La oración de Jesús u oración del corazón. Consejos para su práctica.

La oración de Jesús u oración del corazón consiste en la repetición continua, preferiblemente interior, de una frase corta que contenga el nombre de Jesucristo o del Nombre de Jesucristo solamente. La forma mas común, muy utilizada por los cristianos del este es: «Mi Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mi».

La practica de esta oración suele comenzar como un complemento de la oración de diálogo o utilizarse cuando queremos orar mientras estamos realizando otras actividades que nos impiden estar completamente concentrados en la oración; sin embargo, es común que con el paso del tiempo, este tipo de oración vaya tomando cada vez mas importancia en nuestra práctica espiritual hasta llegar a convertirse en la principal forma de oración.

Al principio su práctica es difícil y no proporciona satisfacción alguna pero si perseveramos llegaremos a comprobar que es una herramienta muy poderosa para permanecer sin distracción en la presencia del Señor. Mi consejo es que hasta que su práctica no nos reporte ninguna satisfacción la utilicemos de manera complementaria a la oración de diálogo (ver consejos sobre la oración de diálogo en la entrada La oración y sus efectos). La oración de diálogo, además de otros muchos beneficios, también ayudará a que la oración de Jesús progrese. Desde ahí, a medida que la oración de Jesús vaya dando fruto y experimentemos sus beneficios, le podremos ir dedicando mas tiempo exclusivo a su práctica además de, si queremos, utilizarla a lo largo del día mientras estemos realizando otras actividades.

Como hemos indicado hay dos formas de practicar esta oración: en quietud, dedicándonos a ella exclusivamente o mientras realizamos otras actividades.

A continuación mencionaré algunas dificultades que podemos encontrar en su práctica y algunos remedios que nos pueden ayudar.

La principal dificultad que encontramos en la práctica de la oración de Jesús mientras estamos realizando otras actividades es la volatilidad de nuestra atención. Depende de cual sea el tipo de actividad que estemos realizando esta nos demandará un mayor o un menor grado de atención. Hay actividades en las que es inevitable que la oración pase a un segundo plano y se mantenga como un fondo. Otras actividades, como pasear, si que nos permitirán una mayor atención a la oración. En cualquiera de los casos, cuando descubramos que nos hemos distraído y que estamos divagando, o que estamos repitiendo la oración muy de fondo, mecánicamente, sin apenas atención, es útil tomar conciencia de que El Señor esta ahí con nosotros escuchándonos. Considerar que nos está escuchando nos pone en su presencia. En cuanto tomamos conciencia de esto nos es mucho mas fácil volver a la repetición de la plegaria de manera mas atenta y centrada.

En cuanto a las dificultades que podemos encontrar cuando nos dedicamos a repetir esta oración en quietud, entre las mas habituales están: la distracción de la oración ya sea por tensiones o sensaciones corporales u otros pensamientos o divagaciones. La repetición superficial y desatenta que pasa como a un segundo plano mientras otros pensamientos captan nuestra atención. También la imposibilidad de repetir la oración por dolores y fuertes tensiones corporales. Los siguientes consejos podrán sernos de ayuda sobre todo en la etapa ardua, antes de que la oración comience a dar sus frutos y se vuelva gozosa:

  • Comenzar dedicando un tiempo a relajar el cuerpo y la mente. Esto es especialmente necesario si solemos experimentar molestias físicas durante la oración. También nos ayudará a repetir la oración de manera mas atenta y centrada. Podemos relajarnos atendiendo a la respiración o permanecer un rato en silencio relajándonos considerando por Fe que estamos ahí con El Señor. Este estado de relajamiento del cuerpo debemos tratar de mantenerlo durante todo el rato que dure la oración.

  • Repetir la oración muy muy lentamente, diciendo lentamente cada palabra de la frase, aunque dejemos bastante espacio de tiempo entre palabra y palabra. Esto nos ayudará a mantenernos relajados y a distraernos con menor facilidad.

  • Cuando descubramos que nos hemos distraído con divagaciones o que estamos repitiendo la frase mecánica y superficialmente recordar y tomar conciencia de que El Señor esta ahí con nosotros escuchándonos. Esto nos ayuda a ponernos en su presencia y a volver a la repetición de la plegaria de manera mas atenta y centrada.

  • Si nos cuesta mucho decir la frase completa podemos probar a repetir solamente el Nombre «Jesucristo». Podemos alternar entre el nombre solo y la frase completa cuando nos sintamos aburridos o fatigados de repetir una de las dos formas.

  • La actitud que debemos tener es la de «Solo quiero estar aquí con mi Señor pidiéndole su misericordia», no debemos estar a la expectativa de que nos suceda nada. debemos desestimar las sensaciones corporales y las otras distracciones utilizando el consejo de recordar que El Señor esta ahí escuchándonos para volver a centrarnos en la oración cuando nos hayamos distraído.


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