéndolas ante Dios. No temamos: Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17.

Pidámosle a nuestro Señor Jesucristo la gracia de buscar nuestra felicidad solo en Él y no en el éxito de ninguna actividad por santa y buena que nos parezca, pues en la medida en que busquemos nuestra felicidad en ellas y no en Dios no podrán ser del todo santas ni del todo buenas y las estaremos convirtiendo en ídolos que nos estarán alejando de Él.

NUEVO LIBRO: CRISTIANISMO ESPIRITUAL JESUCRISTO EN EL CORAZÓN

La oración de Jesús u oración del corazón. Consejos para su práctica.

La oración de Jesús u oración del corazón consiste en la repetición continua, preferiblemente interior, de una frase corta que contenga el nombre de Jesucristo o del Nombre de Jesucristo solamente. La forma mas común, muy utilizada por los cristianos del este es: «Mi Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mi».

La practica de esta oración suele comenzar como un complemento de la oración de diálogo o utilizarse cuando queremos orar mientras estamos realizando otras actividades que nos impiden estar completamente concentrados en la oración; sin embargo, es común que con el paso del tiempo, este tipo de oración vaya tomando cada vez mas importancia en nuestra práctica espiritual hasta llegar a convertirse en la principal forma de oración.

Al principio su práctica es difícil y no proporciona satisfacción alguna pero si perseveramos llegaremos a comprobar que es una herramienta muy poderosa para permanecer sin distracción en la presencia del Señor. Mi consejo es que hasta que su práctica no nos reporte ninguna satisfacción la utilicemos de manera complementaria a la oración de diálogo (ver consejos sobre la oración de diálogo en la entrada La oración y sus efectos). La oración de diálogo, además de otros muchos beneficios, también ayudará a que la oración de Jesús progrese. Desde ahí, a medida que la oración de Jesús vaya dando fruto y experimentemos sus beneficios, le podremos ir dedicando mas tiempo exclusivo a su práctica además de, si queremos, utilizarla a lo largo del día mientras estemos realizando otras actividades.

Como hemos indicado hay dos formas de practicar esta oración: en quietud, dedicándonos a ella exclusivamente o mientras realizamos otras actividades.

A continuación mencionaré algunas dificultades que podemos encontrar en su práctica y algunos remedios que nos pueden ayudar.

La principal dificultad que encontramos en la práctica de la oración de Jesús mientras estamos realizando otras actividades es la volatilidad de nuestra atención. Depende de cual sea el tipo de actividad que estemos realizando esta nos demandará un mayor o un menor grado de atención. Hay actividades en las que es inevitable que la oración pase a un segundo plano y se mantenga como un fondo. Otras actividades, como pasear, si que nos permitirán una mayor atención a la oración. En cualquiera de los casos, cuando descubramos que nos hemos distraído y que estamos divagando, o que estamos repitiendo la oración muy de fondo, mecánicamente, sin apenas atención, es útil tomar conciencia de que El Señor esta ahí con nosotros escuchándonos. Considerar que nos está escuchando nos pone en su presencia. En cuanto tomamos conciencia de esto nos es mucho mas fácil volver a la repetición de la plegaria de manera mas atenta y centrada.

En cuanto a las dificultades que podemos encontrar cuando nos dedicamos a repetir esta oración en quietud, entre las mas habituales están: la distracción de la oración ya sea por tensiones o sensaciones corporales u otros pensamientos o divagaciones. La repetición superficial y desatenta que pasa como a un segundo plano mientras otros pensamientos captan nuestra atención. También la imposibilidad de repetir la oración por dolores y fuertes tensiones corporales. Los siguientes consejos podrán sernos de ayuda sobre todo en la etapa ardua, antes de que la oración comience a dar sus frutos y se vuelva gozosa:

  • Comenzar dedicando un tiempo a relajar el cuerpo y la mente. Esto es especialmente necesario si solemos experimentar molestias físicas durante la oración. También nos ayudará a repetir la oración de manera mas atenta y centrada. Podemos relajarnos atendiendo a la respiración o permanecer un rato en silencio relajándonos considerando por Fe que estamos ahí con El Señor. Este estado de relajamiento del cuerpo debemos tratar de mantenerlo durante todo el rato que dure la oración.

  • Repetir la oración muy muy lentamente, diciendo lentamente cada palabra de la frase, aunque dejemos bastante espacio de tiempo entre palabra y palabra. Esto nos ayudará a mantenernos relajados y a distraernos con menor facilidad.

  • Cuando descubramos que nos hemos distraído con divagaciones o que estamos repitiendo la frase mecánica y superficialmente recordar y tomar conciencia de que El Señor esta ahí con nosotros escuchándonos. Esto nos ayuda a ponernos en su presencia y a volver a la repetición de la plegaria de manera mas atenta y centrada.

  • Si nos cuesta mucho decir la frase completa podemos probar a repetir solamente el Nombre «Jesucristo». Podemos alternar entre el nombre solo y la frase completa cuando nos sintamos aburridos o fatigados de repetir una de las dos formas.

  • La actitud que debemos tener es la de «Solo quiero estar aquí con mi Señor pidiéndole su misericordia», no debemos estar a la expectativa de que nos suceda nada. debemos desestimar las sensaciones corporales y las otras distracciones utilizando el consejo de recordar que El Señor esta ahí escuchándonos para volver a centrarnos en la oración cuando nos hayamos distraído.


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¿Quién es mi madre y mis hermanos?


Jesús como nuestro Padre, nuestro hermano y nuestro Hijo. Como principio y como fin.

El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Marcos 3:33-35 Mateo 12:48-50 Lucas 8:21

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Apocalipsis 22:13



Padre, El principio

Jesús es el Verbo de Dios. Dios, silencio incognoscible e ilimitado mas allá de todo nombre y forma, se pronuncia a si mismo revelándose en su palabra, su Verbo. En este verbo, y por este Verbo, primera determinación de Dios, fue creado todo lo demás. Él es la vida de todo, donde todo lo que existe se fundamenta y toma su realidad. Lo que hay de real en las cosas es Él mismo, las cosas son en cuanto a que Él es en ellas. El es la esencia y la existencia pura. En cuanto a tal, el es nuestro Padre y el principio.

He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios. Apocalipsis 3:14.

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Colosenses 1:16



Hermano

Por el pecado original (ver ¿es este escrito el final de la duda?) el hombre se separó de la vida, del Verbo, de Dios, cayendo en el sueño de la muerte. Ciego, mudo y sordo, alejado de Dios y de si mismo, convertido en una sombra de lo que realmente es, el hombre cayó en su actual estado terrenal.

Este estado terrenal es una sombra de lo que estamos llamados a ser en el que reinan la carencia y el sufrimiento por estar separados de Dios. Es un estado equiparable a las necesarias tinieblas en las que ha de manifestarse la luz o la necesaria sed en la que ha de manifestarse la saciedad. Nuestra realización como seres humanos, nuestra misión, es reunirnos con Dios, nuestra vida, y despertar, pasando de ser tinieblas a ser luz en el Señor Efesios 5:8-9. La vida nos muestra imágenes terrenales de esta realidad en los Hijos terrenos que engendramos y en las plantas que surgen de la tierra. La tierra es imagen de nuestra condición terrenal y el cielo de la vida nueva en el Espíritu. Ahora vivimos en la oscuridad, en las raíces, sepultados en la tierra, somos la misma tierra. Nuestra misión es salir de la tierra dándonos a luz, dando a luz nuestra verdadera identidad, nuestro verdadero ser, dando a luz a Cristo y ser y dar sus frutos.

Para que esto sea posible, fue necesario que el Verbo, la vida, Dios, germinase este estado terrenal primero naciendo de Santa María en Jesús el Mesías y luego, por su muerte y resurrección, fecundándonos a nosotros enviando su Espíritu Santo sobre la tierra de nuestro ser. Entonces se abrió la matriz de la humanidad, espiritualmente estéril. Este Jesús de Nazareth, el Mesías, es el primer despierto, el primer cristiano, el primero que se realizó dándose a luz a si mismo, volviendo a hacerse uno con Dios, con Él mismo, con su divinidad de la que se había despojado. Así como al dar a luz, lo primero que sale al mundo exterior es la cabeza del niño, Jesús, que es la cabeza del cuerpo místico (Colosenses 1:18) resucitó el primero. El, Dios-Hombre, es el primogénito de los muertos que, rasgando el velo del Sancta Sanctorum, le abrió el camino de la vida, de la unión con Dios a toda la humanidad. Él es nuestro modelo y fue el primero en recorrer el camino al que ahora nosotros, bautizados con su Espíritu, somos llamados. En cuanto a tal, en cuanto a su humanidad, El es nuestro Hermano. (Ver entrada Jesús, el paradigma).

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Hebreos 2:14 y 17



Hijo, El fin. EL Hijo del Hombre.

Habiendo recibido su Espíritu Santo, es el momento de nuestros dolores de parto. Así como María, imagen de la humanidad, dio a luz a Jesús, nosotros debemos engendrarlo transformándonos en Él. Así como Jesús recibió el Espíritu Santo y se hizo uno con Dios abriéndonos el camino, nosotros también lo debemos hacer. La levadura del Espíritu leudará la harina de nuestra humanidad dando a luz nuestra verdadera identidad, el Hombre Nuevo que es uno con Cristo y que es el mismo Cristo como la rama es el árbol y el árbol la rama. Por eso Jesús se autodenominó como «El Hijo del Hombre». Él es el preciado fruto que debemos engendrar transformándonos en Él. Entonces nuestros dolores de parto que se manifiestan en el exterior en forma del sufrimiento y la carencia que imperan en este mundo cesarán y, reinando sobre ella, devolveremos la creación a su reposo, a su Sabbath en Cristo como dice el apóstol Pablo: «el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» Romanos 8:19-21-22. Entonces la muerte será sorbida en victoria 1 corintios 15:54 y Dios será todo en todo 1 corintios 15:28 , desde el alfa hasta la omega, desde lo informe hasta la forma, desde el Espíritu hasta el cuerpo, desde el cielo hasta la tierra, desde la cabeza hasta los pies. Entonces nuestro Hijo, nuestro verdadero Yo, el Hijo de Dios que somos, el hombre nuevo que es uno con Cristo y que es el mismo Cristo «será arrebatado para Dios y para su trono» Apocalipsis 12:5. Habremos dado a luz a Cristo y seremos uno con Él, vida en su vida y luz en su luz; seremos Él.

En cuanto a tal es nuestro Hijo, «El Hijo del Hombre», el último y el fin, pues siendo el principio del que todo nace es también el final al que todo tiende y en donde todo haya su reposo y su realización final. (ver entrada la Gran Señal en el cielo).

Y ella dio a luz un hijo varón, el cual había de regir todas las naciones con vara de hierro; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Apocalipsis 12:5


El Principio. Génesis 1:1-5 y Juan 1:1-5.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. Génesis 1:1-5

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprehendieron. Juan 1:1-5

   

Podemos interpretar las palabras del Génesis de dos maneras distintas. Una es interpretando que se refieren a la creación del mundo o macrocosmos. La otra es interpretando que se refieren a la creación del hombre o microcosmos. La relación directa entre macro y microcosmos; entre el hombre y el universo, nos permite aceptar como válidas ambas interpretaciones, pues la una no es sino el reflejo exterior de la otra, siendo ambas la manifestación en distintos planos de una misma realidad. Así, la historia y los acontecimientos que atravesará la creación exterior son la manifestación exterior de la historia y los acontecimientos que han de atravesar las almas hasta dar a luz a Cristo y, análogamente, la Nueva Creación como expusimos en la entrada «la gran señal en el cielo». Así, el fuego que habrá de abrasar la vieja creación que menciona San Pedro en 2 Pedro 3:7 y 3:10 es imagen exterior material del fuego que ha de abrasar nuestra vieja naturaleza que no es otro sino el Espíritu de Dios, que es fuego consumidor para nuestra vieja naturaleza bajo la maldición de la ley pero luz, agua y Paz para el Hombre Nuevo creado a imagen del Señor. La relación directa entre el hombre y el universo es la causa de que nuestras obras y nuestro estado interior repercutan sobre todo el universo. Así, quien pronuncia el nombre de Jesucristo en su interior de alguna manera lo pronuncia sobre toda la creación y quien se acerca a Jesucristo y se une con Él acerca y une a Jesucristo a todos y a todo lo demás y, volviendo a reinar sobre ella, devuelve la creación al reposo del Sabbath.

Estas distintas formas de interpretación, interior y exterior, son aplicables no solo a este relato del Génesis sino a todas las escrituras, siendo la interpretación interior la que a lo largo de la historia se ha calificado como «El sentido espiritual de la escritura». Así, las distintas historias que se narran en la Biblia, mas allá de la realidad histórica que puedan describir tienen un sentido alegórico que apunta a realidades interiores de las que todas las almas participan y cuyo mensaje, por lo tanto, nos incumbe directamente en nuestra travesía hacia la tierra de los vivientes. Así, por poner un ejemplo, desde los orígenes del Cristianismo, numerosos místicos han identificado los pueblos enemigos de Israel como la personificación alegórica de las distintas tendencias humanas que nos alejan de Dios y por tanto de la felicidad. En mi opinión, estos relatos son de una naturaleza paradigmática y su realidad histórica obedece, no solo a los acontecimientos históricos narrados en ellas sino también a toda manifestación en el plano físico de las realidades interiores de las que toda alma participa a las que hacen referencia estos relatos.

Volviendo a los textos que pretendemos comentar, en primer lugar llama la atención su paralelismo. Ambos relatos comienzan con «En el principio», que es la traducción de la palabra hebrea Bereshit. Los manuscritos arameos del evangelio de Juan también comienzan con esa palabra Bereshit que en griego se traduce como Arché. De esta manera, parece que lo que el apóstol Juan nos quiere comunicar es que este principio en el que Dios creó los cielos y la tierra es el Verbo de Dios, que era con Dios y que era Dios. En colosenses 1:15-18 San Pablo describe también como todo fue creado en Él y en 1:18 lo llama explícitamente «Principio». También en Apocalipsis vemos como nuestro Señor se autodenomina «principio de la creación de Dios» Apocalipsis 3:14 y Alfa y Omega, principio y fin. Este verbo de Dios, es la manifestación de Dios, la imagen de Dios 2 corintios 4:4. Dios, silencio incognoscible e ilimitado, se pronuncia a si mismo en su Verbo haciéndose cognoscible. Es en este Verbo de Dios, primera determinación del Dios indeterminado, Ser puro, luz, verdad y vida en quien todo se sustenta colosenses 1:17 hebreos 1:2 y «donde» fue creado todo lo demás colosenses 1:16. Así pues, es en su Verbo donde nosotros somos y donde fueron creados y se sustentan nuestro cielo y nuestra tierra. 

El cielo es el espíritu, la parte mas sutil del Hombre que está en contacto con Dios y la tierra alude a la materia y a los instintos mas animales y primitivos que hay en nosotros. Así la serpiente fue condenada a arrastrarse sobre la tierra tras tentar a Eva, esto es, a no tener ninguna comunión con Dios y nosotros nos arrastramos con ella llevando su imagen y tragando el polvo de las miserias del exilio hasta que, por El Espíritu de Cristo, nuestra tierra se sujeta a nuestro cielo, nuestra carne a nuestro Espíritu y se nos concede lo que pedimos en el Padre Nuestro: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo y, ya en comunión con Dios, gozamos de la verdadera vida comiendo el verdadero pan de cada día, la carne de nuestro Señor Jesucristo, el maná escondido Apocalipsis 2:17 que da vida al mundo. Hasta entonces estamos en tinieblas y dormimos en la noche de la muerte. Vagamos errabundos por nuestra tierra desordenada y vacía hasta que Cristo, verdadero Sol, amanece despertándonos y se hace de día. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para que seamos iluminados con el conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. 2 Corintios 4:6

Mas adelante, en Génesis 1:26 se describe la creación del hombre. Esto parece anular la posibilidad de interpretar los versículos anteriores como aludiendo a la creación del hombre como hemos hecho. Sin embargo, debemos observar que El Hombre fue creado en el día sexto, el último de las criaturas, a imagen de Dios como corona y colofón de todas ellas, para regir y señorear sobre todo lo demás. Todo lo creado anteriormente, cielo, tierra, animales, plantas alude a realidades que forman parte de la naturaleza del Hombre, pues para regir sobre ellas tienen que formar parte de el. El Hombre es la perfecta síntesis de todo ello, el culmen y corona de la creación. Solo en el día sexto, cuando se dice que Dios creó al Hombre a su imagen, se da el título de Hombre a lo creado. Es en el Hombre donde la creación alcanza su reposo, el Sabbath. Tras el pecado original, hemos perdido la imagen de Dios y no somos dignos del título Hombre; hemos dejado de regir sobre todo lo demás y la tierra no tiene Rey; la discordia, nuestra discordia, reina en ella. En Jesucristo, El Hijo Del Hombre, nuestra naturaleza es elevada y restaurada de nuevo y, justificados por la Gracia, volvemos a ser Hombres verdaderos a imagen de Dios y a reinar con Cristo sobre el todo devolviendo la creación al perfecto reposo Sabático.

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día. Génesis 1:1-5

En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no la comprehendieron. Juan 1:1-5

Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.2 Corintios 4:6

Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso. Deuteronomio 4:24Porque nuestro Dios es fuego consumidor. Hebreos 12:29

El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo  que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; Colosenses 1:15-18

Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, Hebreos 1:1-3




La Consagración

La consagración solo puede nacer del amor a Cristo que el Espíritu Santo infunde en nosotros. Es cierto que nada de lo que tenemos es nuestro, es de Dios, y debemos administrarlo según su voluntad y no egoístamente; y no solo las riquezas materiales, también el tiempo, nuestra voz, nuestras manos, en definitiva todo lo que tenemos y todo lo que somos pero para lograr esto, no debemos tanto poner la mira en todas estas cosas como si por un solo esfuerzo de nuestra voluntad pudiéramos hacer la voluntad de Dios. Más bien debemos poner nuestra mira en Cristo para que nuestro amor a Él crezca. A medida que el Espíritu Santo vaya tomando posesión de nosotros nuestra actitud y nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos, con nuestras posesiones y con todo, se transformará y cada vez obraremos con mayor pureza y estaremos más cerca de hacer la voluntad de Dios en todo de manera natural.

“El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:33. El núcleo del que nace toda posesión es la autoposesión que nace del egocentrismo, del falso yo. La plenitud de la renuncia es renunciar a nosotros mismos, solo entonces habremos cumplido plenamente ese mandamiento de nuestro Señor. Esto es imposible para nosotros (Mateo 19:26) y Dios no nos lo exige desde el principio. No se trata de algo que debamos conseguir a fuerza de voluntad propia sino más bien algo que debe suceder por sí mismo de manera natural a medida que el Espíritu Santo va haciendo su buena obra en nosotros. Solo el Espíritu de Cristo puede aniquilar la voluntad mala, carnal, demoniaca, serpentesca, del viejo y falso Yo (que es lo que nos separa de Dios). Nosotros, dejados a nuestras fuerzas, somos como alguien con las manos y todo el cuerpo completamente sucio intentando limpiarse a sí mismo, como alguien intentando crecer tirando de sus propios cabellos o como alguien intentando mover un coche sentado en el asiento del conductor empujando con sus fuerzas el volante hacia delante. Necesitamos algo exterior a nosotros que nos limpie. Es el Espíritu Santo el que debe hacer esta buena obra en nosotros. Ahora bien, nosotros debemos trabajar nuestra tierra y enfocar nuestra vida completamente en Cristo velando en oración y no permitir que los espinos ahoguen la buena semilla diluyéndonos en el mundo. Lucas 8:14. El crecimiento de la planta es obra del Señor; el preparar y cuidar la tierra es obra nuestra, con la Gracia de Dios.

Nuestro objetivo debe ser poner todo lo que tenemos, todo lo que somos y todas nuestras decisiones al servicio del que debe ser nuestro único deseo: la búsqueda del reino de los cielos; la búsqueda de Dios. Pero como he indicado, para que podamos cumplir esto es preciso que se de en nosotros una unificación de los deseos hacia Dios que lleva tiempo y que solo puede nacer del amor que el Espíritu Santo despierta en nosotros hacia Cristo nuestro Dios. Es preciso que nos encaminemos hacia ese objetivo según la medida de nuestras fuerzas confiando en que Cristo nuestro Dios suplirá lo que nos falta y nos guiará hacia ese bienaventurado final.

Una vez que, por la Gracia de Dios, hayamos destruido toda autoposesión y le hayamos entregado a Dios lo que es suyo, todo lo que somos y todo lo que tenemos, absolutamente todo, Dios reinará sobre todo en nosotros y nos lo habrá entregado todo porque, al ser poseídos por Dios “poseeremos” a Dios y con Él a todo lo demás. Entonces, habremos derrotado al anticristo en nosotros “aquel que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios2 tesalonicenses 2:4 y, compartiendo una misma voluntad con Él, reinaremos con Cristo sobre el todo, nos sentaremos en el trono con Él  (Apocalipsis 3:21),  y tendremos la paz de Salomón.

Realmente no podremos hacer la voluntad de Dios en todo hasta que no hayamos muerto completamente a nosotros mismos y nos hayamos hecho uno con Dios. Entonces no haremos la voluntad de Dios sino que seremos la voluntad de Dios y todo lo que hagamos será puro porque procederá de Dios. Hasta que esto no se cumpla no habremos renunciado a todo lo que poseemos.

Pidamos a Nuestro Señor Jesucristo que nos ayude a consagrarle todo lo que tenemos y todo lo que somos. Que ninguna posesión material ni lazo carnal nos impida hacer su voluntad sino que le consagremos perfectamente todo nuestro ser y, con él, todo lo que tenemos que no es nuestro, sino suyo.

 

El sufrimiento

Es difícil no tropezar cuando consideramos el misterio del sufrimiento y el mal en el mundo. ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? ¿Cómo conciliar el mal con la omnipotencia de Dios? ¿No tendría más sentido que todo fuera perfecto, que no existiera el sufrimiento ni el mal? ¿Qué sentido tiene este mundo anclado en el devenir, siempre mutando, siempre en proceso de llegar a ser, semejante a un gran coitus interruptus donde nada llega a plenitud, todo se frustra, y los pocos reflejos del bien terminan por morir y desaparecer? Debemos buscar la causa del mal y el sufrimiento en el pecado y el origen del pecado en el pecado original que produjo la separación entre Dios y el hombre. Este distanciamiento e ignorancia de Dios en el corazón del hombre se dejó sentir en el drama cósmico exterior. El ser Humano, nexo entre el cosmos y Dios, al separarse de Dios, dejó de irrigar el cosmos con la gracia divina y la creación cayó en el abismo dejando de ser reflejo de Dios y pasando a ser reflejo de nuestro estado caído. En lugar de reflejar a Dios, el mundo pasó a ser reflejo de la ausencia de Dios y esta ausencia y la consiguiente necesidad espiritual se manifestó en el plano material. Así vemos como los animales se devoran unos a otros, impera la muerte, la necesidad y el sufrimiento, y el sueño nos recuerda, como un eco, la naturaleza de nuestra condición caída, irreal con respecto a la vida en Dios.

Dios se hizo hombre en Jesucristo para devolvernos el Don de su presencia, el don de Ser. Jesús, Dios-Hombre, es el Sumo Pontífice que vuelve a hacer de nexo entre Dios, la Humanidad y el cosmos. Dios cargó en Jesucristo con todo el peso del cosmos caído y cargando con nuestros sufrimientos y sufriendo en su humanidad infinitamente más que cualquier otro ser humano nos salvó en la cruz. No tenemos un Dios que se quedó impasible en su eternidad contemplando nuestro sufrimiento sino uno que descendió a nosotros, compartió nuestra naturaleza caída y cargó con todo el peso de nuestros sufrimientos y de nuestra condición. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él2 corintios 5:21  Así pues, siempre que consideremos el sufrimiento, debemos confiar en su transitoriedad y en la victoria eterna sobre todo mal de Jesucristo Nuestro Señor. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:18 

Desde que Cristo asumió el sufrimiento de la humanidad y la redimió, el sufrimiento tiene valor redentor. Cristo, mediante el Don de Su Espíritu, nos hace a los Cristianos Cristos, Pontífices y Nexos entre Dios, la Humanidad y la creación y nos concede participar en la redención del Cosmos. Así como Jesucristo redimió a la humanidad mediante su sufrimiento, nos concede participar, en menor medida, de sus sufrimientos y, de esa manera, nos hace participes a los cristianos en la redención del mundo como está escrito “y vendrán salvadores al monte Sión” Abdías 1:21. Así pues, debemos confiar en que gracias a Cristo, todo sufrimiento transitorio dará buenos frutos eternos. “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. 2 corintios 4:17.

¿Pudo Dios, siendo omnipotente haber evitado la caída, el mal y el sufrimiento? hay unas palabras de Cristo que pueden traer luz a este respecto: Pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento. Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Juan 9 1-3.

 Es posible que Dios pudiera haber evitado el mal, el sufrimiento y la caída , pero debemos confiar en que si Dios ha decidido permitir el sufrimiento y el mal, esta decisión ha sido fruto de su amor y que si así lo ha decidido es porque esta era la posibilidad mejor. Estoy seguro de que cuando estemos gozando en la eternidad de los frutos eternos de la resurrección, nos alegraremos de que haya sido así. Llegará el día en que contemplemos como Cristo ha estado sosteniéndonos en cada momento amargo de la vida; veremos cómo cada sufrimiento ha tenido un propósito y cada lágrima ha sido la pieza de un hermoso puzle que Dios nos regalará a cada uno de nosotros. Veremos la victoria del Bien y la luz sobre el mal y la oscuridad en la gran batalla que se lleva librando desde el principio y que llevamos inscrita tan profundamente que se deja ver en prácticamente todas las películas y novelas que creamos. Nos sorprenderemos de lo hermosa, perfecta e inmejorable que es la realidad y nos alegraremos de existir en la felicidad más perfecta.

Cuando el Espíritu dice en Apocalipsis 21:4: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos», indica que el Señor nos otorgará una consolación eterna divina por cada uno de los sufrimientos humanos experimentados. Personalmente puedo dar testimonio de cómo, el día que conocí al Señor, tras muchos años sin poder hacerlo comencé a llorar por haber tocado el Señor mi corazón y el recuerdo de sufrimientos pasados, de los que ya no me acordaba, empezaron a emerger en mi consciencia acompañados de una fuerte certeza interior de que todo había sucedido para algo; que ninguna lágrima había sido en balde. En los siguientes meses, recuerdo como cada vez que echaba la vista atrás y recordaba el abismo del que El Señor me había sacado, una oleada de bendición Paz y alivio divino me inundaban.

Estoy seguro de que para Dios no hay nada mas Sagrado que el Sufrimiento humano.


Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimientos; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:3-6

El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y á la serpiente el polvo será su comida. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dice Jehová. Isaías 65:25

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria 2 corintios 4:17

!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Mateo 18:7

Pasando Jesús, vió un hombre ciego desde su nacimiento.Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Juan 9 1-3

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. Juan 16:20

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21:4

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8:17

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia colosenses 1:24

Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación 2 Corintios 1:5

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón Hebreos 11:24-26

y vendrán salvadores al monte Sión. Abdías 1:21

Del pecado

En la base de todo pecado está, el pecado en su estado mas puro es el pretender ser al margen de Dios.

Este fue el pecado de Lucifer, robar a Dios lo que Dios mismo le estaba regalando pretendiendo hacer suya la luz, la belleza, el Ser que recibía de Dios, separándose automáticamente de Dios y cayendo en la oscuridad. Este es también el pecado que parece referir el libro del Génesis cuando Adán y Éva, tentados por la serpiente, aceptaron comer del fruto del árbol de la ciencia y «ser como Dios» Génesis 3:5 cayendo también en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismos; entonces se introdujo la muerte en el mundo y cayeron en la dimensión de la materia.

Esta tendencia pecaminosa está en cada ser humano que viene al mundo. Es nuestra naturaleza Adámica bajo la maldición de la ley, el hombre de pecado, el egoísmo, el hombre viejo marcado por la imagen de la Bestia. Esta naturaleza pecaminosa es lo que nos hace naturalmente hijos de la ira y es lo que ha de morir con Cristo en la Cruz; la naturaleza Adámica vieja de la que nos despojamos en la inmersión del Bautismo emergiendo renacidos como Hombres Nuevos de naturaleza Crística; celestial. Esta realidad es lo que prefiguraba la circuncisión en el antiguo pacto.

Mediante el don del Espíritu Santo Cristo efectúa esta obra en nosotros a fin de hacernos partícipes de su naturaleza divina, lo que nos permite ser canales de su inmensa Paz, Amor, Luz, libertad… de su Ser. Entonces el hombre se descubre amando al prójimo sin esfuerzo y descubre los dones que Dios le ha dado; la manifestación del Espíritu Santo en Él. En estos momentos de comunión con Dios, se descubre uno amando al prójimo con amor puro y deseando su felicidad de corazón; pero no es que sea el hombre el que ama, es Dios en su interior el que ama y le hace partícipe de su mirada de amor.

Entonces, cuando nos sentimos prosperados, tendemos a enorgullecernos; a volver nuestra mirada hacia nosotros mismos y a regocijarnos en nosotros mismos. el amor a Dios se enfría y el amor propio aumenta.. Nos apropiamos de esa mirada de amor y de los dones de los que Dios nos hace partícipes gratuitamente. Robamos lo que Dios nos regala pretendiendo hacer nuestra la luz que Dios nos da pero al margen de Dios y, reproduciendo el pecado de Lucifer, caemos en la oscuridad. nos erigimos una estatua de nosotros mismos y comenzamos a adorarla albergando la ilusión de prosperar y de ser al margen de Dios erigiéndonos como reyes en el trono de Dios haciéndonos pasar por Dios.. La abominación desoladora.

Entonces Jesús, nuestro Padre, mirándonos entristecido, con amor y dolor infinito, nos sumerge de nuevo en el Jordán de su bautismo con serenidad y firmeza hasta que, muertos, dejamos de agitarnos en busca del aire viejo y renacemos a La Luz De Su Rostro en El Eterno Nuevo Día. Tiene que hacernos ver que nosotros solos, al margen de Él, no somos capaces de ningún bien; tiene que hacer pedazos esa “imagen ideal” de nosotros mismos que nos habíamos formado despojándonos de todos los dones y dejándonos desnudos a fin de que podamos ver nuestro egoísmo, nuestra maldad, nuestra completa incapacidad para amar al prójimo al margen de Él y así hacernos humildes y limpiarnos de nuestra tendencia egoísta de robarle los dones que nos regala, hacerlos nuestros, alejarnos de Él y pudrirnos con su recuerdo en la oscuridad. Este es el propósito de las noches oscuras y de las purificaciones.

El final del camino es cuando el hombre está absolutamente limpio de todas esas tendencias egoístas y le devuelve a Dios toda la gloria que recibe de él, todo su ser, su propio Nombre que recibe de Dios, sin apropiarse nada en absoluto. Entonces es un canal limpio por donde puede fluir la divinidad y es una lámpara que brilla con la luz de Dios, una manifestación limitada de la ilimitada gloria de Dios y un Nombre de Dios. Este hombre baja el cielo a la tierra y sube la tierra al cielo.


!Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Isaías 14:12-15

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Génesis 3:1-8

Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida. Génesis 3:24

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Colosenses 2:10-15

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 1 Tesalonicenses 2:4

«Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.» Daniel 11.31

Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), Mateo 24:15

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? 1 Corintios 4:7

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mateo 23:12

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como sarmiento, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-6

En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás en mi santo monte. Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová. El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice. Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén.Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos; Jehová es Rey de Israel en medio de ti; nunca más verás el mal. En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: No temas; Sion, no se debiliten tus manos.Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Reuniré a los fastidiados por causa del largo tiempo; tuyos fueron, para quienes el oprobio de ella era una carga. He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré a todos tus opresores; y salvaré a la que cojea, y recogeré la descarriada; y os pondré por alabanza y por renombre en toda la tierra. En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os pondré para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando levante vuestro cautiverio delante de vuestros ojos, dice Jehová. Sofonías 3:11-20

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Apocalipsis 15:2

Arquetipo e imagen

Nuestra realidad está llena de símbolos que son imagen y que hacen referencia a realidades Espirituales. El hombre carnal, imagen de Adán, con el entendimiento entenebrecido por el pecado, no puede leer estos símbolos; no tiene ojos para ver ni oídos para oír. Percibe la realidad desvinculada de su realidad esencial  y, en consecuencia, no puede vislumbrar en ella la realidad espiritual esotérica a la que hace referencia y de la que toma su fundamento y ser. No puede leer el significado profundo, espiritual de las realidades que capta mediante sus cinco sentidos. Cuando Cristo le devuelve la vista, el Hombre regenerado, imagen de Cristo, es capaz de leer en el libro de la realidad, vislumbrando las realidades Espirituales a las que las realidades que percibimos mediante nuestros sentidos exteriores hacen referencia y de las que toman su realidad y fundamento.

Que Jesús nos de ojos para ver y oídos para oír.

SOL

Jesús es el SOL arquetipo, fuente de toda luz, con sus 12 apóstoles signos zodiacales, donde el sol de este mundo, que se pone declarando su muerte y amanece señalando su resurrección, toma su realidad, fundamento y significado.

El día es imagen del siglo futuro. En el que estamos despiertos, viviendo la vida verdadera iluminados por el verdadero sol, Jesús.

La noche es imagen de este siglo. En ella dormimos hasta que el Sol naciente, Jesucristo, amanece en nuestros corazones y comenzamos a vivir.

Estar dormido es imagen del hombre terrenal, Adán, y estar despierto del hombre celestial, Cristo.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Apocalipsis 21:23

BESO

Jesús es el Beso de Dios, arquetipo donde todos los demás besos toman su realidad, fundamento y significado. Él es el Beso que Dios le ha dado a la humanidad a fin de salvarla del mal y reunirla consigo. Por eso Judas, lleno del espíritu del anticristo entregó a Jesús con un antibeso manifestando, sin saberlo, la suprema maldad de su acto  «¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Lucas 22:48.»  Por eso los cristianos se saludaban con el Ósculo Santo.

Jesús nos ha hecho a nosotros, los Cristianos, Besos de Dios.

El Beso es la expresión exterior de la unión de dos corazones; Imagen de como nos ha amado y desposado Dios en Jesucristo.

“Saludaos los unos a los otros con ósculo santo” Romanos 16.16

SEMILLA

Jesús es la semilla arquetipo, donde todas las demás semillas  toman su realidad, fundamento y significado, que murió sepultada en el corazón de la tierra  y fructificó en abundancia.

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24

Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Mateo 12:40

El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo

Dios se manifiesta a sí mismo a través de su verbo. El verbo es Dios manifestándose, diciéndose a sí mismo hacia el exterior a fin de manifestarse y obrar en su creación. El verbo no puede tener una conciencia distinta del Padre, ni amar al Padre como a una persona distinta de Sí. No es una persona distinta de Sí en un sentido antropológico; es Dios manifestándose.

Ese Dios que se manifiesta a través de su Verbo, se hizo hombre en el vientre de María, autolimitando su divinidad completamente, haciéndose completamente hombre, con todas las limitaciones y con toda la dependencia de Dios de un hombre. Este, Jesucristo, es el primer ser Humano regenerado, que no está bajo el yugo del pecado de Adán, por eso tras morir resucitó de los muertos. Por eso se le llama El primogénito de los muertos (colosenses 1:18). Este Hombre nacido de María es al que se le llama “El Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Al estar la humanidad sepultada en el pecado, fue necesario que el único Dios se hiciese Hombre y resucitase de los muertos a fin de abrir el camino de la regeneración..

Dios nació como Hombre; con toda la necesidad de Dios, y con todas las carencias y necesidades de cualquier otro hombre; y como Hombre que era oraba a su Padre; a Dios. A este Santo ser que nació es a quien se llama “El Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

Una vez resucitado envió su Espíritu Santo a los que en El creyeron. Este Espíritu Santo (Hechos 16:6), Espíritu de Cristo (romanos 8:9), Espíritu de Jesús (Hechos 16:7), Espíritu de Dios (romanos 8:9), Espíritu de nuestro Padre (Mateo 10:20), un único Espíritu (Efesios 4:4), es la presencia de Cristo en nuestros corazones (Romanos 8:9-11), el que reproduce la sagrada imagen de la humanidad sin pecado de Jesucristo; de la humanidad regenerada en nosotros y nos hace «Hijos de Dios».

De manera que la trinidad es el único e indivisible Dios manifestándose de 3 formas distintas a fin de salvar a la humanidad caída: 1- como Padre (como Dios) 2- como Hijo (como un ser Humano, Jesucristo) 3- Como Espíritu Santo (como su presencia en nuestros corazones que nos redime regenerando nuestra imagen caída a imagen de Dios Hijo, haciéndonos Hijos.)

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Ahora bien, si leemos el libro de Apocalipsis , aunque es dificil darse cuenta podemos traer mas luz a esta economía de la salvación:

San Pablo, en 1 corintios 15:24-28 dice:

“Luego el fin; cuando entregará el reino a Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. Porque es menester que él reine, hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a él todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos”. 1 corintios 15:24-28.

En el libro de Apocalipsis vemos que esto también está descrito. En Apocalipsis 20:14 tiene lugar la muerte de la muerte (1 corintios 15:26) Y a partir de ahí es cuando Cristo sujeta al Padre todas las cosas para que Dios sea “todas las cosas en todo”; esto es justo a continuación de que la muerte es vencida. Es cuando viene el cielo nuevo y la tierra nueva en Apocalipsis 21 y  22, justo a continuación de la séptima copa de la séptima trompeta del séptimo sello, en la plenitud del 777.

Bien; si analizamos, vemos que antes de que la muerte sea vencida y Cristo sujete al Padre todas las cosas para que Dios sea “todas las cosas en todos”; Cristo se presenta a sí mismo como alguien distinto del Padre, de Dios. Todavía habla como un ser Humano, no como Dios. Esto es así en Apocalipsis 5:6 y en Daniel 7:13. En donde se describe al cordero enfrente del trono y del que está sentado en el trono. También es así en Apocalipsis 1:6, 2:7, 2:27, 3:2, 3:5, 3:12 y 3:21 Donde se refiere a Dios como su Dios y su Padre.

Sin embargo, justo después de que la muerte ha sido derrotada, en la séptima copa de la séptima trompeta del séptimo sello, en la plenitud del 777, cuando ya “el mismo Hijo se ha sujetado al que le sujetó a El todas las cosas”, Jesucristo se sienta en el Santo trono de Dios y a partir de ahí ya no habla como alguien distinto del Padre y deja de hablar como Hijo. Aquí es cuando dice: Apocalipsis 21:5-6-7 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Dice “hecho está” (paralelo a Juan 19:30), donde indica que su obra redentora se ha cumplido plenamente. Dice “yo seré su Dios y el será mi Hijo”. Es decir, ha pasado de ocupar el lugar de Hijo y de Humano a ocupar el lugar de Dios y de Padre. Además vemos que a partir de ahí, en Apocalipsis 22:3-4 está escrito: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”. En griego también está escrito en singular “le servirán” “su rostro” “su nombre”.

Ya no se refiere a Dios como a alguien distinto de Él como en Juan 20:17 “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” o en Apocalipsis 1:6, 2:7, 2:27, 3:2, 3:5, 3:12 y 3:21 Donde se refiere a Dios como su Dios y su Padre sino que habla como el único Dios: «Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo». Apocalipsis 21:5-6-7

El cordero, el Hombre, se ha sentado en el trono de Dios, se ha unificado con su Divinidad, ya la obra redentora terminada se ha vuelto a unificar con Dios. Se han cumplido sus plegarias en Juan 16:28: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez, dejo el mundo y voy al Padre”; y su plegaria en Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Ya habiendo redimido a la humanidad habiéndoles hecho Hijos de Dios, deja de ocupar el lugar de Hijo para volver a ocupar el lugar de Padre, de Dios.

Resumiendo:

– primero se describe a Jesús resucitado como un hombre distinto de Dios que se refiere a Dios como “Su Dios” Apocalipsis 3:2 y 3:12 y “Su Padre” Apocalipsis 1:6, 2:27, 3:5, 3:21.

– Vemos a Jesús frente al trono de Dios para coger el libro de la mano de Dios y abrir sus sellos. Apocalipsis 5:6 y Daniel 7:13.

– Una vez ha abierto los 7 sellos y la muerte ha sido vencida, desciende la nueva Jerusalén y de aquí en adelante vemos que se describe a Jesús sentado en el trono de Dios, y Jesús deja de hablar como hombre-Hijo pasando a hablar como Dios-Padre Apocalipsis 21:5-7, y ya no se describe a Jesús y a Dios como dos «personas» distintas sino como uno y el mismo; en un mismo trono Apocalipsis 22:3, con un solo Rostro y un solo Nombre Apocalipsis 22:4. Probablemente el Nombre nuevo al que alude Jesús en Apocalipsis 3:12.

 

objeciones:

Hay algunos versículos como colosenses 1:15-20, hebreos 1:2-14, 1 co 8:6 En los que se habla del Hijo como preexistiendo y se le denomina creador del universo. A la luz de Jn 1, donde Juan habla del verbo como creador del universo, podemos interpretar que estos versículos se refieren al Hijo cuando aún no era Hijo sino Verbo de Dios. Como este Verbo de Dios fue nacido de María y llegó a ser Hijo de Dios, le aplican al Verbo de Dios el calificativo de Hijo pero en razón de que llegó a ser Hijo en su humanidad cuando nació como humano.

En estos versículos se habla del Hijo en su estado de Verbo, en su estado de Dios, según su divinidad, (y el verbo era Dios Jn 1:1). No debemos imaginarlo como una persona distinta del Padre con una conciencia distinta del Padre. Debemos entenderlo como la manifestación del Padre, Dios manifestándose, diciéndose a sí mismo hacia el exterior a fin de manifestarse y obrar en su creación. Solo cuando este Verbo nace como Humano, deja de ser Dios parea nacer como Hombre de Santa María, hay una tal separación y entonces vemos que Jesús, el Hijo, no en forma de Verbo sino de Hombre, ora a Dios y habla de Dios como de alguien distinto de Sí. No obstante, como hemos visto, esta «separación» no dura eternamente sino que cuando el cordero, el Hombre Jesús ha abierto los 7 sellos, ha vencido a la muerte y se sienta en el trono de Dios, vuelve a unificarse con Dios y vuelve a ocupar el lugar del Verbo de Dios y de Dios. Sin dejar de ser Humano vuelve a ser el único Dios.

En estos pasajes, aun cuando se refieran al Logos como Hijo de Dios, en función de lo que llegaría a ser, siempre queda claro que la relación del Logos antes de encarnarse y Dios no es la relación Padre Hijo de Jesús humano con Dios sino que Dios se manifiesta y actúa a través de su Logos, no habiendo una distinción de entidades en Dios. y el Logos era Dios Juan 1:1.

Del Cuerpo Místico de Cristo

Es un error esperar a estar limpios para acercarnos a Jesús. Este error radica en el orgullo de pensar que podemos hacer el bien por nosotros mismos o que hay algo bueno en nosotros al margen de Cristo. Nosotros no podemos darle a Dios nada bueno que no hayamos recibido de Él previamente; y si le pretendemos dar algo que no hayamos recibido de Él ese algo no puede ser bueno. Si hay algo bueno en nosotros, procede de Dios; y si no procede de Dios, no puede ser bueno. San Pablo se refiere a esto cuando dice: “¿quien le dio primero para que le sea recompensado?”. 1 Romanos 11:35.

Absolutamente todo lo que está destinado a permanecer en la eternidad procede de Dios y tiene su raíz en Dios; el resto son ilusorias tinieblas que se desvanecerán con la llegada de la luz. Esto queda ilustrado en la parábola de la viña y los sarmientos (Juan 15:4-5) en el evangelio de San Juan. En esta parábola Jesús no solo nos dice que separados de El no podemos llevar ningún fruto sino que se identifica a Si mismo con nosotros de una manera plena. El dice: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. De la misma manera que los sarmientos son parte de la vid, nosotros somos parte de Cristo. A esto es a lo que se refiere San Pablo cuando habla de que la iglesia (los cristianos) somos el cuerpo de Cristo.

En el Hombre regenerado, aquel que como San Pablo dice “ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi” Gálatas 2:20, nada hay sino Cristo solo. El Hombre regenerado es Cristo. Habiendo sido injertado en el cuerpo de Cristo, teniendo la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), comparte una misma voluntad y una misma conciencia (que son Cristo mismo) con Cristo. Ha sido hecho partícipe de la Sabia, la Sangre, La Vida de Cristo, La Vida Eterna. En este Hombre Cristo dice “YO SOY”. Nada hay en este Hombre que no sea Cristo; nada es este Hombre que no sea Cristo. Cristo se conoce a Si mismo en este Hombre y este Hombre descansa en el Ser de Cristo no ya como algo separado a Si, sino como en su propio Ser (del Hombre).

Esta conciencia Crística es a la que alude Cristo en su oración “que todos sean uno” Juan 17:21. Este Hombre ha conocido su verdadero Nombre, la porción finita del Cristo infinito que Cristo le ha concedido conocer, manifestar y ser. Esta conciencia Crística es el trono de Dios en el que los Cristianos están llamados a sentarse (Apocalipsis 3:21). Jesucristo nos concede como una Gracia por su bondad y misericordia lo que el Anticristo (1 Tesalonicenses 2:4), y análogamente nuestro orgullo, el hombre viejo, el Anticristo en nosotros, trata de usurpar y obtener al margen de Cristo: Sentarnos en su trono; Ser. El único trono de Dios es Cristo, Dios mismo. Ese acto de usurpar, que en esencia es el mismo error que cometemos cuando pretendemos limpiarnos por nosotros mismos al margen de Cristo atribuyéndonos a nosotros mismos alguna bondad al margen de Cristo, es el propio Anticristo y más profundamente, la ilusión de “Ser” algo al margen de Cristo es el propio Anticristo. Solo Cristo es. y en la regeneración no habrá nada que no sea Cristo. Todo será Cristo y Cristo será todo. “y Dios será todo en todo” 1Corintios 15:28.

Así pues, no tengamos miedo de acercarnos a Jesús en aquellos momentos en los que la percepción de nuestra maldad nos abrume, cuando no veamos en nosotros nada bueno ni podamos detectar en nosotros ningún amor a Jesús o a los demás. Acerquémonos a aquel que dijo: “Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” Marcos 2:17. Acerquémonos a Él conscientes de que no podemos ser capaces de nada bueno para merecer su ayuda, de que su ayuda no puede estar fundamentada en ningún mérito ni en ninguna bondad previa nuestra sino solo en su bondad y en su misericordia porque si hay algo bueno en nosotros es don suyo y si no es don suyo entonces no puede ser bueno.

Que Jesús nos limpie de todo lo que no sea Él.


Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Marcos 10:18

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20

Pero nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2:16

Pero el que se une al Señor, es un espíritu con El. 1Corintios 6:17

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 1 Corintios 12:27

¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 1Romanos 11:35

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. 1Corintios 15:28

donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3:11

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como sarmiento, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-6

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 1 Tesalonicenses 2:4

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Apocalipsis 15:2