Jesús, el paradigma.

Jesús es el paradigma de los cristianos. Él es lo que estamos llamados a ser. Estamos llamados a engendrarle, a transformarnos en El, en cuanto a Logos y también a reproducir su humanidad en cuanto a humano.

Él es el Hombre Nuevo. El primer vigilante. El primer resucitado que con su muerte y resurrección nos abrió el camino a todos los demás. El primogénito de los muertos: Apocalipsis 1:5 y colosenses 1:18.

La transformación que el Espíritu Santo opera en el cristiano, le llevará a experimentar y encarnar los sentimientos y las actitudes de Jesús en su humanidad. La profundidad, la misericordia, la gran dignidad, el amor de Dios y el celo por Dios de Jesús se encarnarán también en el cristiano por el Espíritu Santo que nos ha regalado; la relación que Jesús tenía con el Padre celestial es la que los Cristianos estamos llamados a tener con Jesucristo Dios y, como cristianos, estamos llamados a compartir su misión. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21.

Los cristianos estamos llamados a seguir sus pasos humanos. Así como Él se unió a su divinidad, al Logos de Dios que era Él mismo, hasta poder decir “Yo soy la verdad”, nosotros también lo debemos hacer. Para eso vino.

Cuando San Pablo dice en Filipenses que “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;” nos indica que El logos, Dios mismo, la verdad, la vida, se despojó a si mismo de si mismo y compartió nuestra condición de ignorancia de nosotros mismos. Él, en cuanto a ser humano, aun siendo el mismo Logos, también tubo que hacer su camino de discernimiento y recibir El Espíritu Santo para volver a la verdad, a Si mismo, al Logos, a Dios; Para volver a conocer su verdadero Nombre que permanecía oculto como la perla preciosa de la que mas tarde habló. Cuando Jesús dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida” no solo lo dice en cuanto a que es el Logos de Dios, que también lo es, si no en cuanto a ser humano que hizo su camino de conocimiento de Dios y de si mismo y se unió de tal manera a Dios que se hizo una sola cosa con Él. Ese camino que Él realizó es el que los cristianos estamos llamados a realizar. Él encontró la perla preciosa primero para que nosotros la podamos encontrar. Él nos abrió las puertas de la vida y de la unión con el Logos de Dios: la verdad y la vida; Dios. “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.” Juan 19:19. Él, siendo el mismo Logos, vino de arriba y no tenía pecado. Por eso la muerte no pudo retenerlo; por eso pudo resucitar y enviarnos su Santo Espíritu para que, así como la planta surge de la tierra, nuestra condición celestial surgiera de la terrenal, el Hombre Nuevo del hombre viejo, Cristo de Adán. Él, que no era de este mundo, nos ha sacado de este mundo: “Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.” Juan 8:23; “Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece”. Juan 15:19; “No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.” Juan 17:16.

Así como Jesús, aun siendo el mismo Logos, en su humanidad realizó ese camino y se reunió de nuevo con su divinidad de la que se había despojado, con el Logos, nosotros estamos llamados a unirnos a Él y ser uno con Él. Así como el sarmiento puede decir “Yo soy la vid”, el cristiano esta llamado a poder decir con Jesús “Yo soy la verdad”. Jesús era la vid completa, Él es la plenitud y la totalidad y nosotros estamos contenidos en Él pero nosotros somos Él, somos parte de Él como Jesús indica en la parábola de la vid y San Pablo cuando habla de que somos su cuerpo. En el cristiano Dios dice “YO SOY” y así como podemos decir que el sarmiento es la vid, también podemos decir que el cristiano es Dios. Esto queda ilustrado en los siguientes versículos: “Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Apocalipsis 3:21 y “Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.” Apocalipsis 12:5. El trono de Dios es el ser de Dios. Cuando hayamos entregado nuestro pequeño “yo soy”, el espíritu del anticristo que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios 2 tesalonicenses 2:4, la muerte habrá muerto en nosotros, ya no habrá “NO” en nosotros y Dios será en nosotros y nosotros seremos en Dios. Entonces, con Jesús, podremos decir “Yo soy” porque Dios será en nosotros y nosotros en Él como la vid es en el sarmiento y el sarmiento en la vid; seremos Cristo. Esta es la muerte mística de la que hablan los espirituales (ver entradas la canción de las canciones y ¿es este escrito el final de la duda?) y esto es a lo que se refieren las escrituras con dar a luz a Cristo que puede que por eso se autodenominase como “El Hijo del Hombre” (ver entrada la gran señal en el cielo). Entonces se habrá cumplido la plegaria de nuestro Señor: “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17:21:23


El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, Filipenses 2:6-9

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel. Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno. Isaías 7:14-15

Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Hebreos 2:14 y 17

Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén. Apocalipsis 1:5-6

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia Colosenses 1:18

Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21.

Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. Juan 15:19

Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz. Efesios 5:8

De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre. Juan 14:12

Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Juan 19:19

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono. Apocalipsis 12:5.

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 2 tesalonicenses 2:4

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Juan 17:21:23


Análisis del mundo moderno

Todas las civilizaciones precedentes han tenido un medio de relacionarse con el mas allá de la muerte. La realidad de la muerte ha estado presente en su cultura y han adoptado diferentes ritos o ceremonias que eran la manifestación exterior, a nivel social, de la dimensión espiritual en la concepción de la vida de sus habitantes y de su relación personal con el mas allá.

El hombre moderno, librado al ídolo de la razón y entregado a una concepción de la realidad materialista en la que solo es aceptado lo que puede ser constatado empíricamente, vive bajo el peso del sinsentido existencial en un mundo regido por el caos donde cualquier desgracia le puede suceder en cualquier momento y se ve avocado a llevar una vida que se convierte en una constante huida de la realidad de la muerte y de su angustia vital consecuencia de su interpretación materialista de la realidad. Una concepción de la realidad tal, en la que todo se termina con la muerte, es la causa directa del sistema de valores que prima en la sociedad capitalista y de la falsa interpretación de la realidad en la que se equipara la felicidad con el placer y con una vida tibia, fácil, con el menor sufrimiento posible en la que prime la sobresatisfacción de las necesidades naturales pero carente de un objetivo y un sentido profundo en contraposición a una vida sacrificada a una causa superior en la que el sufrimiento adquiere un sentido y se acepta y ofrece a la causa en cuestión. Esta es la gran desgracia del hombre moderno: No encontrar una causa a la que entregar su vida. “El hombre es capaz de soportar todo el dolor y el sufrimiento pero lo que no puede soportar es una vida carente de sentido”. Pienso que esta ausencia de una causa a la que entregar la vida, que dote a la vida de sentido, es la principal causa de la epidemia de suicidios que asola los países mas desarrollados. 

Paralelamente, la angustia existencial, el profundo vértigo que mora en el centro del corazón humano consecuencia de esta interpretación materialista de la realidad que deja al hombre sin ningún apoyo ni referencia, sin arriba y sin abajo, sin bien y sin mal, cayendo siempre hacia todos lados, a merced del caos, la desgracia y la muerte, impele al hombre a vivir en una huida constante, volcado hacia el exterior, huyendo constantemente de si mismo y del horror que lo acompaña. Acuciado por el capitalismo y el consumismo que este promueve, el hombre vive en una especie de letargo, anestesiado por las comodidades que el sistema le ofrece, siempre buscando su felicidad y realización en lo exterior. Esta huida de nosotros mismos y este tedio existencial consecuencia de la ausencia de un sentido profundo es causa directa del desenfrenado desarrollo tecnológico en nuestra civilización, apoyada y sustentada en lo superfluo. Buscando nuestra realización y saciar nuestro anhelo eterno en lo exterior, la humanidad sigue a la tecnología ciegamente como a un Dios sin saber hacia donde le lleva ni para qué. Recoge las migajas que va dejando caer de sus manos, las traga y, tan hambrienta como antes, sigue en pos de su rastro en busca de nuevas experiencias, nuevas necesidades, nuevas formas de alienarse y de huir de su angustiosa condición. La actual crisis ecológica, es en realidad la manifestación en el plano material de la crisis espiritual que vive el mundo moderno. Toda la contaminación, la basura, la muerte y la devastación no son sino la manifestación de nuestro estado interior en el plano material. Le es preciso al Hombre cambiar el enfoque; afrontar la realidad de su condición y enfocar su vida en la búsqueda sincera de la respuesta a las preguntas esenciales: ¿quien soy?, ¿por que estoy aquí?, ¿para qué estoy aquí?, ¿cual es el sentido de la vida?; cambiar el enfoque y buscar su realización en lo interior y no en lo exterior. Le es preciso al hombre encontrarse a si mismo en Dios para destruir el imperio de satanás cuyos cimientos son la ignorancia de Dios.

¿Que ha llevado a la humanidad a perder la dimensión espiritual en su interpretación de la realidad? La iglesia católica, como portadora del mensaje de Cristo y religión mayoritaria en occidente, ha asumido la misión de guiar a la humanidad hacia la divinidad y dotar a la humanidad de los instrumentos necesarios para relacionarse con el mas allá de la muerte, por todo ello, ha de tener una responsabilidad especial en el asunto en cuestión. Por todos son conocidos los abusos que hombres codiciosos han perpetrado aprovechando su posición privilegiada en puestos de mando de nuestra amada Iglesia y, a primera vista, podría señalarse esta como una posible causa de la incredulidad imperante, sin embargo, pienso que el pueblo medio era mas religioso en épocas pasadas en las que la corrupción del clero era mayor o al menos mas evidente y, a pesar de la corrupción eclesial, verdaderas manifestaciones espirituales de Cristianismo florecían por doquier. Quizás las difíciles condiciones de aquellos tiempos, en los que la esperanza de vida era muy baja, tenían el efecto de hacer mas presente a la muerte y la realidad de la transitoriedad de la vida estimulando a la gente a buscar el auxilio de la divinidad y a poner su esperanza en la eternidad.. En lugar de todo ello, pienso que ha tenido mas responsabilidad la malinterpretación del mensaje cristiano: Fomentando exageradamente la dimensión moral de su mensaje, dibujando un Dios lejano y riguroso al que era preciso aplacar mediante una virtud nacida de nosotros mismos que solo puede llevar al orgullo, valorando una falsa pureza sobre la misericordia y la bondad, convirtiendo la vida espiritual que Cristo nos ha regalado con el don de Su Santo Espíritu en el mero cumplimiento de una serie de preceptos y leyes externas y convirtiéndolo en una pesada carga, la humanidad, incapaz de trascender la letra para alcanzar el Espíritu, lo exterior para alcanzar lo interior, El símbolo y el rito para alcanzar la realidad interior que simboliza, ha concebido un Dios que nos quita la libertad y, en busca de esta libertad, ha decidido matar a Dios y prescindir de Él. Es el momento de la noche oscura. Es el momento de que la humanidad compruebe que la libertad no tiene nada que ver con el libre albedrío, ni con obedecer a nuestras apetencias, ni con satisfacer todos nuestros deseos; Es el momento de que la humanidad compruebe que solo Dios puede colmar nuestro anhelo eterno; Es el momento de que la humanidad compruebe que Dios es nuestra libertad. Miro esta oscura etapa con optimismo. Así como Dios permite crisis de Fe y noches oscuras en la vida de los Cristianos para purificarlos, pienso que esta noche oscura a nivel global es una etapa necesaria para destruir todos los falsos conceptos que nos habíamos formado alrededor del concepto “Dios” y redescubrir a Dios en el verdadero amanecer.

La iglesia católica, consciente de la perdida de adeptos y acuciada por la amenaza del crecimiento de las comunidades evangélicas, ha adoptado la estrategia de enfatizar el aspecto moral y social del Cristianismo en detrimento del aspecto Espiritual, que constituye el verdadero núcleo del mensaje Cristiano, y, en lugar de fomentar los tesoros de mística y espiritualidad que la Iglesia católica alberga, ha optado por fomentar la secularización de sus formas con el objetivo de hacerse mas comprensible y cercana a la gente de a pie. Estoy en contra de la rigidez litúrgica y pienso que una verdad espiritual puede traducirse en muchas manifestaciones distintas, el problema viene cuando la liturgia deja de ser la traducción de una verdad espiritual y pasa a ser una mera manifestación terrena que no apunta a ninguna realidad interior desalándose la sal y perdiendo su función de acercar al hombre a esas realidades interiores que deberán experimentarse vivencialmente (ver entrada Del símbolo y la importancia de lo exterior). Se fomenta el uso de música moderna y se acompañan los tiempos de adoración con músicas con letras sentimentaloides que rompen el silencio; he visto frailes pisoteando la dignidad de su vocación bailoteando coreografías ridículas; se promueven dibujos de Cristo como un apuesto jovencito sonriente que atentan contra la hondura insondable, la solemnidad y el misterio que destilan sus Santas Palabras y la iglesia habla de todo y se olvida de la que debería de ser su única misión: acercar a las almas a Cristo. En definitiva, se sigue la errada estrategia de captar a las gentes mediante cebos de carne poniendo un velo terrenal sobre la iglesia cuya llamada es ser casa de oración y alternativa a lo terrenal y, cerrando así la única alternativa a lo terrenal, se le ofrece una imagen de Cristo y de su Iglesia al mundo completamente carnal y completamente alejada de los frutos del Espíritu. La iglesia debe reflejar el contacto con lo divino, todo lo terrenal debe callar en ella afín de que lo divino se manifieste. debe ser casa de oración y no guarida de manifestaciones mundanas. Además se vende toda esa parafernalia como si fuera espiritual confundiendo los frutos del espíritu con los frutos de la carne llamando al bien mal y al mal bien, a lo dulce amargo y a lo amargo dulce, arriba con abajo y abajo con arriba y poniendo un velo carnal y oscureciendo la luz del espíritu con luces de carne, se impide la manifestación de lo divino en la iglesia impidiendo que la gente, que tanto necesita a Dios, vea en ella una alternativa y una esperanza a la vanidad de este mundo.

Occidente necesita desesperadamente recuperar una dimensión espiritual en su concepción de la vida y la iglesia, portadora del mensaje de Jesucristo, que es la plena revelación de Dios y la respuesta de Dios a todas las necesidades existenciales de la humanidad, con grandes tesoros de Mística y Espiritualidad en sus arcas, cuenta con los medios para cumplir su misión y, con la mirada fijada en el cielo, dar a conocer a Jesucristo y llevar a las gentes a una relación personal con Él y servir de apoyo y ayuda en el camino de unión de las almas con Dios. En lugar de ello, posando su mirada en las cosas de la tierra, olvidando la que debería ser su única misión, se contenta con dar un mensaje social y moral que jamás podrá satisfacer los anhelos de eternidad del alma humana. Debemos dar media vuelta y fomentar la dimensión espiritual y mística del cristianismo y no su secularización. Cristo vino para Deificar la naturaleza Humana y llevarnos a la unión con Dios, no a crear una ONG ni a decirnos que tenemos que ser buenos en una dimensión moral. El Cristiano no es bueno, Dios mismo es la bondad del Cristiano. El Cristiano está llamado a desaparecer y encontrarse en la inmensurable bondad, la luz, el ser de Dios.

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La Consagración

La consagración solo puede nacer del amor a Cristo que el Espíritu Santo infunde en nosotros. Es cierto que nada de lo que tenemos es nuestro, es de Dios, y debemos administrarlo según su voluntad y no egoístamente; y no solo las riquezas materiales, también el tiempo, nuestra voz, nuestras manos, en definitiva todo lo que tenemos y todo lo que somos pero para lograr esto, no debemos tanto poner la mira en todas estas cosas como si por un solo esfuerzo de nuestra voluntad pudiéramos hacer la voluntad de Dios. Más bien debemos poner nuestra mira en Cristo para que nuestro amor a Él crezca. A medida que el Espíritu Santo vaya tomando posesión de nosotros nuestra actitud y nuestra relación con Dios, con los demás, con nosotros mismos, con nuestras posesiones y con todo, se transformará y cada vez obraremos con mayor pureza y estaremos más cerca de hacer la voluntad de Dios en todo de manera natural.

“El que no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo”. Lucas 14:33. El núcleo del que nace toda posesión es la autoposesión que nace del egocentrismo, del falso yo. La plenitud de la renuncia es renunciar a nosotros mismos, solo entonces habremos cumplido plenamente ese mandamiento de nuestro Señor. Esto es imposible para nosotros (Mateo 19:26) y Dios no nos lo exige desde el principio. No se trata de algo que debamos conseguir a fuerza de voluntad propia sino más bien algo que debe suceder por sí mismo de manera natural a medida que el Espíritu Santo va haciendo su buena obra en nosotros. Solo el Espíritu de Cristo puede aniquilar la voluntad mala, carnal, demoniaca, serpentesca, del viejo y falso Yo (que es lo que nos separa de Dios). Nosotros, dejados a nuestras fuerzas, somos como alguien con las manos y todo el cuerpo completamente sucio intentando limpiarse a sí mismo, como alguien intentando crecer tirando de sus propios cabellos o como alguien intentando mover un coche sentado en el asiento del conductor empujando con sus fuerzas el volante hacia delante. Necesitamos algo exterior a nosotros que nos limpie. Es el Espíritu Santo el que debe hacer esta buena obra en nosotros. Ahora bien, nosotros debemos trabajar nuestra tierra y enfocar nuestra vida completamente en Cristo velando en oración y no permitir que los espinos ahoguen la buena semilla diluyéndonos en el mundo. Lucas 8:14. El crecimiento de la planta es obra del Señor; el preparar y cuidar la tierra es obra nuestra, con la Gracia de Dios.

Nuestro objetivo debe ser poner todo lo que tenemos, todo lo que somos y todas nuestras decisiones al servicio del que debe ser nuestro único deseo: la búsqueda del reino de los cielos; la búsqueda de Dios. Pero como he indicado, para que podamos cumplir esto es preciso que se de en nosotros una unificación de los deseos hacia Dios que lleva tiempo y que solo puede nacer del amor que el Espíritu Santo despierta en nosotros hacia Cristo nuestro Dios. Es preciso que nos encaminemos hacia ese objetivo según la medida de nuestras fuerzas confiando en que Cristo nuestro Dios suplirá lo que nos falta y nos guiará hacia ese bienaventurado final.

Una vez que, por la Gracia de Dios, hayamos destruido toda autoposesión y le hayamos entregado a Dios lo que es suyo, todo lo que somos y todo lo que tenemos, absolutamente todo, Dios reinará sobre todo en nosotros y nos lo habrá entregado todo porque, al ser poseídos por Dios “poseeremos” a Dios y con Él a todo lo demás. Entonces, habremos derrotado al anticristo en nosotros “aquel que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios2 tesalonicenses 2:4 y, compartiendo una misma voluntad con Él, reinaremos con Cristo sobre el todo, nos sentaremos en el trono con Él  (Apocalipsis 3:21),  y tendremos la paz de Salomón.

Realmente no podremos hacer la voluntad de Dios en todo hasta que no hayamos muerto completamente a nosotros mismos y nos hayamos hecho uno con Dios. Entonces no haremos la voluntad de Dios sino que seremos la voluntad de Dios y todo lo que hagamos será puro porque procederá de Dios. Hasta que esto no se cumpla no habremos renunciado a todo lo que poseemos.

Pidamos a Nuestro Señor Jesucristo que nos ayude a consagrarle todo lo que tenemos y todo lo que somos. Que ninguna posesión material ni lazo carnal nos impida hacer su voluntad sino que le consagremos perfectamente todo nuestro ser y, con él, todo lo que tenemos que no es nuestro, sino suyo.

 

El sufrimiento

Es difícil no tropezar cuando consideramos el misterio del sufrimiento y el mal en el mundo. ¿Qué sentido tiene el sufrimiento? ¿Cómo conciliar el mal con la omnipotencia de Dios? ¿No tendría más sentido que todo fuera perfecto, que no existiera el sufrimiento ni el mal? ¿Qué sentido tiene este mundo anclado en el devenir, siempre mutando, siempre en proceso de llegar a ser, semejante a un gran coitus interruptus donde nada llega a plenitud, todo se frustra, y los pocos reflejos del bien terminan por morir y desaparecer? Debemos buscar la causa del mal y el sufrimiento en el pecado y el origen del pecado en el pecado original que produjo la separación entre Dios y el hombre. Este distanciamiento e ignorancia de Dios en el corazón del hombre se dejó sentir en el drama cósmico exterior. El ser Humano, nexo entre el cosmos y Dios, al separarse de Dios, dejó de irrigar el cosmos con la gracia divina y la creación cayó en el abismo dejando de ser reflejo de Dios y pasando a ser reflejo de nuestro estado caído. En lugar de reflejar a Dios, el mundo pasó a ser reflejo de la ausencia de Dios y esta ausencia y la consiguiente necesidad espiritual se manifestó en el plano material. Así vemos como los animales se devoran unos a otros, impera la muerte, la necesidad y el sufrimiento, y el sueño nos recuerda, como un eco, la naturaleza de nuestra condición caída, irreal con respecto a la vida en Dios.

Dios se hizo hombre en Jesucristo para devolvernos el Don de su presencia, el don de Ser. Jesús, Dios-Hombre, es el Sumo Pontífice que vuelve a hacer de nexo entre Dios, la Humanidad y el cosmos. Dios cargó en Jesucristo con todo el peso del cosmos caído y cargando con nuestros sufrimientos y sufriendo en su humanidad infinitamente más que cualquier otro ser humano nos salvó en la cruz. No tenemos un Dios que se quedó impasible en su eternidad contemplando nuestro sufrimiento sino uno que descendió a nosotros, compartió nuestra naturaleza caída y cargó con todo el peso de nuestros sufrimientos y de nuestra condición. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él2 corintios 5:21  Así pues, siempre que consideremos el sufrimiento, debemos confiar en su transitoriedad y en la victoria eterna sobre todo mal de Jesucristo Nuestro Señor. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.” Romanos 8:18 

Desde que Cristo asumió el sufrimiento de la humanidad y la redimió, el sufrimiento tiene valor redentor. Cristo, mediante el Don de Su Espíritu, nos hace a los Cristianos Cristos, Pontífices y Nexos entre Dios, la Humanidad y la creación y nos concede participar en la redención del Cosmos. Así como Jesucristo redimió a la humanidad mediante su sufrimiento, nos concede participar, en menor medida, de sus sufrimientos y, de esa manera, nos hace participes a los cristianos en la redención del mundo como está escrito “y vendrán salvadores al monte Sión” Abdías 1:21. Así pues, debemos confiar en que gracias a Cristo, todo sufrimiento transitorio dará buenos frutos eternos. “Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria”. 2 corintios 4:17.

¿Pudo Dios, siendo omnipotente haber evitado la caída, el mal y el sufrimiento? hay unas palabras de Cristo que pueden traer luz a este respecto: Pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento. Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Juan 9 1-3.

 Es posible que Dios pudiera haber evitado el mal, el sufrimiento y la caída , pero debemos confiar en que si Dios ha decidido permitir el sufrimiento y el mal, esta decisión ha sido fruto de su amor y que si así lo ha decidido es porque esta era la posibilidad mejor. Estoy seguro de que cuando estemos gozando en la eternidad de los frutos eternos de la resurrección, nos alegraremos de que haya sido así. Llegará el día en que contemplemos como Cristo ha estado sosteniéndonos en cada momento amargo de la vida; veremos cómo cada sufrimiento ha tenido un propósito y cada lágrima ha sido la pieza de un hermoso puzle que Dios nos regalará a cada uno de nosotros. Veremos la victoria del Bien y la luz sobre el mal y la oscuridad en la gran batalla que se lleva librando desde el principio y que llevamos inscrita tan profundamente que se deja ver en prácticamente todas las películas y novelas que creamos. Nos sorprenderemos de lo hermosa, perfecta e inmejorable que es la realidad y nos alegraremos de existir en la felicidad más perfecta.

Cuando el Espíritu dice en Apocalipsis 21:4: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos”, indica que el Señor nos otorgará una consolación eterna divina por cada uno de los sufrimientos humanos experimentados. Personalmente puedo dar testimonio de cómo, el día que conocí al Señor, tras muchos años sin poder hacerlo comencé a llorar por haber tocado el Señor mi corazón y el recuerdo de sufrimientos pasados, de los que ya no me acordaba, empezaron a emerger en mi consciencia acompañados de una fuerte certeza interior de que todo había sucedido para algo; que ninguna lágrima había sido en balde. En los siguientes meses, recuerdo como cada vez que echaba la vista atrás y recordaba el abismo del que El Señor me había sacado, una oleada de bendición Paz y alivio divino me inundaban.

Estoy seguro de que para Dios no hay nada mas Sagrado que el Sufrimiento humano.


Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en sufrimientos; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:3-6

El lobo y el cordero serán apacentados juntos, y el león comerá paja como el buey; y á la serpiente el polvo será su comida. No afligirán, ni harán mal en todo mi santo monte, dice Jehová. Isaías 65:25

Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Romanos 8:18

Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria 2 corintios 4:17

!Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero !ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo! Mateo 18:7

Pasando Jesús, vió un hombre ciego desde su nacimiento.Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego? Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. Juan 9 1-3

De cierto, de cierto os digo, que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. Juan 16:20

Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Apocalipsis 21:4

Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Romanos 8:17

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia colosenses 1:24

Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación 2 Corintios 1:5

Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón Hebreos 11:24-26

y vendrán salvadores al monte Sión. Abdías 1:21

Del pecado

En la base de todo pecado está, el pecado en su estado mas puro es el pretender ser al margen de Dios.

Este fue el pecado de Lucifer, robar a Dios lo que Dios mismo le estaba regalando pretendiendo hacer suya la luz, la belleza, el Ser que recibía de Dios, separándose automáticamente de Dios y cayendo en la oscuridad. Este es también el pecado que parece referir el libro del Génesis cuando Adán y Éva, tentados por la serpiente, aceptaron comer del fruto del árbol de la ciencia y “ser como Dios” Génesis 3:5 cayendo también en la oscuridad del desconocimiento de Dios y de si mismos; entonces se introdujo la muerte en el mundo y cayeron en la dimensión de la materia.

Esta tendencia pecaminosa está en cada ser humano que viene al mundo. Es nuestra naturaleza Adámica bajo la maldición de la ley, el hombre de pecado, el egoísmo, el hombre viejo marcado por la imagen de la Bestia. Esta naturaleza pecaminosa es lo que nos hace naturalmente hijos de la ira y es lo que ha de morir con Cristo en la Cruz; la naturaleza Adámica vieja de la que nos despojamos en la inmersión del Bautismo emergiendo renacidos como Hombres Nuevos de naturaleza Crística; celestial. Esta realidad es lo que prefiguraba la circuncisión en el antiguo pacto.

Mediante el don del Espíritu Santo Cristo efectúa esta obra en nosotros a fin de hacernos partícipes de su naturaleza divina, lo que nos permite ser canales de su inmensa Paz, Amor, Luz, libertad… de su Ser. Entonces el hombre se descubre amando al prójimo sin esfuerzo y descubre los dones que Dios le ha dado; la manifestación del Espíritu Santo en Él. En estos momentos de comunión con Dios, se descubre uno amando al prójimo con amor puro y deseando su felicidad de corazón; pero no es que sea el hombre el que ama, es Dios en su interior el que ama y le hace partícipe de su mirada de amor.

Entonces, cuando nos sentimos prosperados, tendemos a enorgullecernos; a volver nuestra mirada hacia nosotros mismos y a regocijarnos en nosotros mismos. el amor a Dios se enfría y el amor propio aumenta.. Nos apropiamos de esa mirada de amor y de los dones de los que Dios nos hace partícipes gratuitamente. Robamos lo que Dios nos regala pretendiendo hacer nuestra la luz que Dios nos da pero al margen de Dios y, reproduciendo el pecado de Lucifer, caemos en la oscuridad. nos erigimos una estatua de nosotros mismos y comenzamos a adorarla albergando la ilusión de prosperar y de ser al margen de Dios erigiéndonos como reyes en el trono de Dios haciéndonos pasar por Dios.. La abominación desoladora.

Entonces Jesús, nuestro Padre, mirándonos entristecido, con amor y dolor infinito, nos sumerge de nuevo en el Jordán de su bautismo con serenidad y firmeza hasta que, muertos, dejamos de agitarnos en busca del aire viejo y renacemos a La Luz De Su Rostro en El Eterno Nuevo Día. Tiene que hacernos ver que nosotros solos, al margen de Él, no somos capaces de ningún bien; tiene que hacer pedazos esa “imagen ideal” de nosotros mismos que nos habíamos formado despojándonos de todos los dones y dejándonos desnudos a fin de que podamos ver nuestro egoísmo, nuestra maldad, nuestra completa incapacidad para amar al prójimo al margen de Él y así hacernos humildes y limpiarnos de nuestra tendencia egoísta de robarle los dones que nos regala, hacerlos nuestros, alejarnos de Él y pudrirnos con su recuerdo en la oscuridad. Este es el propósito de las noches oscuras y de las purificaciones.

El final del camino es cuando el hombre está absolutamente limpio de todas esas tendencias egoístas y le devuelve a Dios toda la gloria que recibe de él, todo su ser, su propio Nombre que recibe de Dios, sin apropiarse nada en absoluto. Entonces es un canal limpio por donde puede fluir la divinidad y es una lámpara que brilla con la luz de Dios, una manifestación limitada de la ilimitada gloria de Dios y un Nombre de Dios. Este hombre baja el cielo a la tierra y sube la tierra al cielo.


!Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo. Mas tú derribado eres hasta el Seol, a los lados del abismo. Isaías 14:12-15

Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; pero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis. Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal. Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella. Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Génesis 3:1-8

Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida. Génesis 3:24

En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Colosenses 2:10-15

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 1 Tesalonicenses 2:4

“Y se levantarán de su parte tropas que profanarán el santuario y la fortaleza, y quitarán el continuo sacrificio, y pondrán la abominación desoladora.” Daniel 11.31

Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), Mateo 24:15

Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? 1 Corintios 4:7

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Mateo 23:12

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como sarmiento, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-6

En aquel día no serás avergonzada por ninguna de tus obras con que te rebelaste contra mí; porque entonces quitaré de en medio de ti a los que se alegran en tu soberbia, y nunca más te ensoberbecerás en mi santo monte. Y dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre, el cual confiará en el nombre de Jehová. El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni en boca de ellos se hallará lengua engañosa; porque ellos serán apacentados, y dormirán, y no habrá quien los atemorice. Canta, oh hija de Sion; da voces de júbilo, oh Israel; gózate y regocíjate de todo corazón, hija de Jerusalén.Jehová ha apartado tus juicios, ha echado fuera tus enemigos; Jehová es Rey de Israel en medio de ti; nunca más verás el mal. En aquel tiempo se dirá a Jerusalén: No temas; Sion, no se debiliten tus manos.Jehová está en medio de ti, poderoso, él salvará; se gozará sobre ti con alegría, callará de amor, se regocijará sobre ti con cánticos. Reuniré a los fastidiados por causa del largo tiempo; tuyos fueron, para quienes el oprobio de ella era una carga. He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré a todos tus opresores; y salvaré a la que cojea, y recogeré la descarriada; y os pondré por alabanza y por renombre en toda la tierra. En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os pondré para renombre y para alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando levante vuestro cautiverio delante de vuestros ojos, dice Jehová. Sofonías 3:11-20

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Apocalipsis 15:2

Arquetipo e imagen

Nuestra realidad está llena de símbolos que son imagen y que hacen referencia a realidades Espirituales. El hombre carnal, imagen de Adán, con el entendimiento entenebrecido por el pecado, no puede leer estos símbolos; no tiene ojos para ver ni oídos para oír. Percibe la realidad desvinculada de su realidad esencial  y, en consecuencia, no puede vislumbrar en ella la realidad espiritual esotérica a la que hace referencia y de la que toma su fundamento y ser. No puede leer el significado profundo, espiritual de las realidades que capta mediante sus cinco sentidos. Cuando Cristo le devuelve la vista, el Hombre regenerado, imagen de Cristo, es capaz de leer en el libro de la realidad, vislumbrando las realidades Espirituales a las que las realidades que percibimos mediante nuestros sentidos exteriores hacen referencia y de las que toman su realidad y fundamento.

Que Jesús nos de ojos para ver y oídos para oír.

SOL

Jesús es el SOL arquetipo, fuente de toda luz, con sus 12 apóstoles signos zodiacales, donde el sol de este mundo, que se pone declarando su muerte y amanece señalando su resurrección, toma su realidad, fundamento y significado.

El día es imagen del siglo futuro. En el que estamos despiertos, viviendo la vida verdadera iluminados por el verdadero sol, Jesús.

La noche es imagen de este siglo. En ella dormimos hasta que el Sol naciente, Jesucristo, amanece en nuestros corazones y comenzamos a vivir.

Estar dormido es imagen del hombre terrenal, Adán, y estar despierto del hombre celestial, Cristo.

La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Apocalipsis 21:23

BESO

Jesús es el Beso de Dios, arquetipo donde todos los demás besos toman su realidad, fundamento y significado. Él es el Beso que Dios le ha dado a la humanidad a fin de salvarla del mal y reunirla consigo. Por eso Judas, lleno del espíritu del anticristo entregó a Jesús con un antibeso manifestando, sin saberlo, la suprema maldad de su acto  “¿con un beso entregas al Hijo del Hombre? Lucas 22:48.”  Por eso los cristianos se saludaban con el Ósculo Santo.

Jesús nos ha hecho a nosotros, los Cristianos, Besos de Dios.

El Beso es la expresión exterior de la unión de dos corazones; Imagen de como nos ha amado y desposado Dios en Jesucristo.

“Saludaos los unos a los otros con ósculo santo” Romanos 16.16

SEMILLA

Jesús es la semilla arquetipo, donde todas las demás semillas  toman su realidad, fundamento y significado, que murió sepultada en el corazón de la tierra  y fructificó en abundancia.

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. Juan 12:24

Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres días y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Mateo 12:40

El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo

Dios se manifiesta a sí mismo a través de su verbo. El verbo es Dios manifestándose, diciéndose a sí mismo hacia el exterior a fin de manifestarse y obrar en su creación. El verbo no puede tener una conciencia distinta del Padre, ni amar al Padre como a una persona distinta de Sí. No es una persona distinta de Sí en un sentido antropológico; es Dios manifestándose.

Ese Dios que se manifiesta a través de su Verbo, se hizo hombre en el vientre de María, autolimitando su divinidad completamente, haciéndose completamente hombre, con todas las limitaciones y con toda la dependencia de Dios de un hombre. Este, Jesucristo, es el primer ser Humano regenerado, que no está bajo el yugo del pecado de Adán, por eso tras morir resucitó de los muertos. Por eso se le llama El primogénito de los muertos (colosenses 1:18). Este Hombre nacido de María es al que se le llama “El Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Al estar la humanidad sepultada en el pecado, fue necesario que el único Dios se hiciese Hombre y resucitase de los muertos a fin de abrir el camino de la regeneración..

Dios nació como Hombre; con toda la necesidad de Dios, y con todas las carencias y necesidades de cualquier otro hombre; y como Hombre que era oraba a su Padre; a Dios. A este Santo ser que nació es a quien se llama “El Hijo de Dios” (Lucas 1:35).

Una vez resucitado envió su Espíritu Santo a los que en El creyeron. Este Espíritu Santo (Hechos 16:6), Espíritu de Cristo (romanos 8:9), Espíritu de Jesús (Hechos 16:7), Espíritu de Dios (romanos 8:9), Espíritu de nuestro Padre (Mateo 10:20), un único Espíritu (Efesios 4:4), es la presencia de Cristo en nuestros corazones (Romanos 8:9-11), el que reproduce la sagrada imagen de la humanidad sin pecado de Jesucristo; de la humanidad regenerada en nosotros y nos hace “Hijos de Dios”.

De manera que la trinidad es el único e indivisible Dios manifestándose de 3 formas distintas a fin de salvar a la humanidad caída: 1- como Padre (como Dios) 2- como Hijo (como un ser Humano, Jesucristo) 3- Como Espíritu Santo (como su presencia en nuestros corazones que nos redime regenerando nuestra imagen caída a imagen de Dios Hijo, haciéndonos Hijos.)

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Ahora bien, si leemos el libro de Apocalipsis , aunque es dificil darse cuenta podemos traer mas luz a esta economía de la salvación:

San Pablo, en 1 corintios 15:24-28 dice:

“Luego el fin; cuando entregará el reino a Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. Porque es menester que él reine, hasta poner a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas a él, claro está exceptuado aquel que sujetó a él todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos”. 1 corintios 15:24-28.

En el libro de Apocalipsis vemos que esto también está descrito. En Apocalipsis 20:14 tiene lugar la muerte de la muerte (1 corintios 15:26) Y a partir de ahí es cuando Cristo sujeta al Padre todas las cosas para que Dios sea “todas las cosas en todo”; esto es justo a continuación de que la muerte es vencida. Es cuando viene el cielo nuevo y la tierra nueva en Apocalipsis 21 y  22, justo a continuación de la séptima copa de la séptima trompeta del séptimo sello, en la plenitud del 777.

Bien; si analizamos, vemos que antes de que la muerte sea vencida y Cristo sujete al Padre todas las cosas para que Dios sea “todas las cosas en todos”; Cristo se presenta a sí mismo como alguien distinto del Padre, de Dios. Todavía habla como un ser Humano, no como Dios. Esto es así en Apocalipsis 5:6 y en Daniel 7:13. En donde se describe al cordero enfrente del trono y del que está sentado en el trono. También es así en Apocalipsis 1:6, 2:7, 2:27, 3:2, 3:5, 3:12 y 3:21 Donde se refiere a Dios como su Dios y su Padre.

Sin embargo, justo después de que la muerte ha sido derrotada, en la séptima copa de la séptima trompeta del séptimo sello, en la plenitud del 777, cuando ya “el mismo Hijo se ha sujetado al que le sujetó a El todas las cosas”, Jesucristo se sienta en el Santo trono de Dios y a partir de ahí ya no habla como alguien distinto del Padre y deja de hablar como Hijo. Aquí es cuando dice: Apocalipsis 21:5-6-7 Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Dice “hecho está” (paralelo a Juan 19:30), donde indica que su obra redentora se ha cumplido plenamente. Dice “yo seré su Dios y el será mi Hijo”. Es decir, ha pasado de ocupar el lugar de Hijo y de Humano a ocupar el lugar de Dios y de Padre. Además vemos que a partir de ahí, en Apocalipsis 22:3-4 está escrito: “Y no habrá más maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán, y verán su rostro, y su nombre estará en sus frentes”. En griego también está escrito en singular “le servirán” “su rostro” “su nombre”.

Ya no se refiere a Dios como a alguien distinto de Él como en Juan 20:17 “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” o en Apocalipsis 1:6, 2:7, 2:27, 3:2, 3:5, 3:12 y 3:21 Donde se refiere a Dios como su Dios y su Padre sino que habla como el único Dios: “Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo”. Apocalipsis 21:5-6-7

El cordero, el Hombre, se ha sentado en el trono de Dios, se ha unificado con su Divinidad, ya la obra redentora terminada se ha vuelto a unificar con Dios. Se han cumplido sus plegarias en Juan 16:28: “Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez, dejo el mundo y voy al Padre”; y su plegaria en Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Ya habiendo redimido a la humanidad habiéndoles hecho Hijos de Dios, deja de ocupar el lugar de Hijo para volver a ocupar el lugar de Padre, de Dios.

Resumiendo:

– primero se describe a Jesús resucitado como un hombre distinto de Dios que se refiere a Dios como “Su Dios” Apocalipsis 3:2 y 3:12 y “Su Padre” Apocalipsis 1:6, 2:27, 3:5, 3:21.

– Vemos a Jesús frente al trono de Dios para coger el libro de la mano de Dios y abrir sus sellos. Apocalipsis 5:6 y Daniel 7:13.

– Una vez ha abierto los 7 sellos y la muerte ha sido vencida, desciende la nueva Jerusalén y de aquí en adelante vemos que se describe a Jesús sentado en el trono de Dios, y Jesús deja de hablar como hombre-Hijo pasando a hablar como Dios-Padre Apocalipsis 21:5-7, y ya no se describe a Jesús y a Dios como dos “personas” distintas sino como uno y el mismo; en un mismo trono Apocalipsis 22:3, con un solo Rostro y un solo Nombre Apocalipsis 22:4. Probablemente el Nombre nuevo al que alude Jesús en Apocalipsis 3:12.

 

objeciones:

Hay algunos versículos como colosenses 1:15-20, hebreos 1:2-14, 1 co 8:6 En los que se habla del Hijo como preexistiendo y se le denomina creador del universo. A la luz de Jn 1, donde Juan habla del verbo como creador del universo, podemos interpretar que estos versículos se refieren al Hijo cuando aún no era Hijo sino Verbo de Dios. Como este Verbo de Dios fue nacido de María y llegó a ser Hijo de Dios, le aplican al Verbo de Dios el calificativo de Hijo pero en razón de que llegó a ser Hijo en su humanidad cuando nació como humano.

En estos versículos se habla del Hijo en su estado de Verbo, en su estado de Dios, según su divinidad, (y el verbo era Dios Jn 1:1). No debemos imaginarlo como una persona distinta del Padre con una conciencia distinta del Padre. Debemos entenderlo como la manifestación del Padre, Dios manifestándose, diciéndose a sí mismo hacia el exterior a fin de manifestarse y obrar en su creación. Solo cuando este Verbo nace como Humano, deja de ser Dios parea nacer como Hombre de Santa María, hay una tal separación y entonces vemos que Jesús, el Hijo, no en forma de Verbo sino de Hombre, ora a Dios y habla de Dios como de alguien distinto de Sí. No obstante, como hemos visto, esta “separación” no dura eternamente sino que cuando el cordero, el Hombre Jesús ha abierto los 7 sellos, ha vencido a la muerte y se sienta en el trono de Dios, vuelve a unificarse con Dios y vuelve a ocupar el lugar del Verbo de Dios y de Dios. Sin dejar de ser Humano vuelve a ser el único Dios.

En estos pasajes, aun cuando se refieran al Logos como Hijo de Dios, en función de lo que llegaría a ser, siempre queda claro que la relación del Logos antes de encarnarse y Dios no es la relación Padre Hijo de Jesús humano con Dios sino que Dios se manifiesta y actúa a través de su Logos, no habiendo una distinción de entidades en Dios. y el Logos era Dios Juan 1:1.

Del Cuerpo Místico de Cristo

Es un error esperar a estar limpios para acercarnos a Jesús. Este error radica en el orgullo de pensar que podemos hacer el bien por nosotros mismos o que hay algo bueno en nosotros al margen de Cristo. Nosotros no podemos darle a Dios nada bueno que no hayamos recibido de Él previamente; y si le pretendemos dar algo que no hayamos recibido de Él ese algo no puede ser bueno. Si hay algo bueno en nosotros, procede de Dios; y si no procede de Dios, no puede ser bueno. San Pablo se refiere a esto cuando dice: “¿quien le dio primero para que le sea recompensado?”. 1 Romanos 11:35.

Absolutamente todo lo que está destinado a permanecer en la eternidad procede de Dios y tiene su raíz en Dios; el resto son ilusorias tinieblas que se desvanecerán con la llegada de la luz. Esto queda ilustrado en la parábola de la viña y los sarmientos (Juan 15:4-5) en el evangelio de San Juan. En esta parábola Jesús no solo nos dice que separados de El no podemos llevar ningún fruto sino que se identifica a Si mismo con nosotros de una manera plena. El dice: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos”. De la misma manera que los sarmientos son parte de la vid, nosotros somos parte de Cristo. A esto es a lo que se refiere San Pablo cuando habla de que la iglesia (los cristianos) somos el cuerpo de Cristo.

En el Hombre regenerado, aquel que como San Pablo dice “ya no vivo yo sino que Cristo vive en mi” Gálatas 2:20, nada hay sino Cristo solo. El Hombre regenerado es Cristo. Habiendo sido injertado en el cuerpo de Cristo, teniendo la mente de Cristo (1 Corintios 2:16), comparte una misma voluntad y una misma conciencia (que son Cristo mismo) con Cristo. Ha sido hecho partícipe de la Sabia, la Sangre, La Vida de Cristo, La Vida Eterna. En este Hombre Cristo dice “YO SOY”. Nada hay en este Hombre que no sea Cristo; nada es este Hombre que no sea Cristo. Cristo se conoce a Si mismo en este Hombre y este Hombre descansa en el Ser de Cristo no ya como algo separado a Si, sino como en su propio Ser (del Hombre).

Esta conciencia Crística es a la que alude Cristo en su oración “que todos sean uno” Juan 17:21. Este Hombre ha conocido su verdadero Nombre, la porción finita del Cristo infinito que Cristo le ha concedido conocer, manifestar y ser. Esta conciencia Crística es el trono de Dios en el que los Cristianos están llamados a sentarse (Apocalipsis 3:21). Jesucristo nos concede como una Gracia por su bondad y misericordia lo que el Anticristo (1 Tesalonicenses 2:4), y análogamente nuestro orgullo, el hombre viejo, el Anticristo en nosotros, trata de usurpar y obtener al margen de Cristo: Sentarnos en su trono; Ser. El único trono de Dios es Cristo, Dios mismo. Ese acto de usurpar, que en esencia es el mismo error que cometemos cuando pretendemos limpiarnos por nosotros mismos al margen de Cristo atribuyéndonos a nosotros mismos alguna bondad al margen de Cristo, es el propio Anticristo y más profundamente, la ilusión de “Ser” algo al margen de Cristo es el propio Anticristo. Solo Cristo es. y en la regeneración no habrá nada que no sea Cristo. Todo será Cristo y Cristo será todo. “y Dios será todo en todo” 1Corintios 15:28.

Así pues, no tengamos miedo de acercarnos a Jesús en aquellos momentos en los que la percepción de nuestra maldad nos abrume, cuando no veamos en nosotros nada bueno ni podamos detectar en nosotros ningún amor a Jesús o a los demás. Acerquémonos a aquel que dijo: “Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” Marcos 2:17. Acerquémonos a Él conscientes de que no podemos ser capaces de nada bueno para merecer su ayuda, de que su ayuda no puede estar fundamentada en ningún mérito ni en ninguna bondad previa nuestra sino solo en su bondad y en su misericordia porque si hay algo bueno en nosotros es don suyo y si no es don suyo entonces no puede ser bueno.

Que Jesús nos limpie de todo lo que no sea Él.


Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Marcos 2:17

Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Marcos 10:18

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20

Pero nosotros tenemos la mente de Cristo. 1 Corintios 2:16

Pero el que se une al Señor, es un espíritu con El. 1Corintios 6:17

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. 1 Corintios 12:27

¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 1Romanos 11:35

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. Apocalipsis 3:21

Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos. 1Corintios 15:28

donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Colosenses 3:11

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como sarmiento, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Juan 15:4-6

el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. 1 Tesalonicenses 2:4

Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Apocalipsis 15:2

Del símbolo y la importancia de lo exterior

De la misma manera que la importancia de la liturgia se fundamenta en las realidades que simboliza, los templos exteriores también son importantes en cuanto a símbolos exteriores de la morada de Dios en nosotros, del corazón de nuestro corazón donde Cristo Nuestro Señor mora y desde el cual nos crea, fundamenta y sostiene.

Debemos evitar caer en el error de otorgar una importancia desmesurada a lo exterior desvinculándolo de lo interior, que es lo que lo fundamenta y le da sentido pero también en el de privar de toda importancia a lo exterior, puesto que es un recordatorio, un testimonio y una guía de las realidades interiores que deberán experimentarse vivencialmente.

Es por ello por lo que debemos custodiar las tradiciones litúrgicas que nuestros ancestros nos han legado pero siempre con el objetivo de experimentar vivencialmente los significados interiores que estas tradiciones simbolizan. Es cierto que lo esencial es lo interior y que es posible experimentar estas realidades interiores prescindiendo de lo exterior, pero también lo es que lo exterior constituye una ayuda como punto de partida y guía en el viaje interior hacia la morada de Dios en nosotros. Por no mencionar el inestimable valor de estas manifestaciones exteriores de las realidades interiores por, de alguna manera, dar testimonio de lo sagrado en esta era oscura, desacralizada y con tanta necesidad de lo espiritual.

Pero recalco que es imprescindible trascender lo exterior hacia lo interior, de otra manera lo exterior o bien estará también condenado a desaparecer o bien será victima de su apropiación por parte de mentes dogmáticas que lo utilizarán con fines que nada tienen que ver con su función de guía en el camino interior de unión con Dios y, por no haber trascendido lo exterior hacia lo que significa, será victima de ser convertido en un ídolo mas que impulse a estas mentes a ver como una amenaza y tildar de herejía cualquier otra manifestación exterior válida de esas mismas realidades interiores, puesto que, todavía ciegos, quedándose en lo exterior e incapaces de trascenderlo, serán incapaces de reconocer la misma realidad interior en ambas manifestaciones exteriores.

Así pues, señalo el inestimable valor de esos templos diseminados por los pueblos españoles y de todo el mundo que, siendo la expresión exterior de nuestro corazón y de la morada de Dios en nosotros, ejercían y ejercen como centro y corazón de estas poblaciones, expresando exteriormente la, en estos tiempos tan necesitada, dimensión espiritual en la concepción de la vida de sus habitantes. Por esto mismo no me parece condenable el dignificar el templo exterior de una población dedicándole riquezas y esfuerzo, pues esto da testimonio de la salud espiritual de sus moradores y de la importancia que otorgan a lo divino. Siempre y cuando, claro está, se priorice el bienestar de los verdaderos templos, nosotros mismos, de los que el templo exterior es imagen.

 

De los nombres de Dios – versión resumida

1- EL LOGOS. EL NOMBRE DE DIOS

Nadie ha visto jamás a Dios; el unigénito Dios, que está en el seno del Padre, El le ha dado a conocer. Jn 1:18 

Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Colosenses 1:15

Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Colosenses 1:16

Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; Colosenses 1:17

y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia. Colosenses 1:18

El que me ha visto a mi ha visto al Padre. Jn 14:9 


Dios está más allá de todo nombre y da nombre a todo lo demás. Puesto que el nombre es lo que define a lo que nombra, para que algo tenga nombre ha de ser perceptible. Dios está más allá de todo y no hay ningún nombre que le pueda contener.

Dios, a fin de manifestarse y comunicarse, se autolimita, se nombra a Si mismo, toma Nombre en su Logos (palabra o verbo). El Logos es el Nombre de Dios; es la manifestación de Dios; es Dios mismo manifestándose. Dios, exceptuándose a sí mismo que se conoce en su propia plenitud, no puede ser percibido si no es a través de su Logos. EL Logos es la palabra limitada que surge del ilimitado silencio, Dios pronunciándose a Sí mismo.

Todo lo que existe subsiste en el Logos de Dios, Él es la esencia de todas las esencias, el fundamento de todo lo que es; todas las cosas reciben su nombre, su ser, del Logos de Dios; del Nombre de Dios. Es por esto que está escrito: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan1:4.  El es nuestra vida porque El es la fuente de nuestro Ser, donde recibimos nuestro ser, donde recibimos nuestro Nombre. Este Nombre que recibimos de Él, está contenido en El Nombre de Dios y no es sino un reflejo limitado del Nombre de Dios; una manifestación parcial de su ilimitada gloria. Todas las cosas toman su ser del Nombre de Dios; todos los nombres están contenidos en el Nombre de Dios.

2- NUESTROS NOMBRES

El Logos de Dios nos ha creado y nos ha dado un ser; una capacidad de percibirlo y de recibirlo y manifestarlo. Esta capacidad de percibirlo, recibirlo y manifestarlo es distinta en cada uno de nosotros y no hay nadie que pueda percibirlo y recibirlo por entero, pues esto equivaldría a conocer Su Nombre, el Nombre sobre todo Nombre que solo Él conoce y esto equivaldría a ser igual a Él, y Él es el único que puede conocer su propia plenitud: “Y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Apocalipsis 19:12”. Sin embargo, cada uno de nosotros percibe,  recibe y manifiesta, cada uno de nosotros Es, un aspecto distinto del Logos de Dios, un aspecto distinto de su Nombre. Ese aspecto del Logos de Dios que percibimos, recibimos y manifestamos es el Nombre que le damos al Logos de Dios, y al darle ese Nombre al Logos de Dios recibimos ese mismo nombre que le damos. Ese Nombre que le damos al Logos de Dios y que al dárselo recibimos del Logos de Dios es nuestro verdadero Nombre; ese Nombre es nuestro verdadero ser, nuestro verdadero yo, nosotros mismos. La santidad no es otra cosa sino el descubrimiento de este Nombre, de nosotros mismos, de Dios. Nosotros somos los Nombres de Dios, particulares y limitados reflejos de su ilimitada Gloria. Por esto cuando conocemos al Logos de Dios somos conocidos por Él, por eso conocer al Logos de Dios es conocerse a uno mismo. Aquí toman sentido las palabras de San Pablo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”. 1 Corintios 13:12.

3- LA CAÍDA

Tras el pecado original, el hombre está separado del Logos de Dios, que es su vida y la fuente de su ser. En consecuencia, ha perdido su verdadero Nombre, su verdadero Yo. El hombre no se conoce a si mismo porque no conoce a Dios; está espiritualmente muerto porque está separado de Dios, que es la fuente de su ser. Así como si separas un rayo de sol del Sol, fuente de todos los rayos, este rayo desconectado de su fuente está automáticamente separado de los demás rayos que proceden del sol, nosotros estamos separados de Dios y de todos y de todo lo demás.

4- NUESTRA REDENCIÓN

El Logos de Dios, Dios, se hizo hombre en Jesucristo y murió en la cruz para volvernos a unir a Sí.  No es El Logos de Dios, Dios, se hizo hombre en Jesucristo y murió en la cruz para volvernos a unir a Sí.  No es casualidad que la cruz sea como es +. El palo vertical símbolo de lo celestial, de Dios y el horizontal símbolo de lo terrenal, del hombre. Ambos encontrándose en la humanidad de Dios en Jesucristo. El cielo y la tierra, Dios y la humanidad reconciliándose en la muerte de Cristo en la cruz en la unidad del punto donde se cruzan ambos palos +. Cuando la obra redentora de Jesucristo nos haya devuelto la unión con Él estaremos de nuevo unidos a nuestra fuente y al estar todos unidos a la fuente, estaremos unidos los unos a los otros y la plegaria de Jesucristo en Juan 17 se habrá cumplido. Todos seremos uno. “Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado”. Juan 17:21-23

Como consecuencia de la caída, de nuestro estado de separación de Dios, tenemos un nombre falso del que proceden nuestros nombres falsos. Esta es la imagen de la serpiente en nosotros, la imagen de la bestia, el hombre viejo, nuestro falso nombre del que proceden nuestros falsos nombres.  Nuestro verdadero Yo, nuestro verdadero Nombre, solo puede hacer el bien; solo puede engendrar buenos hijos, buenos nombres porque sus obras son hechas en Dios (Juan 3:21)  y lo que nace de Dios no puede pecar (1 Juan 3:9). Sin embargo, de nuestro falso nombre solo pueden salir falsos nombres, malas obras, malos hijos de la mentira que no tienen su raíz en Dios.

Solo Cristo puede liberarnos de nuestros falsos nombres cuando nace en nuestros corazones y aplasta la cabeza de la serpiente en nosotros concediéndonos recuperar la imagen de Dios; nuestro nombre verdadero que procede de Dios. Entonces nuestro falso nombre deja de ser y recuperamos nuestro verdadero nombre que procede de Dios, del que proceden nuestros nombres verdaderos que son lo que realmente somos y que tienen su raíz en Dios. Entonces nos conocemos a nosotros mismos, nuestros verdaderos nombres, nuestro verdadero yo que Dios creó. 

El que tiene oído para oír, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias: Al que venciere, le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. Apocalipsis 2:17


5- LA REDENCIÓN DEL COSMOS. EN LA CARNE DE CRISTO GLORIFICADA LA MATERIA DEL MUNDO FUE DEIFICADA.

la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Romanos 8:21-23

 

Nuestros nombres falsos y nuestro estado de separación de Dios son la causa del cosmos en el que vivimos. Así, como en el Reino de Dios el “cosmos espiritual” es una manifestación de nuestros cuerpos espirituales, que son una manifestación de nuestros nombres (que son una manifestación de nuestra percepción de Dios, de la manifestación de Dios en cada uno de nosotros, de nosotros mismos); Aquí, el cosmos es una manifestación de nuestros cuerpos carnales, que son una manifestación del error, de nuestros nombres falsos y de nuestro estado de separación de Dios.

Cuando, por el fuego de Dios, que es el mismo al que Cristo se refirió cuando dijo “Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?” Lucas 12:49, seamos limpiados de todos nuestros falsos nombres, cuando conozcamos nuestro verdadero nombre, cuando el anticristo “que se sienta en el trono de Dios haciéndose pasar por Dios 2 Tesalonicenses 2:4” haya sido destronado, la muerte haya sido muerta en nuestros corazones y Jesucristo sea Rey en su trono en nuestros corazones y sea Rey en toda la tierra de nuestro ser; cuando hayamos vencido a la imagen de la Bestia (Apocalipsis 15:2), entonces se cumplirá lo que dijo San Pablo: “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.” 1 corintios 13:12.  Entonces conoceremos a Dios en la plenitud que el Él nos ha concedido a cada uno y le daremos el Nombre que Él nos ha concedido a cada uno; recibiremos ese mismo Nombre, habremos llegado a la medida de Cristo y habremos dado a luz a Cristo (Juan 16:21, Gálatas 4:19, Apocalipsis 12:5, Efesios 4:13). Se habrá cumplido lo que dice San Pablo: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”  Efesios 4:13. Su obra redentora habrá llegado a su plenitud en nosotros.

Entonces se cumplirá lo que dice San Pablo: “la creación misma será también liberada de la esclavitud de la corrupción a la libertad de la gloria de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora” Romanos 8:21-22. Pues esos dolores de parto visibles en la creación, en lo exterior, no son sino el reflejo del estado caído de nuestro propio corazón hasta que hayamos dado a luz a Cristo (Juan 16:21, Gálatas 4:19, Apocalipsis 12:5, Efesios 4:13). Entonces la creación pasará de ser imagen de nuestro estado caído, imagen de la serpiente, de nuestros falsos nombres,  a ser imagen de nuestra plenitud, de la unión con Dios, de nuestros nombres verdaderos, imagen de Dios, “y Dios será todo en todo” 1 corintios 15:28. La redención del cosmos no es sino el reflejo exterior de la redención interior de los Cristianos. La muerte de la Bestia y la muerte de la muerte en el exterior no es sino la manifestación exterior de la muerte de la Bestia y de la muerte de la muerte en el corazón de los Cristianos. La nueva Jerusalén exterior no es sino manifestación y reflejo exterior de los Nombres de los Cristianos que son manifestaciones del Nombre de Dios, manifestaciones de Dios.

Entonces, la pureza de lo “material espiritual” de la Nueva Jerusalén será la manifestación de la pureza de Dios porque será la manifestación de nuestros cuerpos espirituales, nuestros cuerpos serán la manifestación de nuestros nombres (de nosotros mismos) y nuestros nombres (nosotros mismos) serán la manifestación del Nombre de Dios. Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: “sorbida es la muerte en victoria” 1 corintios 15:54 “y Dios será todo en todo” 1corintios 15:28.

Entonces viviremos en la ciudad que descendió de Dios (Apocalpisis 3:12 y 21:2) igual que nuestros nombres descendieron de Él y, como Adán en el paraíso, le pondremos a las cosas sus verdaderos nombres (Génesis 2:19), que tendrán su raíz en Dios y “Dios será todo en todo” 1corintios 15:28.

Entonces, el nombre de Dios habrá sido glorificado en nosotros y todo lo que sea será una manifestación de Dios.

 

Nota: En la versión larga de “De los Nombres de Dios” escribo tres “estados” de Dios: Dios mas allá de todo, Dios todo 0 y Dios Logos 1. Sin embargo en la versión corta solo distingo dos: Dios y El Logos de Dios. 

También escribo en la versión corta que en Nombre de Dios es el Logos de Dios y en la versión larga que Dios se Nombra a Si mismo en Dios Todo 0 y que Dios Logos comparte ese Nombre.

Ambas perspectivas son compatibles: Desde nuestro punto de vista Dios no tiene otro Nombre sino su Logos. Puesto que la esencia eterna de Dios Todo 0 está mas allá de toda posible percepción, es incognoscible. Sin embargo, Dios Todo 0 si se percibe a Sí mismo en su plenitud, es decir, conoce su Nombre y, para El mismo, tiene un Nombre. El Logos comparte ese Nombre porque, aun siendo perceptible y cognoscible, se conoce a si mismo en su plenitud, se conoce a Si mismo como Dios 0 Todo, es decir, a un siendo el Logos de Dios, limitado y cognoscible, no deja de ser Dios Todo 0 , ilimitado e incognoscible salvo por Si mismo. De esta manera, vemos que Dios solo tiene un Nombre que abarca toda su eternidad y que nosotros solo podemos conocer parcialmente en su Logos. “y tiene un Nombre escrito que nadie conoce sino El mismo” AP 19:12. 

Cuando hablo de Dios Todo 0 hago referencia  Dios manifestándose, conociéndose a si mismo y cuando hablo de Dios Logos  hago referencia a Dios manifestándose, dándose a conocer al exterior.

Podriamos resumir todo esto en la idea de que el Dios Incognoscible se autolimita haciendose cognoscible en su Logos.